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Carla de La Lá: «La mujer de hoy no vive más feliz ni está más liberada»

‘Qué te importa que te ame’ (Planeta) es la primera novela de la periodista, que habla de amigas, perros y un fantasma con mucho que contar, en una España cambiante

| Actualizado a 28 julio 2022 09:24
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Las vidas de España, una carismática señora de la jet set madrileña y Lulú, una joven mexicana que busca empezar en otro lugar, coinciden sin remedio una tarde en el Retiro. Diametralmente opuestas, pronto se darán cuenta de lo mucho que se complementan. Además, no estarán solas. Las acompañará en todo momento Venezia, un fantasma con mucho que decir. Son las protagonistas de Qué te importa que te ame (Planeta), una historia impúdica, aunque elegante, para los amantes de los retratos de sociedad, con la que la columnista y periodista Carla de La Lá se adentra por primera vez en la ficción, resultado de cuatro años de trabajo.

¿En algún momento se ha sorprendido visualizándose en su funeral?
Muchas veces he pensado en mi funeral. De hecho, en una ocasión tuve una conversación con mi agente de seguros, que pretendía vendérmelo. Entonces yo tenía 40 años. Fue una charla muy divertida, que después reproduje en la novela.

Se la dedica a su madre. ¿Es autobiográfica?
Yo diría que hay muy pocas cosas que no son nuestras. Realmente, casi todo lo que cuento es real, los personajes y las situaciones, salvo dos o tres detalles. Menos Venezia, que está muerta. Mi madre es mexicana, yo he nacido en España y he vivido aquí casi toda la vida, aunque he viajado muchísimo a México. Entonces, en la novela han estallado esos dos mundos, a los que pertenezco y a los que tanto quiero.

México y España, ¿Son más las cosas que nos unen que las que nos separan?
No sabría decirte. Nos separan muchas cosas y nos unen otras. Nos une el idioma, eso es muy importante. No solo con México, sino con toda Latinoamérica. Nos une que todos somos seres humanos y bípedos. Pero poca cosa más porque yo creo que el sentir es muy diferente, por no hablar de los antecedentes históricos, sobre los que no se ponen muy de acuerdo, tampoco.

Muchas veces he pensado en mi funeral. De hecho, en una ocasión tuve una conversación con mi agente de seguros, que pretendía vendérmelo. Fue una charla muy divertida, que después reproduje en la novela

Cuando empieza la novela y Lulú llega a Madrid, la reciben con condescendencia o incluso con desprecio. Y en realidad ella venía de una casa bien.
Es muy habitual que se asocien extranjeros, especialmente latinos, con inmigrantes. Producen desconfianza, ciertos prejuicios que se tienen con los que son de fuera, con los que no conocen de toda la vida o que no se parecen mucho a ellos. Efectivamente, en un momento, además, en el que el tema de las razas y de la inclusión había evolucionado muy poquito, porque era en pleno franquismo, a esta mujer más morenita, que llega sin mucho dinero y sin mucha experiencia, muy joven, realmente la trataban como si se acabara de bajar de un árbol.

Cuando habla de España, como mujer, como personaje, y dice que es muy envidiosa. ¿Es una metáfora de la sociedad de aquel momento?
Por supuesto. España, el personaje, es toda una metáfora de lo que fue España país en el siglo XX. España nace en una familia franquista, muy machista, muy católica, en la sociedad madrileña, donde lo único importante es el qué dirán y que una mujer debe encontrar a un buen hombre al que haga sentir muy feliz o bien, hacerse monjita. De repente, España es de las pocas mujeres que empieza a soltar ese lastre, que se da cuenta de que no va con ella y que decide pagar el precio, que es muy alto, por salirse de los raíles de la sociedad estamental establecida. Se sale y se convierte en una iconoclasta. Esto es paralelo con lo que ocurre realmente en España país en el siglo XX, que empezó como empezó, pero a partir de los años 70 la cosa comenzó a cambiar hasta la actualidad.

Una decisión que comportaba muchos riesgos. Incluso el de prisión, en el caso de adulterio.
Desde luego, el divorcio no fue legal hasta el 81. Es cierto que algunas mujeres se separaban, sobre todo folclóricas y famosas, como Carmen Sevilla o Isabel Presley, porque tenían mucho dinero y eran de la farándula, aunque en la sociedad se las consideraba poco menos que prostitutas y ninguna familia bien las veía de otro modo. Por no hablar de que en esa época no se podía pedir una pensión por los hijos y si el marido las maltrataba, el comisario se reía de ellas. Eso era así. Afortunadamente, esto ha cambiado, aunque ese tipo de situaciones son las que se muestran también en esta novela.

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Como lectora femenina, el personaje de Ernesto no provoca gran empatía.
Creo que es el único personaje que no me cae muy bien. Posteriormente, me ha dado pena. Es un personaje muy necesario, ¿quién no ha tenido en alguna ocasión una pareja que no haya estado a la altura?

La novela es todo un recorrido por un siglo de historia entre ambos países. Tiene desde la farándula hasta Felipe González o Los ángeles de Charlie.
A lo largo de 90 años y a pesar de que la historia es ficción, he querido darle mucha verosimilitud, añadiendo situaciones absolutamente reales. Ya en México empezamos con Frida Kahlo, Trotsky o Agustín Lara, que son reales, diseñadores de moda y lugares. Y en España lo mismo, desde Lola Flores hasta políticos como Suárez o Felipe González. Esta novela he tardado en escribirla cuatro años y ha sido un gran esfuerzo de investigación. He visto muchos capítulos del NO-DO, por no hablar de todo lo que tenía que investigar sobre la cultura mexicana, desde la flora y la fauna hasta cómo vestían, cómo hablaban o lo que hacían.

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De los capítulos del NO-DO, ¿Hay alguna cosa que la haya sorprendido, viéndolo ahora en perspectiva?
No demasiado. Me di cuenta de que sabía mucho más sobre el franquismo de lo que creía. Es verdad que se nos ha hablado mucho. Quizás lo que me ha sorprendido y divertido al mismo tiempo es que las clases económicas más altas, los artistas, los famosos, se tocan en su libertad con las más bajas. Eso pasaba en el siglo XX. Es decir, la moral pertenecía a la clase media, eran los guardianes de las buenas costumbres, de la religión católica, los que sentían vergüenza de mezclarse con los demás. Pero las personas pobres y los artistas hacían lo que les daba la gana, en eso se igualaban y es muy divertido.

¿Usted es más de perros o de gatos?
Claramente de perros, aunque también quiero mucho a los gatos, a todos los animales. He tenido gatos y perros, pero soy perruna y de hecho, los dos perros que aparecen en la novela son los míos con su nombre y todo.

He tardado cuatro años en escribir esta novela y ha sido un gran esfuerzo de investigación. He visto muchos capítulos del NO-DO, por no hablar de todo lo que tenía que investigar sobre la cultura mexicana

He leído que en sus fiestas conviven fanáticos de Vox y Podemos. ¿Eso es así?
Sí.

¿Y cómo lo ha conseguido?
Eran fiestas anteriores a la Covid. Hacía muchas fiestas multitudinarias en casa y asistía a muchas otras, aunque las mías eran mejores. Yo soy muy tolerante con las ideas del prójimo. Además, mis padres son muy humanistas. En mi casa todo el mundo piensa lo que le da la gana y se respeta la opinión distinta. Entonces, yo he crecido siendo así. Tengo amigos que, efectivamente, votan a extremos; otros que no votan. Tengo amigos muy religiosos, otros ateos y a todos los aprecio muchísimo. Siempre y cuando sean educados, agradables y mantengan cierta compostura mientras estén en mi casa.

En este siglo de historia, ¿en qué hemos mejorado?
En la liberación de la mujer. La independencia económica actual nos facilita quedarnos o largarnos, si queremos. No como ocurría antes en España, que para irse de su marido las mujeres sabían que iban a pasar hambre. Ahora no. Ahora las relaciones son más por complacencia. Pero dicho esto, que es bueno porque impide que se den ciertos abusos que estaban a la orden del día, tampoco creo que las mujeres de hoy vivamos más felices ni más tranquilas ni estemos más liberadas. Desde luego, ni me siento muy tranquila ni muy liberada. Soy una mujer que trabajo 24x7, como una moto, como una peonza todo el día y mi madre se muere de risa de lo liberada que estoy. Y a mi alrededor veo lo mismo. Las mujeres de hoy hemos comprado una moto muy loca donde al final, libres no somos. Estamos muy achuchadas y eso se ve en todas las consultas psiquiátricas.

¿Hay más mujeres?
Muchísima mujer con ansiedad, muchísima mujer con estrés, tomando pastillas. La mujer del siglo XXI no está muy tranquila, a pesar de que hemos ganado muchas cosas. No sé cómo será el futuro, pero no tengo muy claro que nuestras hijas vayan a ser más felices que nuestras abuelas.

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