«No quería hacer una película que fuera políticamente correcta»

'Sis dies corrents’ es el tercer largometraje de la cineasta Neus Ballús, con el que hoy se inaugura el certamen tarraconense

S. FORNÓS

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Fotograma de la película ‘98” Sin Sombra’ del director boliviano Juan Pablo Richter. FOTO: CEDIDA EL PROYECTO ‘COR DE VELLUT’ DE SERGI GUASH. FOTO: CEDIDAUN MOMENTO DEL FILME ‘SIS DIES CORRENTS’. FOTO: CEDIDAXAVIER GARCIA PUERTO. FOTO: CEDIDA

Fotograma de la película ‘98” Sin Sombra’ del director boliviano Juan Pablo Richter. FOTO: CEDIDA EL PROYECTO ‘COR DE VELLUT’ DE SERGI GUASH. FOTO: CEDIDAUN MOMENTO DEL FILME ‘SIS DIES CORRENTS’. FOTO: CEDIDAXAVIER GARCIA PUERTO. FOTO: CEDIDA

Sis dies corrents relata una semana en la vida de Valero, Moha y Pep, trabajadores de una pequeña empresa de fontanería y electricidad de las afueras de Barcelona. Moha, el más joven, tendrá que demostrar que está preparado para sustituir a Pep, que se jubila. Pero Valero considera que Moha «no da el perfil», y la cinta nos adentra así en los prejuicios raciales de este personaje. El largometraje de Neus Ballús, que inaugura hoy el Festival REC con la presencia de la directora, muestra las realidades del mundo que nos rodea a través de miradas que nacen de la proximidad.

La película ‘Sis dies corrents’ es su tercer largometraje. ¿Qué ha querido transmitir en esta ocasión?

Primero, lo que quiero es que la gente vea la película y piense por ella misma, ya que las películas son mensajes que las directoras y directores lanzamos con el objetivo de que la gente los procese y los viva. En realidad, ver una película es una experiencia, por lo que no hay una única manera ni un solo mensaje en el filme.

¿Por qué necesitamos el reflejo de la cotidianidad?

Es importante retratar la cotidianidad y utilizarla en los proyectos de creación artísticos, para no olvidar su relevancia, ya que es todo aquello que vivimos. Si únicamente nos remitimos a historias de ficción y a personajes alejados de nosotros, significa que reflexionamos muy poco sobre nuestra realidad y sobre quiénes queremos ser como personas y como sociedad. Para mí, es importante hacer películas en las que nos sintamos identificados directamente con los personajes.

¿Por ello ha apostado por actores no profesionales?

Para mí, la idea de confiar en personajes reales, con sus propias historias y que usan sus propias palabras, es muy interesante como directora. Como cineasta, escribir sobre lo que quiero, imaginar una realidad y materializarla, te puede dar una sensación de poder equívoca. Entonces, trabajar con gente real y con situaciones cotidianas hace que las cosas estén fuera de tu control absoluto. Por ello, como directora es muy bonito entender que tú no tienes la última palabra y que la obra, en sí misma, debe estar abierta a la colaboración y a la vida de otros.

La película sitúa al espectador frente a situaciones de racismo, prejuicios… ¿Está preparado el público para enfrentarse a esta realidad?

La idea es plantear al espectador de qué manera se trata a una persona la primera vez que la conocemos, ya que activamos los prejuicios, muy rápidamente, según el aspecto, el origen, la lengua, la edad… Esto no nos permite tener relaciones honestas e igualitarias en las que escuchamos a la otra persona. Para mí, este es el origen de, prácticamente, todos los conflictos que tenemos como sociedad, es decir, la incapacidad de ver a la otra persona y de empatizar. La película quiere que nos planteemos estas cuestiones, pero a través de una sonrisa amarga, ya que todos somos culpables de no hacer todo lo que podemos por la convivencia.

¿Las reticencias iniciales de Valero son un mecanismo de autodefensa?

A todos nos es más fácil que exista estabilidad, sin embargo la única cosa que sabemos sobre la vida es que cambia constantemente. La idea de que haya personas recién llegadas que se incorporan a nuestra sociedad, hace surgir nuestra resistencia al cambio. Una actitud que en ciertos trabajos puede advertirse como una amenaza que se basa en nuestros miedos. En este sentido, la clase obrera nos lleva mucha ventaja en la convivencia y en el intento de entender la diferencia, gestionarla y no ser tan políticamente correctos.

Cuando hay emociones de por medio, ¿es más difícil la gestión de la convivencia?

Siempre existen emociones vinculadas. Por ejemplo, el miedo saca lo peor de nosotros, como el racismo o los prejuicios cuando conocemos por primera vez a una persona.

Los protagonistas se dicen las cosas a la cara.

Me gusta que expresen lo que piensan porque manifiestan lo que mucha gente no se atreve a decir. No quería hacer una película políticamente correcta y en la que no se dijesen las cosas, fingiendo que no pasa nada.

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