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La continuidad de los cines de Calafell está amenazada

Un cierre obligado que ha fulminado los ingresos, la falta de ayudas y la imposición de impuestos «como si nada pasase», deja en el aire el futuro de una sala que tiene veinte años de vida

JOSÉ M. BASELGA

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Los cines de Calafell, en la zona de Mas Mel, atraen a miles de espectadores de comarcas vecinas.  FOTO:  JMB

Los cines de Calafell, en la zona de Mas Mel, atraen a miles de espectadores de comarcas vecinas. FOTO: JMB

Todavía se emociona cuando ve la película Cinema Paradiso, la declaración de amor al cine del director Giuseppe Tornatore que con música de Ennio Morricone enterneció al mundo en 1988.

Pero pese al paso de los años esa pasión sigue conmoviendo a Joan Montserrat, empresario de salas de cine y propietario y gestor de los MCB Cinema de Calafell. Son 8 salas que el pasado 12 de noviembre cumplieron 20 años.

El cierre de la cultura, pese que ser uno de los sectores que ha cumplido con todas las medidas de prevención como la distancia de seguridad, el control de aforo, la desinfección constante o el cambio de horarios... pone en entredicho la continuidad de muchos.

Sin balón de oxígeno

Esa complicada situación ha golpeado también a los cines de Calafell, que tampoco reciben por parte de las administraciones la que sería una ayuda vital, por lo menos como balón de oxígeno emocional que animase a seguir. No hay ayudas autonómicas ni tampoco municipales.

Sólo entre el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) y el vado, los cines de Calafell pagan al año 40.000 euros. La petición por parte de la empresa para ajustar ese impuesto municipal o prorraterarlo ha sido desestimada. Pese a la capacidad normativa de la administración local.

Y más en una situación tan excepcional como la motivada por el coronavirus. Es otra dificultad para seguir. También optó a una ayuda anual de 4.000 euros de la administración autonómica. Respuesta: denegada.

Una situación difícil. ¿Tanto como para cerrar? Montserrat prefiere la palabra «decepción». Lamenta que por parte de la clase política se esté castigando a los autónomos y pequeños empresarios que son los que generan empleo y actividad económica.

Sin ingresos y con impuestos

«Ahora no tenemos ingresos y se nos sigue aplicando impuestos como si nada pasase». Y sin establecer prioridades para el dinero público. «Hay actuaciones municipales que podrían esperar. Ahora todo el esfuerzo debe centrarse en ayudar a los comerciantes y autónomos. Se ha de proteger al pequeño empresario».

Los gastos de mantenimiento del cine, las inversiones realizadas para mejorar la instalación... una sangría mensual de unos 60.000 euros que va a ser difícil de soportar si sigue sin haber ingresos. Ni empatía por parte de la administración.

Montserrat tiene ofertas de una cadena comercial para la compra de la nave en Mas Mel donde están los MCB Cinema. Y la maquinaria, gradería, pantallas... son fácilmente transportables. Porque también hay localidades que esperan un cine. «La cuestión es ¿te quieren en un lugar o no?».

Calafell no puede perder unos cines que son polo de atracción de público de toda la comarca y que generan actividad en comercios, establecimientos de restauración y vida social.

«Y de revaloralización de un municipio y de sus propiedades inmobiliarias. Una circunstancia a tener en cuenta para no perder un cine. «Hoy es industria cultural. Ya no se gana dinero, los costes son elevados, las distribuidoras se llevan el 60% del taquillaje y hay gastos de climatización, personal...».

Superación

El cine como espectáculo ha superado situaciones difíciles dictadas por el tiempo. Las salas de mil espectadores en las que generaciones vieron El Coloso en llamas o Grease pasaron a formatos más pequeños de capacidad.

Después el vídeo, las cadenas televisivas. Hollywood tenía que producir constantemente para la televisión. Las plataformas digitales llegan como amenaza. «Pero son producciones para un formato de pantalla de televisión».

Nada que ver con la liturgia de ir al cine. «El salir de casa, desconectar, dejar los problemas fuera de la sala...». La magia de cuando se apagan las luces.

Con más comodidades. Sin el romanticismo del sonido de la cinta que hechizaba a los operadores de proyección y que la digitalización relegó a la memoria. Porque hay que adaptarse. «Ante los cambios puedes quedarte donde estás o seguir mejorando».

Inversión

En los últimos tres años MCB Cinema de Calafell ha invertido 1,5 millones en mejorar las salas. Gradas, escalera, todas las butacas son VIP. Pero la pandemia amenaza todo. Y la falta de ayudas a un sector que arrastrará no sólo a la economía de otros locales sino a la calidad de vida de un municipio.

Montserrat tiene su despacho debajo de las gradas de un cine. «Porque me gusta estar ahí. El convivir con la ilusión del cine. Ese cordón umbilical que une a la magia. ¿Hasta cuándo se va a poder aguantar», se pregunta.

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