Luz Gabás: «Hay que terminar con esa imagen inferior del mundo rural»

Entrevista. La autora del best-seller ‘Palmeras en la nieve’ abre en CaixaForum el ciclo ‘Universos literarios’ con la charla ‘Hecha de literatura y naturaleza’

GLORIA AZNAR

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Luz Gabás, ayer antes de la charla en CaixaForum Tarragona. FOTO: Pere Ferré

Luz Gabás, ayer antes de la charla en CaixaForum Tarragona. FOTO: Pere Ferré

Luz Gabás (Monzón, 1968) es licenciada en Filología inglesa y escritora. 'Palmeras en la nieve' fue su primera novela, que se convirtió en un best-seller nacional, a la que siguió una película con Mario Casas y Adriana Ugarte. Después llegaron 'Regreso a tu piel' y 'Como fuego en el hielo'. 'El latido de la tierra', asimismo, es un homenaje a las zonas rurales. Luz Gabás abrió ayer el ciclo ‘Universos Literarios’ de CaixaForum Tarragona con la charla Hecha de literatura y naturaleza, en una simbiosis entre sus obras, su entorno y el romanticismo del siglo XIX.

En cuanto a la vinculación con la Tierra, ¿la Covid nos ha puesto en nuestro sitio?

He leído en la prensa a lo largo de estos meses que ha habido un resurgimiento del deseo de volver a las raíces. Yo creo que esto ya era previo a la Covid y lo que la pandemia ha hecho ha sido resaltarlo. Me comentaban también que en Alemania se había puesto muy de moda hacer árboles genealógicos. Es decir, la vida en la ciudad nos ha desvinculado no solo de la Tierra, sino también de nuestras raíces. Parece que no podemos llegar más atrás de nuestros abuelos o como mucho bisabuelos y, sin embargo, en las casas de los pueblos es más normal conocer tu genealogía varios siglos atrás.

¿A qué cree que se debe este resurgimiento?

Por un lado, a la sensación de libertad que parece que conseguimos en contacto con la naturaleza. Y por otro, a que proporciona sosiego. Con la pandemia nos hemos encontrado en pisos pequeños, sin poder salir. Con una sensación de asfixia, de no poder respirar y esto en la naturaleza no se produce, lo que ha servido también para reflexionar sobre el mundo rural, sus necesidades y sus diferencias con la ciudad.

Si se ponen en marcha los mecanismos adecuados, ¿es posible repoblar los pueblos vacíos?

Primero hay que terminar con esa imagen inferior del mundo rural. Es una de las cosas más importantes que aún veo en la actualidad. La proyección que se hace desde alguien que desconoce el mundo rural, a mi juicio es injusta. Hoy en día puedes encontrar a gente muy culta en el entorno rural y a gente muy culta en la ciudad. Y al revés. Las cosas han cambiado, sobre todo, en las últimas dos o tres décadas. Por lo que la imagen tan cateta del pueblo habría que ir borrándola. En segundo lugar, hay que gobernar conociendo el territorio o, por lo menos, teniendo en cuenta a quien conoce el territorio. Y esto lo estamos sufriendo en el Pirineo.

¿En qué sentido?

El desconocimiento de las necesidades del entorno rural obliga a tomar decisiones de ciudad y no siempre sirve la misma norma para todos. Por ejemplo, el Pirineo lleva cerrado desde finales de noviembre porque nadie puede ir a sus segundas residencias, a un hotel o a un apartamento. Con lo cual, está vacío y los negocios cerrando, teniendo nieve para poder hacer deporte. Esto es incomprensible, un despropósito. En todos los sitios, a pesar de la Covid, se está trabajando más o menos. Es un ejemplo muy actual de que la política no comprende del todo el mundo rural porque quienes gobiernan no viven en él.

Antes ha hablado del árbol genealógico. Usted tiró de ese hilo en ‘Palmeras en la nieve’ cuando su padre ya había muerto. ¿Qué supuso esto?

Mi padre era muy hablador, un narrador. Él había contado sus experiencias cotidianas, que son las que me sirvieron para diseñar la aventura de los montañeses que fueron allí a trabajar, a las plantaciones de cacao. Pero precisamente al tirar del hilo, lo que hice fue aprender lo que no sabía, que era toda la parte de la historia de Guinea, de la cultura, del sentimiento y forma de ser del guineano, en concreto de la etnia bubi, que es la que sale más reflejada en la novela. En realidad, papá fue el detonante de todo esto. Muchas personas conocían este tema, del que nadie había hablado abiertamente. A mí me marcó mi crecimiento.

¿El colonialismo aún es un tabú?

En el caso de España, creo que sí que hubo un deseo de ocultar algo que producía vergüenza y fue cómo se llevó a cabo la descolonización, cómo se dejó el país en manos de un psicópata. Actualmente, con esto de la política de la cancelación, hay una mirada al pasado que también para mí es errónea e injusta. Hay que analizar lo que sucedió para extraer conclusiones, pero no se puede juzgar desde nuestro punto de vista. Porque entonces toda la historia se nos desmonta. Nada del pasado, nada hasta nuestros días sería salvable.

¿Es positivo o negativo para un escritor tener tanto éxito con su primera obra como usted lo tuvo con ‘Palmeras en la nieve’?

En mi caso me cogió ya con cierta edad. Con el éxito, lo que sentía era una especie de gratitud infinita a lo que me había sucedido porque era una historia que quería que tocase el corazón de muchas personas tal como había tocado el mío. Entonces, me lo tomé con mucha serenidad. Para mí fue bueno porque llegó en un momento en el que me permitió seguir escribiendo. Me abrió la puerta al mundo literario y en ese sentido fue algo muy positivo.

La última novela que publicó fue en 2019. ¿Qué proyectos tiene entre manos?

Entre novela y novela necesito por lo menos dos o tres años. No tanto por estar sentada muchas horas frente al ordenador, sino que hay que darle muchas vueltas a la cabeza, tener muy claro el proyecto y leer mucha documentación, dependiendo del tipo de novela que sea. Ahora estoy bastante adelantada con una novela muy histórica de la que no diré nada más.

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