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La efímera plaza de toros de Miami Platja

Coso desmontable. Fabricada en Sevilla, llegó en la primavera de 1971 y terminó clausurada ese verano ante el incumplimiento de contrato

Alfons Tejero

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Imagen virtual de la ubicación de la antigua plaza de Toros de Miami Platja. Montaje: Ramon Casadó

Imagen virtual de la ubicación de la antigua plaza de Toros de Miami Platja. Montaje: Ramon Casadó

Hubo un tiempo en que en Miami Platja se lidiaban corridas de toros. Aún hoy conservo en mi universo de recuerdos de la infancia algunos instantes fugaces de aquel momento, sentado en una grada junto a mi padre. La memoria de algunos de los primeros pobladores y unos curiosos  carteles colgados en las paredes de Casa Paco, Donatello, La Borda d’en Manel y la Casola del Seny nos ha permitido recuperar esta singular historia ya casi olvidada. 

Desde que nació en 1952, obra del promotor Marcel·lí Esquius, Miami Platja se había convertido en un lugar próspero para cientos de familias de todo el estado que buscaban hacer realidad «el sueño catalán2. Después llegarían los años 60 y los 70 del siglo XX; los años del boom del turismo, la construcción y de la edad de oro del toreo. Este coctel de factores animó en 1971 al empresario Antonio Ramírez Ayala a instalar una plaza de toros portátil metálica en el joven núcleo costero de Mont-roig.

Ramírez, que gestionaba entonces la plaza de Segur de Calafell, levantaría en seis semanas un coso entre la avenida de Veracruz y las calles Amposta, Valls y Vírgen de Guadalupe; en unos solares cedidos por el constructor Salvador Alceda.

El primer encierro

Fabricada en Sevilla por la familia Rozalem para el Cordobés y Palomo Linares,  los guerrilleros, en ella torearon durante la polémica gira de 1969 por los pueblos de España. Su última parada había sido las Islas Baleares. 

El día 23 de mayo se anunciaba el primer encierro. Se imprimieron unos carteles publicitarios  obra del ilustrador francés Henry Couve. Miguel Losada contrató a algunos jóvenes en distintas funciones como las de areneros, acomodadores o taquilleros;  es el caso de Antonio Guerrero Soto y Pedro Sierra Peinado. 
La modesta enfermería que se había ubicado en el nº 25 de la avenida estaba asistida por miembros del puesto de la cruz Roja y disponía de una camilla situada en el comedor y material para atender unos primeros auxilios. 

El cartel inaugural anunciaba una novillada con picadores para los diestros José Rodríguez, Juan Arias, Andrés Ortiz y el rejoneador Pedro del Rio. 
El día anterior habían llegado los astados procedentes de la ciudad de Salamanca. La entrada más cara costaba 250 pesetas y la más barata, 50. El paseíllo daba inicio en el restaurante Veracruz desde donde la banda de música y las cuadrillas recorrían a pie los escasos 300 metros que lo separaban. En total se llegaron a programar 7 corridas entre rejoneo y toreo a pie. 

Antonio Castilla Pino ‘Antoñín’
con su traje de torero en
la década de los años 70.

Según recoge Cristina Guerrero, responsable del archivo municipal de Mont-roig, y colaboradora de este artículo, «en la ‘charlotada’ del 27 de junio un espectador de Pratdip indignado por el trato denigrante que se le daba al animal saltó al ruedo para reprender la actuación de los cómicos. Sería detenido por los miembros de la Guardia civil del puesto de María Cristina teniendo que pagar posteriormente una multa de 500 pesetas».

Para el domingo  4 de julio de 1971 se había anunciado una novillada sin picadores para Ángel Majano González , Antonio Castilla Pino Antoñín y Paquito Montes El Calabrés aunque el escaso público que ocupaba sus localidades ese día aún no sabían aún que sería la última. El festejo transcurría sin mayor transcendencia hasta que en el quinto novillo de la tarde el diestro Antonio Castilla Pino, un joven cordobés de 15 años afincado en Zaragoza, sufrió una escalofriante cogida. 

Antonio Castilla Pino ‘Antoñín’
en la actualidad.

Ese día vestía de azul y oro. Al entrar a matar tropezó justo delante de la cara del toro y quedó tendido en el suelo a su merced. La res le clavó el pitón en el cuello y le fracturó el maxilar, dañando además  la boca y la vena carótida. Ante la gravedad del percance fue trasladado al Instituto Médico Quirúrgico de la Cruz Roja de Tarragona donde fue intervenido.

Los cirujanos que le asistieron le salvaron la vida, reconoce Antonio. Tras una semana en coma y tres meses de hospitalización entre Tarragona y el Montepio de toreros de Madrid recibió el alta. Salió con apenas 30 kilos de peso tras semanas sin poder alimentarse por boca y una parálisis facial de la que apenas le quedaron secuelas. 

Los reiterados incumplimientos del propietario en la entrega de certificaciones precipitaron el cierre de las instalaciones. El toro sobrero ‘Curro’ y unos novillos quedaron allí abandonados y pastaron un tiempo entre el ruedo y los corrales. Salvador Alceda tuvo que alimentarlos durante un tiempos para mantenerlos vivos. La última visita del torero Antoñín a Miami Platja fue al bar El Maño donde rememoró estos hechos.

Aunque la plaza no sobrevivió al verano del 1971 se han seguido celebrando espectáculos taurinos. Las vaquillas vienen incluyéndose en el programa de fiestas de Sant Jaume de forma interrumpida desde 1.978 (este año no habrá por la Covid) y siempre de la ganadería de reses de Pedro Fumadó Xarnego, del Delta de l’Ebre.

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