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Obesidad, una enfermedad

Hospital Joan XXIII. Jornadas para tratar al paciente con riesgo cardiovascular desde la nutrición y el ejercicio físico.

Gloria Aznar

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Desde la izquierda, María Teresa Prieto y Núria Ibarrola, en el Mercat Central de Tarragona. Foto: Pere Ferré

Desde la izquierda, María Teresa Prieto y Núria Ibarrola, en el Mercat Central de Tarragona. Foto: Pere Ferré

«En la actualidad nos estamos encontrando con megarexia, que es justamente lo contrario a la anorexia. Es decir, hay personas que están obesas, pero no se perciben de este modo y creen que están sanas. Y esta combinación no existe. Está científicamente demostrado que el sobrepeso es el inicio de la enfermedad de obesidad y como tal se debe tratar». Así de categórica se expresa María Teresa Prieto, especialista en nutrición.

Esta facultativa es una de las ponentes en la segunda edición del curso de actualización de riesgo cardiovascular organizado desde el servicio de Medicina Interna y Endrocrinología del Hospital Joan XXIII de Tarragona. «Hemos querido dar importancia a los diferentes factores que incrementan el riesgo cardiovascular. En este sentido, los próximos 16 y 17 de este mes tendrán lugar dos sesiones en el Seminari, en las que intervendrán especialistas de hospitales del área de Tarragona y Barcelona», explica David Riesco, médico internista del centro hospitalario tarraconense.

«No hablamos de dieta, sino de educar a la población desde la infancia»

Unas jornadas que se inician este 9 de junio en formato streaming y que tienen por objetivo destacar el papel del nutricionista en el tratamiento de la obesidad, la diabetes y la elevación de los niveles sanguíneos del colesterol «para evitar que el paciente desarrolle las complicaciones que se asocian al mal control de estos factores», comenta Riesco.

Las enfermedades cardiovasculares son el cuadro médico crónico al que se llega si no existe un control previo adecuado. Por ello, los especialistas no se cansan de incidir en la prevención. «No hablamos de dieta, sino de educar a la población desde la infancia, de cuidar la alimentación siempre, no puntualmente», señala por su parte Núria Ibarrola, dietista-nutricionista en Joan XXIII, también conferenciante en el taller.

En esta línea precisamente van dirigidas las jornadas, para ofrecer a los médicos herramientas de actuación en la atención primaria, donde no existe la figura del nutricionista, situación que estos especialistas llevan años luchando por paliar. «Debería haber uno en todos los CAP y en todos los colegios», defiende María Teresa, quien alerta sobre la obesidad infantil.

«El confinamiento por la Covid no ha ido bien para nadie. Y nos encontramos con niños de tres y cuatro años que han hecho obesidad porque no ha habido controles pediátricos. Esto ya no lo podemos evitar, pero lo que tenemos que hacer ahora es ponernos las pilas y empezar a trabajar».

Para ello, ambas especialistas abogan por aquello de prohibido prohibir. Es decir, en la diversidad está el gusto, aunque en su justa medida. «El helado y un dulce se comen cuando es fiesta y no en casa, solos en el sofá», sostienen. Y esto que vale para la población en general, es de especial atención en casos de patología cardiovascular.

«Se tienen que controlar las grasas, tanto las saludables como las no saludables», dice Núria en referencia al aceite de oliva virgen o a los frutos secos. Y de igual manera, los azúcares, miel, embutidos, procesados y refrescos, entre otros. «El problema es que se ha perdido el gramaje y ahora todo es más grande, desde la fruta hasta el plato», afirma María Teresa.

Nos estamos encontrando con megarexia, que es justamente lo contrario a la anorexia. Es decir, hay personas que están obesas, pero no se perciben de este modo y creen que están sanas. Y esta combinación no existe.

No obstante, para evitar la incomodidad de pesar los alimentos, Núria habla del plato de Harvard como una manera de alimentarse de forma equilibrada. «La mitad del plato deben ser verduras y hortalizas y al menos una de las raciones cruda; un cuarto, hidratos de carbono y el otro cuarto restante, proteínas». 

A pesar de todo, lo indicado es ponerse en manos de un profesional, quien elaborará una pauta personalizada en función de la edad, las características personales, así como de las posibles patologías que pueda sufrir. Todo ello en combinación con deporte. En este sentido, las ponencias de hoy conectarán con el Centro Viding Sant Jordi en el que un especialista planteará una rutina de ejercicios cardiosaludables y una sesión de recomendaciones para que los médicos las trasladen a sus pacientes.


4.400 son los pasos mínimos que se deben caminar cada día. A partir de aquí, los que se deseen.

Porque como destacan María Teresa y Núria, «el ejercicio físico es obligatorio. Pero ello no implica que después se pueda comer todo lo que se quiera». Aunque no es cuestión de pasar horas en el gimnasio, sí que se deben caminar un mínimo de 4.400 pasos al día e intentar combinar cardio y fuerza para evitar la sarcopenia o pérdida de la masa muscular.

«En una sociedad sedentaria y con una oferta alimentaria increíble, se nos están disparando los índices de grasa. La cultura de una correcta nutrición debe empezar desde pequeños, ya que el niño que ha aprendido hábitos nunca será un adulto obeso», concluye María Teresa.

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