Berlanga. Cien años del genio que nos retrató

Este 2021 se celebra el centenario de Luis García Berlanga. Exposiciones, libros y ciclos homenajean al cineasta que mejor retrató la España de la segunda mitad del siglo XX

| Actualizado a 28 junio 2021 07:18
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José Luis Borau propuso una definición de “berlanguiano” para el Diccionario de la lengua española: “situaciones absurdas, comicidad cáustica y enfoques grotescos que a veces proliferan en una sociedad difícil de meter en cuadro”. La que finalmente ha aceptado la RAE este año en el que se cumplen cien del nacimiento de Luis García Berlanga es mucho más sosa y amplia y se queda en un frío “perteneciente o relativo a Luis García Berlanga” y “Que tiene rasgos característicos de la obra de Luis García Berlanga”. Luis Alegre, que conoció a Berlanga en 1984 durante el rodaje de La vaquilla en Sos del Rey Católico, explica en el libro ilustrado ¡Hasta siempre, mister Berlanga! (Random Comics) que el cineasta valenciano “colocó un espejo y nos vimos deformados, pero nos reconocimos de inmediato”. 

Berlanga nació el 12 de junio de 1921 en Valencia y aun así, decía él mismo, era un pesimista. Durante mucho tiempo, casi hasta el final de su vida, Berlanga creyó que su nacimiento coincidió con la batalla final del Desastre de Annual, que en realidad tuvo lugar entre finales de julio y principios de agosto de 1921. Quizá era una manera de ligar su destino al desastre y forjar “su leyenda de imbatible pesimista experto en retratar desengaños y derrotas”, como escribe Alegre. Ese no es, claro, el único libro que ha aparecido aprovechando el centenario del cineasta que inaugura su propio género: se ha reeditado también el libro de conversaciones El último austrohúngaro (Alianza editorial) con Manuel Hidalgo y Juan Hernández Les; Miguel Ángel Villena ha obtenido este año el premio Comillas con Berlanga. Vida y cine de un creador irreverente (Tusquets).

La Filmoteca española ha programado un ciclo con las películas de Berlanga en el cine Doré, coedita un libro colectivo en dos volúmenes, Furia española. Vida, obra, opiniones y milagros de Luis García Berlanga (1921-2010), cineasta y además ha realizado entrevistas con diferentes cineastas españoles, en colaboración con el Institut Valenciá de Cultura, entre otras instituciones, disponibles en la red. Es solo la punta del iceberg de las celebraciones del centenario, se añade también la apertura de la caja fuerte depositada en el Instituto Cervantes en 2008, dos años antes de su muerte, y que reveló un guion: Viva Rusia, que se unía a la serie de La escopeta nacional, Patrimonio nacional y Nacional III. El contenido de la caja pasa a integrarse en la muestra Berlanguiano. Luis García Berlanga 1921-2021 que acoge la Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la que Berlanga era miembro. El Año Berlanga es un pretexto fabuloso para revisar o ver por primera vez sus películas; muchas de las cuales forman parte del imaginario popular español. 

En la caja fuerte del Instituto Cervantes, abierta hace unas semanas, guardó un guion nunca rodado, ‘Viva Rusia’, que cerraba la serie nacional.

Berlanga explicaba que para él, a pesar de todo, la Guerra Civil tuvo algo de largas vacaciones. Poco después, marchó como voluntario a la División Azul, explicaba esa decisión como el fruto de una mezcla de rebeldía familiar que le hacía sentir veleidades falangistas y al mismo tiempo, creía que ese alistamiento voluntario podría interpretarse como un sacrificio que aliviaría la condena a pena de muerte de su padre. A la vuelta del frente ruso se instaló en Madrid y se matriculó en el Instituto de Investigación y Experiencias Cinematográficas. Allí conoció a Juan Antonio Bardem, en quien vio un cómplice, el primer interlocutor, y el primer aliado. Juntos rodaron y codirigieron Esa pareja feliz (1951), y colaboraron en los guiones de Bienvenido, Mr. Marshall y Novio a la vista.  

El otro encuentro feliz, sobre todo para la historia del cine, es el que se produce con Rafael Azcona. Como explica Fernando Trueba, los dos se van a complementar muy bien para retratar una sociedad con mucha crudeza sin dejar de ser divertida. En Luis García Berlanga. El sentimiento austrohúngaro de la vida, documental de David Herranz y Alberto Bermejo para Imprescindibles, de TVE, se rescatan fragmentos de entrevistas a Azcona y Berlanga donde cuentan su método de trabajo: pasar unas dos horas, desde el mediodía hasta la hora de comer, sentados en un café o en una terraza hablando un poco de todo. Hacia el final surgía algo de lo que tirar, y cuenta Azcona que nunca empezaba a escribir antes de saber cómo acababa. En este método sencillo hay un detalle fundamental: que estaban atentos a lo que sucedía alrededor, que prestaban atención y oído a las conversaciones, a los gestos, a los detalles, que son fundamentales en sus películas para construir esa impresión de realidad. El resto es historia: Plácido (1961),  El verdugo (1963), Tamaño natural (1974), con guion de Jean-Claude Carrière, La vaquilla (1984), Todos a la cárcel (1994) y su último largo, París-Tombuctú (1999). Entre tanto, además, dirigió la colección de literatura erótica “La sonrisa vertical” en Tusquets, presidió la Filmoteca Nacional –de cuyo cese se enteró casi accidentalmente en un encuentro con Javier Solana que reveló el despido casi sin querer; la anécdota aparece recogida en Todos a la cárcel– y tuvo también un espacio erótico en La esquina de la noche, de RNE. El erotismo fue su otra gran pasión y se cuela también en sus películas. 

Su encuentro con Rafael Azcona forjó un tándem feliz y fructífero: juntos retrataron su sociedad con crudeza, sentido del humor y humanidad

Berlanga hizo de la necesidad virtud tanto en el contenido como en la forma: usaba el plano secuencia, que le permitía disponer a los personajes y desarrollar las escenas y le liberaba de la técnica y precisión que requieren otros movimientos de cámara. Se centró en perdedores y antihéroes, como él creía ser, que tratan de mejorar su vida de manera más o menos limpia y que acaban en la misma situación o peor. Convirtió el encargo de una película con folclórica en una fábula ácida sobre el plan Marshall, por ejemplo. Sus películas traspasan el costumbrismo y se convierten en universales, en parte porque su interés por lo que llamaba “la biología” las convierten en retratos humanistas.

Él, que tanto bebió del neorrealismo italiano y que tanto admiró a Billy Wilder, entre otros, nos dio tantas reflexiones sobre la condición humana cómo estamos constreñidos por nuestras circunstancias como sus maestros. En el final de El verdugo, una de sus obras maestras, el verdugo novato tras entregarle el dinero por su primer servicio a su mujer, el verdugo novato dice que no lo hará más. Su suegro, con el bebé en brazos, responde quitándole importancia: eso mismo dije yo la primera vez. Nuestro nadie es perfecto.

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