Encuentros
Kristen Stewart: la estrella insurgente, por Violeta Kovacsics
La actriz estadounidense debuta como directora de largometraje con “La cronología del agua”

Imogen Poots en la película de Kristen Stewart.
En una entrevista, preguntada sobre qué la había hecho ser directora, Kristen Stewart respondió: ser actriz. Así, La cronología del agua, la primera película de Stewart como directora, es claramente una suerte de continuación de su carrera como actriz. O, si se quiere, de la construcción de su imagen como estrella. Nadie encarna mejor que Stewart la subversión de lo que Hollywood considera un astro. Su trayectoria es sin duda su gran obra, pues ha sabido crear una imagen única, convirtiéndose, casi, en la primera estrella queer dentro de un Hollywood que desde su período clásico insistió en guardar a las estrellas LGTBIQ en el armario.
En el fondo, hay que pensar en Stewart como agente, más allá de como una simple actriz. En sus interpretaciones siempre hay algo en términos feministas y queer que la sitúen en una posición más autoral. Es a partir de esta noción de autoría que la trayectoria de Stewart desemboca en “La cronología del agua”, película que presentó en el festival de Cannes y que ahora se estrena en nuestra cartelera. La ópera prima de Stewart es, también, la historia de un personaje con gran tesón. En este caso, la protagonista está inspirada en la escritora Lidia Yuknavitch. A partir de un trabajo eminentemente sobre las texturas y la fragmentación, “La cronología del agua” narra una historia de superación: de los abusos de la infancia a una suerte de resistencia a partir de la pasión de la protagonista por la natación.
'La cronología del agua' es una continuación de la carrera de Kristen Stewart como actriz
La película, claramente, quiere escapar del molde de lo normativo, y pretende acercarse a unas formas narrativas y estéticas más cercanas a lo artístico. Es algo coherente si atendemos al viaje que ha hecho la propia Stewart. Ella, que fue una de las jóvenes estrellas de Crepúsculo, se ha ido alejando de aquello que la catapultó a la fama. Algo similar sucedió con Robert Pattinson, quien, al menos durante un tiempo, decidió dejar a un lado las grandes producciones para ponerse en manos de autores arriesgados y de universos personalísimos como David Cronenberg y Claire Denis. En el caso de Stewart, hay dos grandes momentos dentro de su filmografía. El primero es su primer trabajo con Olivier Assayas, el cineasta que quizá mejor ha entendido a Stewart como signo de nuestro tiempo. En Sils Maria, en Personal Shopper y, más adelante, en la serie Irma Vep, Assayas construyó para Stewart una serie de personajes que tienen mucho de la propia actriz. Al evidenciarse como estrella, como signo reconocible, como figura líquida, Stewart alcanzaba una profundidad única.
Olivier Assayas entendió mejor que nadie a Stewart como signo de nuestro tiempo
El otro gran momento de Stewart tuvo lugar fuera de la gran pantalla, cuando en el Saturday Night Live se metió con Donald Trump para reconocer, por primera vez en público y en prime time, que era gay. La declaración no era cualquier cosa, sobre todo en un entorno a veces tan conservador como el estadounidense. Pero, sobre todo, aquella constatación le permitió a Stewart comenzar a construir una obra en la que constantemente trabajaba con lo queer. Certain Women, Lizzy, Happiest Season, Los ángeles de Charlie, Crímenes del futuro, Sangre en los labios e incluso su interpretación de Lady Di en Spencer: todas ellas estaban atravesadas por el signo de lo queer.
Es solo a partir de esta trayectoria que se puede explicar una película como La cronología del agua, que se presenta claramente a partir de la premisa de una actriz que ha compuesto su carrera como si fuese cineasta; y de una cineasta que ha pensado como actriz.