Parkinson, una realidad compleja

La sintomatología se caracteriza por un problema motor, pero puede afectar a la motricidad y el equilibrio

| Actualizado a 10 abril 2022 16:03
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Neurodegenerativa y compleja. Mañana, 11 de abril, se celebra el Día Mundial del Parkinson, una fecha que contribuye a concienciar sobre una patología que «por definición es neurodegenerativa, lo que implica que no existe un tratamiento curativo, sino que las terapias están enfocadas a modificar el curso de la enfermedad», explica Jordi Casanova Mollà, médico adjunto del Servicio de Neurología del Hospital Universitari Sant Joan de Reus.

Su sintomatología se caracteriza por un problema motor, siendo los temblores el síntoma más conocido entre la población. «Pero hay otros no tan visibles, como la lentitud o caídas, que afectan a la motricidad y al equilibrio, y que también forman parte de la enfermedad», apunta el doctor. En este sentido, él mismo recuerda que «la enfermedad de Parkinson afecta a las estructuras del cerebro que controlan el movimiento y que su daño también repercute en otras áreas más complejas del cerebro, como la percepción visual, la percepción dolorosa o el sueño, es decir, estamos frente a una enfermedad compleja que conlleva que un mismo paciente padezca muchos síntomas».

La edad, factor de riesgo

«A más edad, mayor riesgo de padecer esta enfermedad», indica el neurólogo, quien añade que «la incidencia en hombres es el doble de frecuente que en mujeres». Así, a partir de 70 años la incidencia oscila entre 100 y 200 personas afectadas por cada 100.000 habitantes, mientras que en personas menores de 50 años la afectación es de tres personas por cada 100.000 habitantes. A día de hoy, el centro hospitalario reusense atiende a 700 pacientes. Pero también hay quienes padecen lo que se conoce como parkinsonismo precoz o joven. «La enfermedad de Parkinson abarca un amplio espectro de edades, ya que se conocen casos que se manifiestan entre los 40 y 50 años, e incluso hay pacientes menores de 40 años, cuya causa suele ser hereditaria, es decir, como consecuencia de un problema genético que provoca la enfermedad de forma precoz».

Detección precoz

A día de hoy, parte de los esfuerzos de los neurólogos se centran en «diferenciar aquel paciente que tiene la enfermedad primaria de quien la padece de manera secundaria, como consecuencia de otra patología o de un fármaco». Sobre este aspecto, Jordi Casanova detalla que «algunos medicamentos que se administran para otras enfermedades pueden provocar parkinsonismo, lo que conlleva a la confusión».

En esta misma línea, el hecho de que la ciudadanía identifique la enfermedad de Parkinson con principalmente los temblores dificulta el diagnóstico, sobre todo en los casos en los que se presenta otra sintomatología. «Esta situación tiene una doble lectura. Por un lado, como los temblores son un síntoma visual, es decir, fácilmente identificable, hace que muchos pacientes acudan al especialista para que evalúe si padecen la enfermedad, lo que nos ayuda a hacer un diagnóstico precoz; y, por otro lado, como existen síntomas generalmente poco conocidos –como rigidez al andar, caídas, dificultades cognitivas– la enfermedad pasa desapercibida y el diagnóstico se retrasa».

Por ello, el neurólogo insiste en la importancia del diagnóstico precoz que, resalta, «ha sido siempre el objetivo de muchas enfermedades, principalmente neurodegenerativas, ya que si podemos actuar contra la patología con fármacos adecuados el curso de la enfermedad mejorará a largo plazo».

Tratamientos

A día de hoy, los tratamientos que existen «contribuyen a que las complicaciones relacionadas con la enfermedad de Parkinson aparezcan lo más tarde posible y también previenen de situaciones de riesgo en un futuro», detalla el doctor.

El seguimiento de un tratamiento u otro dependerá también de la edad y de la situación de cada paciente. «Actualmente, existen terapias farmacológicas, intervenciones no farmacológicas (como la fisioterapia especializada o neurorehabilitación), terapéuticas, y tratamientos quirúrgicos», detalla Jordi Casanova.

Así, él mismo explica que «la primera línea de actuación es contrarrestar la pérdida de dopamina, un químico cerebral que ayuda a controlar el movimiento, a través de la medicación, llamada levodopa». Después, en los casos en que la medicación deja de ser efectiva, sobre todo con el paso de los años desde el diagnóstico de la enfermedad, «podemos actuar de forma directa con otros fármacos y quirúrgica con la estimulación cerebral, a través de electrodos en el cerebro, o proporcionando los fármacos por otra vía en perfusión», asegura Jordi Casanova

En cualquier caso, todos los tratamientos están encaminados a mejorar la calidad de vida de los pacientes, para quienes «el Día Mundial del Parkinson contribuye a mostrarles nuestro apoyo, así como a sus cuidadores porque son quienes conviven con la enfermedad día a día», concluye el doctor.

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