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    Emilio Ortiz: «La violencia de género es un tipo de terrorismo que rompe la sociedad»

    El autor cambia de registro con ‘Las mujeres de los mil nombres’

    07 diciembre 2023 19:26 | Actualizado a 07 diciembre 2023 20:40
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    Rosa Parks es una joven militante feminista de veintiún años. Aurelia es una mujer prostituida que ha sufrido malos tratos y que un día el destino arrojó por el precipicio de la vida. Las mujeres de los mil nombres es la nueva novela de Emilio Ortiz, publicada por Bunker Books, en la que cambia totalmente de registro. Aparca momentáneamente a sus perros guía para adentrarse en las entrañas del feminismo. Emilio Ortiz es autor de libros como Seis patas, dos amigos o Mil maneras de darte las gracias, entre otros.

    ¿Por qué este cambio de registro?
    Ha sido algo muy arriesgado, pero lo necesitaba el cuerpo y la mente porque etiquetarse, quizás desde el punto de vista comercial y económico te genera una seguridad, pero desde el punto de vista psicológico e intelectual te ancla en un estado de no avanzar. Entonces, yo creo que he dado un pasito más allá, no por demostrarme ni por demostrar a nadie que puedo escribir de otras cosas, sino porque necesitaba escribir de otras cosas ya que llevaba este libro dentro y tenía que salir por algún lado y así ha sido.

    Es un libro sobre mujeres, pero ¿es un libro feminista?
    Se podría catalogar de libro feminista al igual que La Lista de Schindler se puede catalogar de novela antifascista. No lo sé. Yo soy aliado del feminismo, eso sí que lo tengo claro, pero como autor creo que debo ser, no sé si lo consigo, lo más honesto posible, y poner a los personajes de la novela en distintas tesituras, en distintos conflictos. Evidentemente, siempre se filtra la opinión del autor o bien a través de los personajes o a través del narrador. Además, siempre digo que el narrador también es un personaje más. Que yo sepa no existe como categoría la novela feminista, pero sí, evidentemente, está narrado y desarrollado en el seno de una asamblea feminista y se podría catalogar como novela feminista, pero también se podría no hacerlo.

    ¿Cómo se ha metido en los personajes femeninos?
    No ha sido difícil. También es cierto que yo me he criado siempre entre mujeres. He tenido un padre biológico que jamás ha ejercido de padre y siempre me he criado con mis tías, con mi madre, sobre todo, que ha ejercido de criadora y de educadora total y luego, tengo una hija. Para mí, mi hija no solo ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida, sino que ha sido un referente según ha ido creciendo y evolucionando y un ejemplo en muchas cosas porque ahora es una mujer de 24 años que tiene unos principios éticos y morales muy sólidos. Es decir, siempre he estado rodeado de mujeres.

    Eso le ha ayudado...
    El libro está escrito desde la modestia, tampoco puedo ponerme en la mente de las mujeres, pero me decían amigos, incluso amigos escritores, que tuviera cuidado porque me estaba metiendo en un terreno farragoso y llegué a tener miedo, lo confieso. Pero una vez ha ido evolucionando, no he recibido la más mínima crítica de ninguna feminista. Pienso que un escritor hombre, heterosexual, puede hablar perfectamente y opinar del feminismo siempre y cuando lo haga desde el máximo respeto. Yo con Las mujeres de los mil nombres no pretendo darle la solución a los problemas internos que tiene el feminismo, que los tiene, y hace poco se acaban de visibilizar con las jornadas del 25-M. Estamos todos luchando contra ese gran mal que son los malos tratos y en la mayoría de ciudades, al menos ha habido dos manifestaciones.

    «Me duele profundamente que las feministas se insulten entre sí»

    Aborda la diversidad del feminismo y sus problemas.
    En el feminismo hay diversidades. Y esto fue un poco lo que me provocó la necesidad de escribir este libro. La confusión, el no saber qué opción es la mejor, quizás ninguna sea la mejor y todas sean buenas y hay que buscar la compatibilidad. Yo hablaba con una amiga feminista, con la epiloguista del libro, Esther Díaz Pedroche, que me daba un punto de vista marxista, radical y me lo contaba de tal manera que estaba de acuerdo. Luego, mi hija ya no me hablaba de feminismo, sino de feminismos, en plural. Y entonces, tenía un lío en la cabeza que necesitaba desahogar en este libro y he conseguido desahogarme pero no he logrado aclararme, en primer lugar porque el mismo movimiento aún no se ha aclarado, no ha encontrado ese punto de consenso, quizás no exista. Hace poco leía a una feminista que decía que consenso y feminismo es un oxímoron.

    Es como todas las revoluciones.
    Exacto. El conflicto ayuda a avanzar, en el sindicalismo, en la lucha de intereses, siempre y cuando sea democrático. Por ejemplo, me duele y lo reconozco y esto quizás no siente bien a alguien, que no solo ya en las redes sociales, sino en las mismas manifestaciones, unas feministas se insulten a las otras. Me duele profundamente.

    ¿Por qué el nombre de Rosa Parks a uno de sus personajes?
    Lo escogí por una cuestión nada política, por la sonoridad que tiene el nombre y luego, casualmente me decía una amiga escritora, Mercedes Castro, que hay una metáfora en torno a aquel hecho que hizo saltar a la fama a Rosa Parks cuando se negó a sentarse en la parte trasera del autobús. Es decir, el lector sabrá que pasar de la parte trasera a una parte delantera en el autobús se convierte en una metáfora dentro del libro.

    $!Emilio Ortiz: «La violencia de género es un tipo de terrorismo que rompe la sociedad»

    Es una novela con mucho trasfondo social.
    También se podría catalogar como novela marxista. El marxismo siempre ha impregnado el arte, aunque evidentemente, no es una novela marxista. En el cine de Almodóvar hay marxismo al igual que en el cine quinqui de Eloy de la Iglesia de los años 80, en obras que hablaban de la lucha de clases y, sobre todo, de los problemas de clase. Hoy día por desgracia no hay lucha de clases. Muchas veces lo decimos de broma, pero es una cosa muy seria el hecho de que los únicos que han entendido el marxismo y la lucha de clases han sido las clases pudientes, los empresarios que saben que sí que existe esa lucha y además la van ganando. Pienso que la clase trabajadora y sobre todo las clases pauperizadas, la pobreza extrema, puesto que tiene grandes dificultades a la hora de llegar a la cultura, están ahí estancadas y el mismo sistema genera sus propios mecanismos. De eso sí que hablan algunos personajes de la novela, unos para bien y otros para mal porque también hay malvados y malvadas. Están ahí estancados en ese bucle en el que el mismo sistema les ha metido a través de las drogas y de la delincuencia.

    El ascensor social no es fácil.
    No. Recuerdo a Eleuterio Sánchez, el famoso Lute decía eso, que él era una excepción, que no era el ejemplo a tomar porque aunque la justicia española y el derecho está orientado a la reinserción y no a ser punitivo, por desgracia la inmensa mayoría de personas que delinquen tienen muy difícil salir de ese bucle. Que por cierto, Eleuterio Sánchez es un marxista declarado.

    Dedica la novela a las que ya no están.
    A las que ya no están difícilmente podemos hacerles llegar el mensaje, pero por lo menos sí que podemos concienciar con esa dedicatoria a que deben estar, a luchar contra el negacionismo de la violencia de género, sobre todo en su faceta más cruel y más radical como es el asesinato. Es una especie de terrorismo y como todos los terrorismos, muy doloroso, crea grandes dramas sociales, rompe la familia, la sociedad, rompe a muchos niños que han sufrido eso de pequeños y es con algo que hay que terminar. No nos podemos permitir que sea una lacra inamovible. Como sociedad lo tenemos que eliminar. Igual que en nuestro país hemos podido conseguir terminar con el terrorismo de ETA, ojalá algún día acabemos también con este terrorismo que en el fondo también es ideológico. El machismo ideológico. Hay que hacer pedagogía y lo que haga falta para erradicarlo porque es muy doloroso. De ahí mi dedicatoria.

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