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Ruscalleda: "En una sociedad machista, yo levanté el dedo y dije lo que quería ser"

La chef con tres estrellas Michelin compartió experiencias con empresarias del Penedès de Talent Femení

José M. Baselga

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Carme Ruscalleda con un grupo de empresarias del Penedès.

Carme Ruscalleda con un grupo de empresarias del Penedès.

Entonces a las niñas no se les preguntaba qué querían ser de mayores. Lo suyo era seguir al marido. «Pero yo levanté el dedo y dije que quería ser artista», explica Carme Ruscalleda, chef internacional que atesora tres estrellas Michelin, además de recibir por su restaurante un Premi Nacional de Cultura de la Generalitat. La primera vez que la cocina recibe un premio de Cultura.

Ruscalleda tenía clara una decisión y por eso levantó el dedo.  Pero ¿artista? ¿En una familia de Sant Pol de Mar dedicada al campo y a la agricultura y con una tienda? «En casa se trabajaba la leche, el vino, la huerta. Había gallinas... Mis padres pensaron que para no perder a la niña había que modernizar la tienda y  eso pasaba por poner un supermercado». 

Abrir la mente
Eso entonces era sinónimo de país rico. «Ya no se compraba a granel», recuerda la cocinera.  «También vendíamos carne fresca. Me formé en una familia de tocineros. Estar en el mostrador me abrió la mente y me mejoró el carácter».

Ruscalleda compartió experiencias con empresarias.


Ruscalleda compartió ésta y otras vivencias en El Vendrell con el colectivo Talent Femení que agrupa a empresarias al frente de negocios de diferentes ámbitos. Ruscalleda es un referente. De éxito tras el esfuerzo. 

El cosquilleo
Y que comenzó con una satisfacción. «Logré la felicidad gracias al cerdo. En casa hacíamos butifarras. Crear nuevas elaboraciones me provocaba el cosquilleo de comprobar si gustaban». 

En 1975 las tendencias se abrían paso. El cliente pedía cosas nuevas, agilidad para su día a día. «Comenzamos con la cocina preparada, pastas, croquetas, pies de cerdo, más de 50 salsas, ...».

Local en venta
Se gestaba la idea de aprovechar el piso de arriba de la tienda para poner unas mesas, pero el destino hizo que se vendiese el local que había frente a la tienda. De ir mal, el piso de arriba, sería más complicado. Pero de ir mal, el local de enfrente, siempre sería un inmueble. Allí surgió el, con el tiempo, el venerado Sant Pau.

La cfef Carme Ruscalleda.


«Cuando crucé la calle para ir de la tienda al restaurante, muchos me dieron el pésame». Pero no podía ir mal. «Lo hemos logrado porque no pensábamos en el fracaso. Tenía 35 años y veinte de la tienda en la espalda. El espíritu es seguir trabajando y esperar a que llegue el martes para continuar».

El secreto
Ruscalleda lideró en un  mundo de hombres. ¿El secreto? «Los hombres tienen una familia detrás. Nosotras también. No pensemos que somos mujeres, somos profesionales. No nos pongamos trabas nosotras mismas. Hay quien dice que vivo en una burbuja. Quizá, pero llena de complicidad y de trabajo. Fijemos el mismo patrón que para hombres».

No se considera pionera. «Hay muchas generaciones que abrieron camino y no se les reconoció. Gracias a ellas estamos aquí».  Con ese esfuerzo y ahora con los programas de televisión «las mujeres entran en la cocina profesional y los hombres en la doméstica. Es un gran logro». 

Convencer con trabajo
Ruscalleda compartió con Talent Femení, lo que saben las empresarias. «La primera que ha de creer en ti eres tu». Y que «a los hombres los convenceremos con el trabajo. Hemos de ser competitivas. Nos enfrentamos a un mundo difícil». Aunque la chef destaca que «a mí los hombres me han tratado bien. Quizá les he dado miedo. No chillo, pero con una mirada los pongo firmes».

Las asistentes al acto.


Como todas las empresarias, han convencido a la sociedad «con ideas, trabajo, talento....». Hasta no hace mucho no se contrataba a mujeres en la hostelería porque algunos creían que una mujer alborotaría el gallinero. La mujer se ha ganado el reconocimiento a pulso». 

Plantar cara

Y plantando cara. Cuando abrió el Sant Pau en Tokio puso al frente de la sala y de la cocina a mujeres, algo inaudito en Japón, una sociedad machista. «Yo no sabía de esa tendencia. Las escogí porque eran los mejores profesionales para el proyecto. A nadie por menear el culo le dan nada».

Hace unos meses cerró el reconocido Sant Pau, pero mantiene el de Tokio y asesorando a cocinas de todo el mundo como la del Mandarin.
Ruscalleda señala que la cocina vive un momento dulce ayudado por la televisión. Ha convertido a la cocina en espectáculo. Muchos antes ni sabían dónde estaba la cocina de casa.

El futuro
Aunque alerta que es una dedicación que exige «sensibilidad, conocimiento y rigor». La tendencia es a los alimentos de cuarta y quinta generación pero con la calidad y un necesario respeto por el medio ambiente. Así, los productos de temporada y de proximidad con calidad han de ganar presencia. Por salud, por el medio, por la propia cocina.

Uno de los retos es el Mediterráneo y la contaminación. El Mediterráneo deberá adaptarse con granjas. Los mayores dicen que el Mediterráneo no da lo que daba. «Dentro de años mirarán el mar y dirán: ¿y aquí se bañaban y comían lo que había? «Las granjas son necesarias, pero hagámoslo bien y con vedas respetuosas». Antes venían con la barca vacía y no pasaba nada. «Decían que mañana estarán allí. Hoy muchas barcas no quieren regresar vacías y arrasan con todo».

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