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Jordi Savall: 'Queremos llevar la música donde la gente no puede vivirla'

El reconocido violagambista visita este viernes Vila-seca, donde ofrecerá un concierto muy variado junto a Xavi Díaz-Latorre 

Iñaki Delaurens

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Imagen del violagambista y director de orquesta. Foto: Fundació Centre Internacional de Música Antiga

Imagen del violagambista y director de orquesta. Foto: Fundació Centre Internacional de Música Antiga

Jordi Savall es una de las personalidades musicales más polivalentes de su generación. Lleva más de cuarenta años difundiendo por el mundo maravillas musicales abandonadas en la oscuridad de la indiferencia y el olvido. Dedicado a la investigación de esas músicas antiguas, las lee y las interpreta con su viola de gamba o como director. Esta noche actúa junto a Xavi Díaz-Latorre en el Auditori Josep Carreras de Vila-seca a partir de las 21 horas. 

¿Qué nos puede decir del concierto de esta noche ‘Folias & Romanescas’?
Como dice su nombre es un concierto sobre músicas que se crearon en el Renacimiento, concretamente de bajos ostinatos. Es decir, sonidos que se repiten pero sobre los que se van haciendo improvisaciones. Se trata de un concierto muy variado que transcurre por diferentes estilos de música, desde la mexicana a la celta, pasando por otros estilos. 

Usted tocará la viola de gamba. 
Y también la viola soprano. La viola de gamba fue uno de los instrumentos más importantes del Renacimiento y el Barroco, de finales del siglo XV hasta finales del XVIII. Su nombre proviene porque se tocaba sobre la piernas y es de seis o siete cuerdas. La viola de brazo, de donde surgió el violín, se toca con cuatro cuerdas. 

Tocará con Xavi Díaz-Latorre.
Es un guitarrista fantástico con el que nos conocemos desde hace muchos años y hemos hecho muchos conciertos juntos. Él, además de la guitarra, también tocará la tiorba, que es como un laúd grande.

¿Qué puede esperar el público del concierto?
Entrar de pleno en la música del Renacimiento y el Barroco en un viaje musical muy variado y con piezas virtuosas del nuevo mundo. No creo que se pueda ver con solo dos músicos un programa más variado. Son sonidos de colores diferentes con estilos italianos, castellanos, mexicanos, franceses, celtas o portugueses. 

Uno de sus proyectos recientes es Orpheus XXI.
Me interesé en ir al campo de la Jungla de Calais para conocer la situación de los refugiados y hacer música para ellos. Me quedé muy impresionado y dos meses después fui a otro campo en Salónica. Vi a personas vivir en malas condiciones, niños solos, familias con problemas de verdad. No me podía quedar sin hacer nada. Pensé qué podía hacer por ellos y así surgió el proyecto. Ayudamos a los músicos a trabajar en conjunto y ahora tenemos grupos en Catalunya, Francia y Noruega que están en activo. En este momento estamos buscando financiamiento para el proyecto ya que las ayudas europeas que hemos tenido se han acabado. 

¿Qué complicaciones hubo?
Organizar a la gente para que tuvieran el permiso de residencia, ya que sin ello no podíamos hacer las clases. Son personas que vienen de países como Bangladesh, Armenia, Siria, Sudán, China o Marruecos, que escapan de la guerra y esta parte burocrática fue la más complicada. Después poco a poco ya fuimos aprendiendo las músicas a base de escuchar y trabajar. 

¿Ha descubierto nuevos instrumentos?
He descubierto instrumentos y repertorios nuevos. La aportación de la cultura kurda, armenia, siria, libanesa y de toda esta región es fantástica porque es muy rica en tradiciones. Que además se están perdiendo, así que desarrollan una labor importante transmitiéndola a los chicos desarraigados para conocer su cultura.

¿Usted qué ha aprendido?
Sobre todo la capacidad de improvisar. En estas culturas no hay partituras y la improvisación es un parte muy importante. Conoces el preludio pero después añades variaciones que dependen del contexto y de los instrumentos. Además hacer música con ellos es una experiencia muy enriquecedora. Para ellos tocar en público es como poder respirar después de estar ahogándote en el río. Pasan del anonimato a ser admirados. Es un cambio brutal.

Con el Festival de Música Antiga ya lleva años tocando en el monasterio de Poblet.
Es un lugar muy bonito y tocar allí es maravilloso. Como espacio musical tocamos en el viejo dormitorio, que es fabuloso, con una acústica deliciosa y muy agradable. Antes lo habíamos hecho en la iglesia pero con las columnas, que son muy anchas, no era un lugar apto para conciertos. Pero el dormitorio es un lugar ideal. Este año iremos el 16, 17 y 18 de agosto, con tres conciertos de noche y dos por la mañana con grupos jóvenes.  

No se ven muchos músicos con un espíritu tan solidario. 
Ahora venimos de tocar en Luxemburgo y estaremos por España, las Canarias y luego iremos a Canadá y los Estados Unidos. Pero intentamos que cada mes haya un concierto en hospitales, prisiones, o instituciones de este tipo. Queremos llevar la música a los sitios donde la gente no puede vivirla. Hemos tocado en el área de oncología de un hospital con niños y ves como la música los cambia totalmente. Por eso es tan importante que este arte llegue a estos sitios.  

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