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Un tesoro y tres culturas en el castillo de Miravet

Mediante un juego de pistas, los visitantes descubren el valor de la fortaleza y el legado heredado a través del mestizaje cultural

Sílvia Fornós

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Un momento de la actividad ‘Un tresor, 3 cultures al Castell de Miravet’, el pasado domingo. FOTO: S. F.

Un momento de la actividad ‘Un tresor, 3 cultures al Castell de Miravet’, el pasado domingo. FOTO: S. F.

«B ienvenidos al Castillo de Miravet. Mi nombre es Irene y hoy os acompañaré, porque habéis venido para ayudarme a encontrar un tesoro escondido. Y para ello deberemos conocer la historia del lugar, además de resolver una serie de enigmas y pistas para encontrar las llaves que puedan abrir el tesoro». Con estas palabras, Irene Sabaté Garcia, historiadora y guía de la empresa Iber Arqueologia, Patrimoni i Turisme, dio una entusiasta bienvenida a Èlia, Nil S., Pol, Nil V., Guim, Jan, Irene, Tomás, Isaac, Júlia, Aleix, Toni, Onae y Maialen al Castillo de Miravet. Niñas y niños quienes, junto a sus familias, participaron el pasado domingo en la actividad Un tresor, 3 cultures al Castell de Miravet, que se repetirá los domingos 8 y 22 de agosto, y 5 y 19 de septiembre a les 10.30 horas. 

Tras conocer algunas de las características de la fortaleza, los participantes se dividieron en tres grupos para representar a cada una de las tres comunidades que habitaron el territorio: judíos, musulmanes y cristianos. «Estas comunidades convivieron juntas y en paz, y entre todas escondieron un tesoro para que hoy en día nosotros lo encontremos», aseguró la guía. 
Así, los participantes fueron familiarizándose con los detalles de su cultura, descubriendo, por ejemplo, que «el calendario hebreo empieza… según la Biblia, con la Génesis del mundo, que sucedió el 7 de septiembre de 3760 aC (según la era cristiana)»; o que «el calendario musulmán comienza con la Hégira, la huida del profeta Mahoma hacia Medina, donde se creó la primera comunidad de creyentes de la nueva religión, el 16 de julio del año 622 de la era cristiana»; mientras que «el calendario cristiano comienza en el año 527 con el Papa Bonifacio IV. Antes el calendario era romano. Pero nuestro calendario actual se establece el año 1582 reformado por el Papa Gregorio XIII». 

Tras señalar en un cronograma el año que se crearon cada una de las comunidades, los niños y niñas descubrieron en la misma línea del tiempo la existencia de la Orden del Templo. ¿De qué religión creéis que era? «De la cristiana», respondió Irene, a lo que la guía añadió que «duró del 1153 al 1312, fueron pocos años pero muy importantes». 

Después de este apunte histórico, los participantes tuvieron que echar cuentas –pizarra y tiza en mano– del tiempo de existencia de cada una de las comunidades. Mientras, la historiadora recalcó que «a lo largo de la historia, las tres comunidades han tenido épocas de estar bien y ser amigas, y otras que no lo fueron tanto». 

Las niñas y niños resolvieron diferentes enigmas para hallarel tesoro oculto en el Castillo de Miravet. foto: S. F.

«¿No escucháis un pip-pip, pip-pip, pip-pip?… Es un fax del pasado, del conde de Barcelona Ramon Berenguer IV». Habían viajado en el tiempo una Carta de Franqueses del año 1149, para los judíos; la Carta de Seguretat de 1153 para los musulmanes; y otra misiva para los cristianos en referencia «a la donación del Castillo de Miravet con sus tierras, que he conquistado a los musulmanes, a Pere de Rovera, maestro templario y a todos sus frailes». 

«Este castillo está preparado para la guerra. ¿Podríais nombrar algunos de los sistemas defensivos que se puedan encontrar?» Las comunidades compitieron para ser la que más sistemas identificaba como por ejemplo la muralla, la torre o el río Ebre como defensa natural. Así que la primera en obtener una de las llaves para abrir el tesoro fue la comunidad judía. 
Después, todos se dirigieron al Patio de armas donde la guía desafío a las niñas y niños con otro reto para obtener la segunda llave. «Los monjes templarios resistieron un año entero encerrados. ¿Podríais nombrar algunos espacios imprescindibles para poder sobrevivir?» Así, todos empezaron a corretear arriba y abajo en busca de las estancias, como el granero, la bodega, la cocina, el polvorín… Así fue como la comunidad musulmana obtuvo su llave. 

Seguidamente, entre todos emparejaron diferentes personajes de la historia del castillo con sus objetos cotidianos. Y después apareció un clérigo de Roma con órdenes para las tres comunidades, y aunque intentaron jugar las cartas de seguridad, de nada sirvieron para neutralizar sus exigencias. En la parte final, la tercera prueba fue: «Este castillo contiene ventanas de muchos estilos, pero, ¿podríais encontrar esta tan curiosa?». La comunidad cristiana halló las tres existentes, y como recompensa recibió la última de las llaves. 

Así, todos acudieron en busca de sus cofres, donde descubrieron el legado heredado de las tres comunidades como la imprenta, el arado, los juegos de mesa, los cítricos, las verduras, las matemáticas… Pero faltaba una última pista que seguir en busca de un tesoro en el interior de la iglesia, y que gracias al poder de las comunidades, cristiana, judía y musulmana consiguieron abrir. En su interior permanecía un tesoro aun mayor, una herencia en forma de «lengua, tradición, libertad, gastronomía y conocimiento, todo lo que somos hoy en día», afirmó Irene Sabaté. 

Pero a los niños y niñas les esperaba una última sorpresa. De regreso a casa, en el Cap de la Vila, el músico de Miravet, Èric Vinaixa, Marc Sendra y Julio Pérez interpretaron a pie de calle algunas canciones del álbum La més bonica història (2020), como Gira-sols y Som germans, cuya letra recuerda que «vam aprendre ràpid que la vida et pot fer mal. Érem criatures vora el foc. Totes les històries que baixaven riu avall. Són encara el nostre gran tresor».

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