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Gimnasia en la calle en Cunit para poder resistir

El director de gimnasio ha ofrecido realizar esas clases ante el obligado cierre

José M. Baselga

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Necesarias clases de gimnasia en la puerta del local.

Necesarias clases de gimnasia en la puerta del local.

Juan necesita el ejercicio diario. Para mejorar su movilidad. «Al principio no quería ir al gimnasio», explica Cristofer Diego López, director del gimnasio de Cunit. «Pero ahora no quiere perderse ningún entrenamiento. No falla nunca».

Pero la prohibición de abrir a los gimnasios ha trastocado todo. Así que en el gimnasio ofrecieron a Juan mantener la actividad con un monitor. Pero en la puerta del gimnasio. «No lo dudó». Así que allí está cada día con sus estiramientos y ejercicios.

Es una de las salidas que ha encontrado Cristofer Diego López para poder seguir y hacer frente «a unas incomprensibles medidas, cuando hemos tomado todas las recomendaciones de seguridad para evitar riesgos. Somos los primeros en querer extremar la seguridad».

Abrió a finales de 2019
El obligado parón ha dinamitado a los gimnasios. En el caso de Cunit apenas ha podido trabajar tres meses desde que abrió. Cristofer decidió invertir lo que tenía en el gimnasio, junto a su compañera. "Hicimos un esfuerzo para buscarnos una forma de ganarnos la vida y dar un servicio al pueblo" . Abrió en noviembre de 2019 y enseguida tuvo que cerrar por la alarma sanitaria.

«Desde el pasado marzo hemos tenido que cerrar más de 8 meses», lamenta el director del gimnasio. Pero ha tenido que seguir pagando el alquiler del local, los autónomos, impuestos, la inversión en máquinas... «y no hemos recibido ninguna ayuda».

Al parque
A lo que hay que unir las bajas de alumnos. «Pero también hay otros que se han mantenido». Incluso a pesar de que algunas clases, con monitor particular, se imparten en la puerta del local o en un parque cercano al gimnasio.

«No sabemos hasta cuándo vamos a poder aguantar», lamenta el director del gimnasio. «Pese a que para muchas personas personas es una actividad esencial». es una evasión psicológica de la situación de pandemia y confinamientos, «pero también para rehabilitaciones y terapias físicas».

Por eso decidió impartir clases en la calle. «Para mantener esa actividad y también como forma de protesta». Ahora el temor es que se alarguen las restricciones.  «Sería un golpe definitivo para muchas empresas que han invertido mucho dinero para aplicar las medidas de seguridad que se nos pidieron».

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