Trastornos alimentarios también son cosa de chicos

Los expertos apuntan que el aumento de casos se debe «a que la imagen corporal del hombre es más exigente»

SÍLVIA FORNÓS

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Cada vez son más los chicos que desarrollan un TCA. FOTO: G.L.

Cada vez son más los chicos que desarrollan un TCA. FOTO: G.L.

En Catalunya 28.000 adolescentes y jóvenes sufren un Trastorno de Conducta Alimentaria (TCA). La mortalidad en los casos de anorexia está alrededor de 10% y representan la tercera enfermedad crónica entre la población femenina adolescente de las sociedades desarrolladas y occidentalizadas. Estos datos fueron difundidos el pasado 30 de noviembre coincidiendo con el Día Internacional contra los Trastornos de Conducta Alimentaria. Hasta ahora, pudiese parecer que este grupo de enfermedades era ‘cosa de chicas’, pero la realidad es que cada vez son más los chicos que acaban desarrollando un TCA. «Los Trastornos de Conducta Alimentaria son una relación anormal con la alimentación causada por un trastorno psicológico-emocional», detalla la médico nutricionista Maite Prieto Cid, quien añade que hay diferentes tipos de trastornos alimentarios: anorexia, bulimia, atracones, etc.

Sobre el creciente número de casos en chicos, la doctora asegura que «se debe a que la imagen corporal del varón ha cambiado. Ahora es mucho más exigente, en tanto que deben tener un abdomen perfecto, estar musculosos, depilarse, lucir un pelo perfecto…». Por ello, sigue explicando, «los chicos adolescentes no terminan de aceptar su imagen corporal, unas circunstancias que siempre van acompañadas de algún comentario de un compañero o familiar sobre su aspecto físico, o que en el gimnasio o las clases de educación física no se ven como los demás o no llegan a tener el cuerpo de sus compañeros».

¿Cuándo aparecen los síntomas? «Cada vez más pronto», alerta la doctora. «Antiguamente, hablábamos de final de la adolescencia, coincidiendo con los cambios hormonales y corporales, por lo que muchos jóvenes no aceptaban su condición física y recurrían a no comer para no crece y seguir delgados, pero ahora acuden a la consulta cada vez más jóvenes, incluso a partir de los 10 años», añade.

Asimismo, en lo que se refiere a qué puede hacer sospechar a una familia que su hijo padece un TCA, la médico nutricionista lamenta que «realmente, la familia es la última en darse cuenta, porque es un comportamiento lento, es decir, no es repentino ni brusco, y en muchos casos los adolescentes hacen muchas ingestas fuera de casa y saben cómo ocultarlo». Así, sigue explicando la doctora, «se suele detectar más en el colegio porque se observa, por ejemplo, que tiran el desayuno a la basura o los mismos compañeros dan la señal de alerta».

En edades más avanzadas, aparecen también trastornos como la vigorexia. «Para las personas que padecen esta patología mental el deporte es vital para mantener el cuerpo, y llegan a desconectar del mundo laboral y familiar para cumplir con las horas de ejercicio que le permiten mantener su físico», detalla Maite Prieto Cid.

Tratamientos

Las consecuencias para la salud de padecer un Trastorno de Conducta Alimentaria son múltiples. «Desde acabar ingresado por desnutrición, descalcificación ósea, disminución del pico de crecimiento, erosiones del esófago, problemas gástricos, regulación de la temperatura corporal inestable porque desaparece la grasa de protección, disminución del ritmo cardíaco, etc.», describe la médico nutricionista. Por ello, en cualquiera de los TCA, los pacientes «necesitan un tratamiento multidisciplinar desde el punto de vista psicológico, psiquiátrico y nutricional».

En el proceso de curación la familia tiene un papel vital. «Una vez que detecta la enfermedad debe acudir a un profesional para determinar el mejor tratamiento», señala la especialista en nutrición. Si bien, recuerda que «los Trastornos de Conducta Alimentaria son una enfermedad crónica, es decir, con el tratamiento ayudamos a los pacientes a mantener una vida normal, en el marco de su patología, para que consigan un peso estable y saludable, ya que existe un mínimo de alimentos vitales que deben comer para vivir».

Pandemia y redes sociales

En cuanto a si la pandemia ha favorecido el miedo a engordar, Maite Prieto Cid dice que «al principio del confinamiento la gente se preocupó por controlar la alimentación, pero al alargarse la pandemia más de lo esperado, se ha tendido a un estilo de vida mucho más sedentario, descuidando también la alimentación. En el caso de los TCA, el aislamiento social también ha fomentado que se buscaran más opciones en internet y redes sociales, no siempre con un soporte científico adecuado».

Asimismo, sobre la influencia de las redes sociales, la médico nutricionista reconoce que «es un problema muy grave porque los niños y adolescentes siguen a instagramers que explican desde cómo provocarse el vómito hasta como aparentar ante los padres que pesan más».

¿Detrás de estas circunstancias, hay cierta adicción a la tecnología y las redes sociales? «Los pacientes con TCA no tienen mucha más adicción que el resto. Por lo contrario, como no son personas que se aceptan físicamente no están todo el día mostrando su imagen», asegura la experta.

Pérdida de control

Hoy en día, ha resurgido el debate sobre la necesidad de respetar el apetito de los niños y niñas. Sobre esta cuestión, la médico nutricionista comenta que «como seres humanos somos capaces de controlar el apetito, el problema surge cuando perdemos este control». Por ello, añade que «el error es permitirle que coma lo que quiera y cuando quiera, ya que no desarrollará el centro de la saciedad correctamente».

En esta misma línea, insiste que «el ser humano tiene que respetar y educar la saciedad, que se alcanza con el aprendizaje». El problema, en opinión de Maite Prieto Cid, es que «hemos perdido el control de las horas de las comidas, es decir, la gente refiere estar comiendo todo el día. Incluso comer lechuga a todas horas también es una dieta incorrecta». Por último, recuerda que «no es una cuestión de hacer dieta, sino de comer saludable y enseñar a los hijos e hijas a hacerlo también».

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