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Gabriel Rueda: «Hacer de malo a mí me cuesta mucho, porque yo soy muy bueno»

«Spaghetti western feminista». Actor, músico y susurrador de caballos. La próxima cinta 
en la que actúa Rueda es otro corto de Enrique Novials

M. VICTÒRIA BERTRAN

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Gabriel Rueda tiene una amplia formación en artes escénicas. FOTO: CEDIDA

Gabriel Rueda tiene una amplia formación en artes escénicas. FOTO: CEDIDA

Gabriel Rueda, ¿eres un cowboy?

Por supuesto... en momentos puntuales. Cuando bajo a la realidad, pues veo que no, que no estoy en el Oeste, ja, ja, ja. Pero sí, lo de ser un cowboy lo llevo en el ADN.

¿Te identificas con el personaje estereotipado de cowboy?

No. Estereotipado, no. Yo me identifico con un personaje de cowboy único, irrepetible, que no ha visto nadie, y que nadie conoce, y que soy yo.

¡Qué bien! Y estás a punto de participar en el rodaje de una nueva película, un corto de Enrique Novials, que se llama ‘Mátalos y no vuelvas sola’, ¿no?

La vamos a rodar en julio en Tabernas, Almería. Efectivamente, es un proyecto de Enrique Novials, que es el director, y que quizás también va a participar como actor. El título es un guiño a Kill them and come back alone, un clásico que se rodó en 1968 en Almería. Mátalos y no vuelvas sola es un spaghetti western feminista.

¿Un spaghetti western feminista? ¿Lo puedes explicar?

Que en un western sea la mujer la que saque las castañas del fuego y mate a los bandidos y rescate al prisionero, y sea la heroína de la peli, se ve en muy pocas ocasiones. Con Enrique Novials ya hicimos Calamity Jane 1882, un corto basado en las cartas que esta forajida, que existió realmente, y que bebía whisky y hacía trampas al póker, le escribió a su hija.

‘Calamity Jane 1882’ obtuvo el año pasado muchos reconocimientos y premios en festivales nacionales e internacionales, ¿verdad?

Sí, todo el año pasado hemos estado recibiendo noticias de nominaciones y premios en festivales de todo el mundo: India, Grecia, Turquía, Uruguay, Japón, en muchas ciudades de EEUU como Texas, Oklahoma, Los Ángeles... En Arizona hemos ganado el premio al mejor director, mejor secundario y mejor actriz. Ha sido como una invasión de premios, hasta 14. Ahora Calamity Jane 1882 está concursando en Houston, en la sección oficial de un festival.

¿Qué papel haces tú en ‘Calamity Jane 1882’?

De pistolero malo. Me llevo raptada a la novia de Calamity Jane, porque en la película ellas dos son lesbianas.

Ya veo que el argumento es innovador.

Resulta que nosotros formamos parte de la banda del sheriff, pero somos corruptos, y hacemos todo tipo de fechorías. Y nos enteramos de que Calamity Jane ha hecho trampas en el juego, en el póker, y de que ha ganado 20.000 dólares, y entonces, vamos a un burdel a buscar a la novia de Calamity Jane para raptarla.

Caray.

Sí, vaya tela. La raptamos, y pedimos un rescate. Entonces Calamity Jane viene, nos pela a todos y se lleva a la novia. Muy resumido, el argumento es así.

Gabriel Rueda estuvo cinco años dedicado a los caballos. foto: Cedida

Y en el corto que vais a rodar en verano, ‘Mátalos y no vuelvas sola’, ¿cuál es tu personaje?

Otra vez hago de forajido, de malo. Empiezo atracando un banco.

¿Cómo te sientes tú en este tipo de papeles?

Hombre, a mí me cuesta hacer de malo, porque yo soy muy bueno. Entonces, pues ya ves, lo tengo que trabajar bastante. Y no juego a ir haciendo por ahí de malo, porque eso es peligroso para la psicología de uno. Puedes desviarte de ti mismo y de la vida real. Para no entrar en esos problemas, evito jugar con eso.

Hablas como una persona ya acostumbrada a actuar. ¿Tienes muchos años de experiencia?

Pues sí. Yo estudié teatro. De hecho, ya de pequeño jugábamos a hacer teatro con mis amigos, con entre seis y ocho años. Yo nací en Barcelona y a los 17 años me vine a Tarragona. Empecé con el teatro de forma oficial en la Escola Josep Ixart. También estuve en la Escola d’Art. Monté varias compañías.

¿Montaste varias compañías de teatro? ¿Cuáles?

Luz Cerebral, de happenings y performances; Los del Cosmos, de mimo y pantomima; Plis Plas, de teatro infantil... También estuve en La Fura dels Baus. Después me fui a Nicaragua y monté una escuela de circo. Era un proyecto de la Associació Nou Barris y del Comité de Solidaridad con Nicaragua. Estuve en la escuela de circo de Barcelona haciendo clases de payaso, de clown, de malabares y de trapecio fijo y acrobacia. Toda mi trayectoria en el mundo del teatro, del circo y del caballo puede verse en https://gabriel-rueda.wixsite.com/actor/biografia.

¿En el mundo del caballo?

Así fue como conocí al director Enrique Novials, porque vino a nuestra hípica porque quería montar un western y quería aprender a montar a caballo.

Un momento: ¿qué pinta un actor en una hípica?

Hace unos diez años empecé a bajar el pistón de mi parte más teatrera, performera y cirquera, y me dediqué más a los caballos. Conocí a Anna Salas. Es una domadora de caballos que lleva toda su vida dedicada a esto. Para mí Anna Salas es una eminencia en doma natural y en todo lo relacionado con los caballos. El respeto al animal, cómo domar sin violencia, la conexión con el caballo... todo esto lo aprendí con ella. Fue cuando la crisis del 2008. Entonces había mucha gente que no podía mantener a sus caballos, y nos pusimos a rescatar a los que estaban abandonados o maltratados.

¿En una hípica?

Nos donaron una finca en La Nou de Gaià y montamos una hípica al aire libre. Los caballos los teníamos allí sueltos, y enseñábamos a montar sin bocado, con respeto, a aprender cómo acercarse a un caballo y hacerse con él poco a poco, hasta que el caballo confía en ti y tu en él, a hacer la unión de la doma natural, y muchas cosas.

O sea que eres actor y domador de caballos.

Susurrador de caballos. Y músico desde toda la vida. Toco la guitarra y el arpa de boca y doy clases, compongo letras y música, y canto. En la Mostra de Músics de Tarragona de 1990 tocaba con Los Enigmáticos. También toqué con Blue Bus, Simago Boys, Absentha Brothers, Los Leonardos y Los Kiroga. Ahora toco con los Dalton Paints y con Los Siderales.

Y me decías que un día apareció por la hípica el director Enrique Novials.

Sí. Quería montar un western y quería aprender a montar. Es un proceso largo, y más complicado de lo que parece. Yo estuve cinco años dedicado y todavía tengo que aprender mucho.

¿Qué descubriste gracias a los caballos?

Descubrí que tenía ventajas para montar, porque como había hecho mucho teatro, mimo, pantomima y acrobacia, yo dominaba mi cuerpo, tenía sentido del equilibrio, tenía conciencia de todas las partes de mi cuerpo y del movimiento, y una agilidad y una preparación que me aportaba mucho. Con los alumnos, lo que hacía era enseñarles a tomar conciencia de su cuerpo –«pie a tierra», «soy caballo»–, porque puedes sentirte muy inseguro cuando no conoces nada del caballo, ni su psicología, ni su comportamiento, ni su manera de ser, ni sus pensamientos, ni sus emociones.

Y hablando con Enrique...

Yo le dije que quería salir en el western. Al final, protagonicé el teaser de The Crossing, que se mandó al Almería Western Film Festival. Y lo pudimos ir a ver en pantalla grande, en el Oasys Minihollywood, que tiene un salón del Oeste que es donde se han rodado películas muy buenas. Donde con Enrique vamos a rodar en julio, rodó Sergio Leone, con Clint Eastwood, Lee Van Cleef...

¿Qué tienen los westerns que enganchan tanto? ¿Será que dan espacio para una creatividad un poco loca, por aquello de estar el Salvaje Oeste fuera de la civilización?

Sí, es divertido porque hay una gran libertad y puedes hacer casi lo que quieras. Es como vivir en una época en la que todo está permitido.

Cuando tu le dijiste a Enrique que querías salir en el western, debió decir que sí enseguida, ¿no? Porque te tengo delante y la verdad es que no me cuesta nada ver en ti a un forajido.

¡La bolsa o la vida! Ja, ja, ja. Bueno, eso es lo que me dice todo el mundo. Yo no lo entiendo.

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