El inestimable olfato de Rómel contra el cáncer

Manuel Álvarez-Xagó publica El camino imposible, una novela de personajes de huella profunda.

| Actualizado a 12 febrero 2022 11:20
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Fulgencio Vallejo y Sofía Laude, dos jóvenes médicos graduados en Boston, deciden rescatar a un cachorro sucio y maloliente de entre las cajas de cartón apiladas junto a un restaurante. En ese momento aún no lo saben, pero ese perro inesperado que se llevan a su casa y al que llamarán Rómel, se convertirá no sólo en su mejor amigo y vigía, sino también en el trampolín para hacer un vital descubrimiento científico. El camino imposible es una novela de Manuel Álvarez-Xagó, publicada por Roca Editorial, que recupera el protagonismo de los perros, tan esenciales en la vida misma como en la literatura

Tras un accidente doméstico sin importancia, queda clara la capacidad olfativa del animal. Y a pesar de los obstáculos que deben superar dentro de la universidad donde trabajan y frente a sus propios compañeros de oficio, Fulgen y Sofía demuestran que el olfato de los perros, como Rómel, que es su mayor campo de pruebas, puede detectar con mucho tiempo de antelación células cancerosas en pacientes enfermos. Esa previsión es lo que permitirá ayudar a combatir esta enfermedad, cuya mortalidad está estrechamente relacionada con el hecho de que se descubra demasiado tarde.

 

 

Cuando los Vallejo-Laude comienzan a saborear el éxito y el reconocimiento de su minucioso trabajo, deciden hacer un alto y viajar a Asturias para reencontrarse con sus familiares, el mar y la tierra. Pero la fatalidad acecha...

El camino imposible es una historia de personajes de huella profunda que pone sobre la mesa un tema de gran actualidad ya que recientes estudios médicos desarrollados en universidades americanas concluyen de forma rotunda que los perros pueden detectar con una precisión extremadamente alta el cáncer de pulmón. También, en menor medida, el de mama y el colorrectal, con una fiabilidad cercana al 100% (http://perrosdedeteccion.com/). 

Esta alternativa supone una opción mucho más económica, exacta y fiable que las tomografías computerizadas y por emisión de positrones, medios que se utilizan habitualmente para la detección precoz de la enfermedad. Un estudio reciente realizado en la Universidad de Medicina Osteopática de Lake Erie, en Pennsylvania, trabajó con un grupo de Beagles, raza que pertenece a la familia de los sabuesos, porque tienen 225 millones de receptores olfativos, mientras que los humanos tenemos 5 millones.

 

«Esto no significa que sustituya a otras pruebas, pero sí que ayuda, complementa un diagnóstico precoz, que es lo importante en esta enfermedad» (Ingrid Ramón).

Al cabo de 8 semanas de estudio, los perros distinguieron satisfactoriamente entre las muestras con cáncer y las que no tenían la enfermedad, con un 97,5% de especificidad y un 96,7% de sensibilidad. Para ello, fueron sometidos a un aprendizaje mediante el cual clasificaron los olores hasta identificarlos con biomarcadores delatores. 

Por su parte, Ingrid Ramón, adiestradora canina, colaboró en un estudio realizado en el Hospital Clínic de Barcelona para la detección precoz de esta enfermedad, con resultados muy esperanzadores que, sin embargo, hubo de frenar a causa de la Covid. Ingrid cuenta que Blat fue entrenado para esta misión mediante el adiestramiento positivo, que consiste en que el perro encuentre un olor a cambio de un premio. «Igual que otros perros usan su olfato para encontrar explosivos o drogas, pensé que también se podía utilizar en la búsqueda del cáncer, al final, sea cual sea el resultado, ellos lo asocian con una recompensa».

Ingrid Ramón había tenido contacto con perros detectores de cáncer de ovarios en EE.UU. «Me conocían en el hospital por algo que habíamos hecho antes con casos de diabetes, así que me invitaron a participar y el resultado fue estupendo, aunque no dio tiempo a aplicarlo de manera clínica. Eso no significa que esto sustituya a otras pruebas, pero sí que ayuda, complementa un diagnóstico precoz, que es lo importante en esta enfermedad».

Para Ramón, no hay razas especialmente destinadas a esta acción, sino perros que sí deben cumplir una serie de requisitos: «Equilibrio, amor a los juegos, capacidad de intercambio, motivación… todo esto debe formar parte del animal. Cualquier perro es capaz de oler lo que nosotros los humanos no podemos», sentencia.

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