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«Preocupa que el uso abusivo de internet esté normalizado»

Carmen Osorio, experta en adicción tecnológica, apuesta por que el mundo educativo dé un paso atrás: «No se trata de echar la tecnología de los colegios, pero sí de que los libros vuelvan a ser los protagonistas»

18 marzo 2024 07:00 | Actualizado a 18 marzo 2024 07:00
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Carmen Osorio, periodista experta en gestión de redes sociales y adicciones tecnológicas, visitó el jueves pasado La Canonja para pronunciar la conferencia ‘Adictos a la tecnología’. Una charla, organizada por Institució Tarragona (Aura Turó), en la que desgranó algunas claves para conseguir tener una relación saludable con las pantallas y reflexionó sobre cómo hacer un buen uso de la tecnología.

¿Existe una adicción como tal a la tecnología?

A día de hoy, la adicción a internet no está catalogada como enfermedad mental, pero sí que hay unos síntomas que son los mismos que los de otras enfermedades conductuales, como puede ser una ludopatía, o una adicción al sexo, a las compras o a la comida. Aunque esta adicción a internet, o a las redes, no está catalogada como tal, no quiere decir que no haya un uso compulsivo y problemático. Lo preocupante de esto es que se ha normalizado un uso abusivo de internet y de las redes y esto no nos permite ver que esto es un problema.

¿Los jóvenes son más vulnerables?

Sí, mucho más. La edad es un factor de riesgo para cualquier adicción. Los adolescentes miden menos los riesgos, tienden a probar cosas nuevas, etc. Y es una franja de edad en la que son más vulnerables. Pero no solo en la adolescencia, sino también en la infancia. De hecho, la OMS y la Asociación Americana de Psiquiatría dicen: cero pantallas antes de los 2 años.

Usted habla de educar en tecnología. ¿Cómo se consigue?

Es asumir que hay unas edades para según qué cosas y lo que ha pasado es que nos hemos ido adelantando. También se logra con el acompañamiento a los menores, siempre respetando que no adelantemos las cosas. Educar en tecnología también es supervisión por parte de los padres cuando le damos un móvil a nuestros hijos y vemos qué aplicaciones se descargan e imponemos unas normas y límites de usos y tiempos. Se trata de que haya mucha implicación por parte de los padres y retrasar el uso de ciertos dispositivos.

¿Qué riesgos corremos si educamos mal en tecnología a nuestros hijos?

Muchos. Hay riesgos para el bienestar físico y mental. Por ejemplo, si a un niño muy pequeño le das muchas horas de pantalla al día estás mermando sus habilidades de comunicación y de socialización. En la adolescencia también vemos problemas con las habilidades comunicativas y sociales porque se están acostumbrando a comunicarse solo por Whatsapp y no saben hacerlo cara a cara. También están los riesgos que implican los contenidos a los que pueden acceder, desde violencia, pornografía, etc., que cambian su manera de ver el mundo y repercuten en cómo se sienten ellos. Otros riesgos: pues mayor tiempo de exposición a las pantallas implica un mayor sedentarismo, o la vista. Y, sobre todo, las conductas de riesgo, porque ven cosas en redes sociales que creen que pueden hacer. Y, por último, más probabilidades de acabar generando una adicción.

Y si educamos bien en tecnología ¿qué beneficios obtendrán nuestros hijos?

Hacer una buena educación digital va a pasar por retrasar el uso de la tecnología. Si hacemos esto y hemos cumplido con los tiempos de uso de las pantallas y nuestros hijos han accedido a contenidos acordes a su edad, vamos a tener adolescentes con una mejor autoestima, con mayor espíritu crítico, que no tengan la necesidad de validarse constantemente en personas que no conocen, va a haber más ocio en otras actividades, etc. Esto va un poco en colación con lo que ha pasado en los colegios, que parece que ahora quieren desdigitalizarse un poco.

¿Existe una edad mínima antes de la cual no deberíamos comprar nunca un smartphone a nuestro hijo?

Siempre va a depender un poco del menor. No hay una edad perfecta, pero es que los adultos tampoco estamos haciendo un buen uso de la tecnología, porque todos estamos un pelín enganchados. Pero sí que creo que si tuviésemos que decidir una edad, como lo hacemos para votar o conducir, los 16 años es una que muchos expertos están barajando.

¿Es partidaria de que se prohiba el uso de los teléfonos móviles en colegios e institutos?

En los colegios que se permitió el uso del móvil y después se ha quitado se ha visto una mejoría en cuanto al nivel académico y de relaciones sociales y conflictos. Por no hablar de la socialización. Creo que era necesario decidir que en los colegios no entrasen los móviles porque es un elemento de distracción y de conflicto. Al final, van al colegio a socializar y a aprender.

¿Qué se puede hacer desde el mundo educativo para contribuir a un buen uso de las tecnologías?

En algunos países, como Suecia, han empezado ya el proceso de desdigitalización. Porque han visto que se ha perdido la propia escritura. En un reciente experimento de universidad, un profesor les dijo a sus alumnos que no llevasen su ordenador a clase y que tomasen apuntes a mano. Los propios alumnos dijeron que habían aprendido más. Estos experimentos explican muy bien lo que ha pasado: que hemos dejado todos en manos de la tecnología.

¿Debería, pues, hacer autocrítica el mundo educativo?

Ya lo está haciendo. En coles a los que voy estoy percibiendo un poco de arrepentimiento, en el sentido de reconocer que habría que dar un poco de marcha atrás. Uno de estos pasos, que habría que dar ya, sería dejar que los niños tengan sus libros en papel y no en una pantalla de ordenador. No se trata de echar la tecnología de los colegios, porque es una herramienta que tiene muchas utilidades, pero que los libros vuelvan a ser protagonistas. Hay que usar la tecnología con moderación y a las edades que toca.

La OMS alerta de que 3 de cada 10 menores hacen un uso adictivo de las tecnologías. ¿Qué parte de culpa tenemos los padres?

A mí no me gusta hablar de culpa, sino de responsabilidad. Hace ocho años no teníamos la información que tenemos hoy. Ahora que ya empezamos a saber las consecuencias, somos responsables de dar a nuestros hijos una herramienta sin la supervisión adecuada, sin el acompañamiento necesario, sin cuestionarnos determinadas cosas o sin mirar si las aplicaciones en las que están son para su edad. Somos responsables de no dejarles que se aburran, porque el aburrimiento es la clave de la creatividad. Somos responsables de todo lo que signifique un uso abusivo, temprano o desmedido de esas pantallas y somos nosotros los que les damos esta herramienta. Es incómodo ir a contracorriente y ser el único padre de clase que no deja a su hijo de 13 años tener un smartphone, pero es lo correcto para su bienestar mental y para que sus habilidades comunicativas y sociales avancen.

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