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Andrés Cota Hiriart: «Comer insectos es una manera de acabar con las plagas sin utilizar pesticidas»

El zoólogo y escritor mexicano, que sobrevivió al ataque de una pitón de cuatro metros, publica ‘Fieras familiares’

| Actualizado a 06 julio 2022 21:49
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Sentir el mordisco ‘con saña’ de una serpiente pitón de cuatro metros no debe ser agradable. Ni siquiera si el reptil es ‘de la familia’ y la víctima, Andrés Cota Hiriart (Ciudad de México, 1982). El biólogo y escritor cuenta esta anécdota y otras muchas que le han acompañado durante su todavía corta vida en ‘Fieras familiares’ (Libros del Asteroide). Un relato ágil y divertido al que el lector, por momentos, asistirá atónito. ‘Fieras familiares’ es una entrañable biografía, pero, ante todo, una llamada a respetar el medio ambiente y a sus habitantes, los mismos que nos empeñamos en diezmar.

Dice que padece una adicción. ¿Es difícil desintoxicarse de ella?
Es una adicción, pero no necesariamente tóxica. A lo mejor es positiva, en este tiempo de deterioro ambiental porque cada vez vamos a necesitar a más gente adicta a la fauna silvestre, aunque sea desde el cautiverio, ya que nos quedamos sin hábitat silvestre en el que puedan vivir. Por otro lado, como toda adicción, no se supera nunca. Solo se controla. Personalmente, sigo siendo apegado a los reptiles y anfibios.

A los de sangre fría...
Les llaman de sangre fría, pero en realidad su temperatura varía poco de la del medio. Pero por usar el término del imaginario colectivo, organismos de sangre fría.

Cuenta unas cuantas anécdotas. ¿Alguna vez ha pasado miedo?
Supongo que uno parte de sus experiencias personales y no hay manera de escapar de eso. Muchos de nuestros temores vienen de a lo que hemos estado expuestos. En mi caso, no sé bien cómo comportarme con los perros. De niño tuve un encuentro violento con uno de ellos, lo que me dejó muy marcado. Los perros me generan este tipo de reacción, así como los caballos. Y eso que la familia de mi papá es de Sinaloa, del campo, de un entorno de rancho de caballos. De niño monté, una vez me caí y algo se quedó. Ahora me dan impresión, pero no los reptiles.

¿King Kong o Godzilla?
Godzilla, 100%.

¿Por qué? Si en resumidas cuentas, King Kong se parece más a nosotros...
Cuanto más contacto tenemos con los demás animales, más te das cuenta de que es un poco al revés. Lo que no se parece a nosotros es mucho más atractivo e interesante. Partimos de la afinidad y pensamos que las leyes naturales, la zoología, opera desde lo que es normal para los mamíferos, para los primates y de ahí vas bajando, pero en realidad cuando descubres los hongos, cómo viven, te vas dando cuenta de que los mamíferos a lo mejor solo somos una capa muy insignificante del árbol de la vida. De alguna manera, nadie depende de nosotros demasiado. En cambio, tú quitas a los hongos de un sistema o a los insectos y se cae todo el tinglado ecológico.

$!El escritor y biólogo Andrés Cota Hiriart. Foto: Santi Cogolludo/cedida Libros del Asteroide

O un ajolote...
Siento que un ajolote, una salamandra que se queda como larva eterna, puede revelarnos cosas muy grandes y valiosas de la vida que de otra manera no descubriríamos si nos quedamos solo con lo que nos es afín. Curiosamente, hay toda una escuela de gente que ve en los ajolotes rasgos humanoides. Creo que los humanos no podemos evitar esto de ver caras en todas partes. Así somos. Vamos buscando similitud. Y cuando empezamos a apreciar al ajolote, buscamos rasgos humanos para justificar que le damos valor.

Usted buscó en él la fuente de la eterna juventud.
Pues sí. Aunque es una manera un tanto poética de hablar del ajolote. Y es una manera efectiva para generar que brinde curiosidad a otras personas. Pero en realidad, no es que sean eternamente jóvenes, es que son larvas que llegan a viejas.

Cuando habla de salvaguardar el planeta, hace referencia a ‘tirar la basura’ en terceros países.
Es una reflexión, ya que por más ecologista que se catalogue un país, como por ejemplo Noruega, después es de los que más basura exporta. La mayoría lo hacen a China e Indonesia y a otros en vías de desarrollo, que cobran un dinero por hacer desaparecer la basura de los países ricos.

Nadie depende de nosotros demasiado. En cambio, tú quitas a los hongos de un sistema o a los insectos y se cae todo el tinglado ecológico

También hace referencia a los cambios que ha sufrido México en los últimos tiempos.
Es muy simbólico y palpable, aunque no creo que sea una situación específica del país. El transcurrir del día cotidiano cada vez es más complicado. Es decir, las transnacionales cada vez más tienen carta blanca. Pensemos por ejemplo en Monsanto y en cómo está cambiando el agro a nivel mundial sin que ningún país le ponga un candado. Incluso muchos hasta le dan incentivos porque Monsanto es una fábrica de dinero para el país. Estamos hablando de semillas que solo pueden crecer con el herbicida que ellos mismos venden, con el plaguicida. Por poner un ejemplo muy claro de algo que creo que pasa a muchos niveles.

En relación con los plaguicidas, incide en la problemática extinción de los insectos. Por otro lado, la OMS recomienda que nos los comamos. ¿No es una contradicción?
Sí y no. La extinción masiva de insectos, el insecticidio, que se le llama, es innegable. Hasta un 40% de los insectos están declinando a una velocidad aceleradísima, lo que quiere decir que en un par de décadas, probablemente estén extintos buena parte de ese medio millón de especies, que es muchísimo. Por otro lado, la entomofagia, que es consumir insectos, se perfila como una posible dieta del futuro para sostener a una población creciente.

¿Entonces?
No quiere decir que nos comamos las especies que están declinando porque la entomofagia parte de los insectos que muchas veces son plagas para nuestros cultivos. Son insectos que igual estamos matando con plaguicidas. Ese plaguicida que se usa para matar una especie de oruga o un saltamontes que ataca el cultivo, mata todo lo demás. Es como un napalm. Pero imaginémonos que en lugar de usar plaguicidas, nos comemos esos insectos. Entonces, estamos matando dos pájaros de un tiro, quitando un problema muy gordo en el mundo, que son los plaguicidas. Al mismo tiempo, estamos sacando ventaja de la plaga, nos la estamos comiendo. La tercera pata es su aporte proteico.

¿Cómo son de saludables?
El aporte proteico que dan los insectos es mucho mayor que el que dan los vertebrados. Un saltamontes tiene 2.5 veces más proteína que una res y además nos lo estamos comiendo entero, nos está dando una complejidad nutricional muchísimo más alta que si solo comemos un muslo de una vaca. Y son también más sostenibles. Para generar un kilo de vaca necesitas 100 kilos de materia vegetal, además de agua y terrenos extensivos. Y para crear 1 kilo de saltamontes necesitas solo 10 kilos de materia vegetal, prácticamente no necesitas agua y ningún terreno. Es un mundo en el que cada vez tiene más sentido volver a esas prácticas.

$!Andrés Cota Hiriart: «Comer insectos es una manera de acabar con las plagas sin utilizar pesticidas»

Existen barreras culturales.
Pero los humanos siempre hemos comido insectos. El Homo sapiens y nuestros antepasados. De hecho, gran parte de nuestra dieta eran insectos. En muchos lados del mundo se siguen comiendo, por lo que no es una contradicción. Es decir, comer insectos no significa que no se haga todo lo posible para que no se extinga el grueso de ellos.

¿Los matan los plaguicidas o el cambio climático?
Muchos de ellos se están extinguiendo por los plaguicidas, por los monocultivos, que siguen creciendo a pasos agigantados y en gran medida por el cambio climático. Los insectos sirven como una primera trinchera que nos puede dejar ver lo que va a pasar con todos los otros seres vivos. A los insectos ya les está pasando esto que se habla tanto de qué consecuencias va a tener el cambio climático. Un grado o dos para muchísimas especies y estamos hablando de cientos de miles de especies, resulta fatal. Por ejemplo, muchos escarabajos. Está demostrado en laboratorio que subes la temperatura durante cinco o seis días por encima de lo óptimo y los espermatozoides se quedan inertes. Entonces ya no se reproducen, ergo, empiezan a declinar.

Parece que no seamos conscientes. Cuando no tengamos animales, ¿qué haremos?
Arrepentirnos. Esto lo hacemos los humanos, no darnos cuenta de las cosas hasta que es demasiado tarde y luego pasarnos el resto del tiempo lamentándonos. El colapso ambiental es inevitable. Lo que sí se pueden mitigar son las causas y en ese sentido, darle un poco más de tiempo a ese colapso ambiental para que no sea tan inmediato. Y quizás, si se alarga el tiempo, también podamos reflexionar. La extinción masiva de insectos, por no decir de todas las otras especies, es algo que desde hace muy poco se empieza a hablar en los medios, pero mucha gente a día de hoy todavía no es consciente de esto. Hay algunas especies a las que les quedan cinco individuos y otras, que a lo mejor les quedan dos años de vida. Pero en cualquier caso, en términos biológicos, el día de mañana no van a estar aquí. Los 70 u 80 años que vive un ser humano, en realidad no es nada en términos biológicos, planetarios. Y en esta generación están sucediendo todos estos cambios. Eso es lo duro, por eso se habla de extinción masiva.

Finalmente, sí que lo han comparado con Gerald Durrell.
Es algo que no fue deliberado. La vida de Durrell fue de una magnitud mayor porque además, el mundo silvestre era otro en aquel entonces. Sus libros, que yo leí cuando era bastante pequeño, los entendía como libros de entretenimiento. Creo que Durrell tuvo mucha culpa de lo que yo después terminé haciendo, de esta afición que yo terminé llevando hasta esas consecuencias porque fueron los primeros recuerdos que tenía. Él tiene un pasaje sobre un varano y eso fue lo primero que se materializó en mi cerebro. Y luego, que un varano se podía, de alguna manera, manejar y que tuviera crías. Eso sembró en mi cabeza un shock. Por lo tanto, la comparación con Durrell me honra mucho.

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