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La abuela de la fiesta

Las entidades de L'Arboç rinden homenaje a Amèlia, de 105 años

José M. Baselga

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Los diables rinden un pasillo a la abuela de L'Arboç. FOTO: Eduard Kemperman

Los diables rinden un pasillo a la abuela de L'Arboç. FOTO: Eduard Kemperman

Ha sido la protagonista de las fiestas mayores de L’Arboç. Amèlia Guardià, de 105 años, ha recibido el homenaje de las entidades y de sus vecinos por su fortaleza y porque la abuela de L’Arboç siempre ha sido una apasionada de las fiestas de la localidad.

Por eso siempre le gusta sentarse a las puertas de su casa y ver pasar la procesión festiva de las entidades presididas por Sant Julià.  «Es socia de todas», explica su hijo Jaume de Ventura, de 80 años. «Desde el fúbol a los castellers». Sus castellers Minyons de L’Arboç. Y por eso la colla durante las celebraciones levanta un pilar en su honor.

Hace unos días cuando la banda de música de  L’Emburgada del Perelló realizaba la procesión festiva también paró frente a Amèlia para dedicarle un tema. Ese vídeo fue uno de los más vistos en la web del Diari y a Amèlia  le llegaron felicitaciones desde toda la demarcación.

Confección
La abuela de L’Arboç, con dos hijos (Jaume y Teresa de 80 y 79 años) y 9 nietos, trabajó en una fábrica de la localidad haciendo guantes. Después para otra fábrica de confección. Era la encargada de controlar la calidad de las prendas. «Era muy exigente con la calidad», recuerda su hijo. Amèlia daba trabajo a mujeres de L’Arboç, de Banyeres, de Castellet... Y las piezas las llevaba su hermano a Barcelona. Guantes y calzoncillos hacían principalmente.

Los homenajes que ha recibido de sus entidades la han emocionado. «Está muy contenta», explica su hijo Jaume. No se esperaba que la banda de  L’Emburgada del Perelló tocase para ella ni que la colla de Diables le rindiese un pasillo.

En la puerta de casa
«Siempre le ha gustado la fiesta de L’Arboç». Desde niña. La abuela ha querido participar cada año. Y lo hacía. Porque las aficiones de Amèlia han sido pasear por L’Arboç y la fiesta mayor que desde hace unos años vive sentada en la puerta de su casa viendo pasar a las entidades.

Ahora le falla algo la vista, pero el sonido de las grallas, de los cohetes, de los bastones, le hacen revivir la fiesta como hace más de un siglo. Y L’Arboç se lo agradece.

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