Reyes Calderón: «Los psicópatas son incapaces de querer. No pueden empatizar con nadie»

La dama del crimen vuelve con El juego de los crímenes perfectos, una mezcla de trama policíaca con intriga psicológica en los últimos días de la primera ola de la pandemia

| Actualizado a 14 marzo 2022 13:14
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Un solitario ataúd que nadie reclama es el comienzo de un peligroso juego criminal. Lo que inicialmente parece una confusión durante la primera ola de la pandemia en un Madrid colapsado, llevará a una cadena de muertos, cada uno más peculiar que el anterior. Es el arranque de El juego de los crímenes perfectos, de Reyes Calderón (Editorial Planeta), una novela en la que un inteligente asesino en serie pondrá en jaque a la policía, que deberá indagar en el siempre molesto pasado. «En la trama están todas las pasiones humanas», dice Calderón. «Es una novela muy blanca, de hecho la portada es muy blanca para ser una novela negra».

¿Existe el crimen perfecto?
Sí. Si entendemos por perfecto el crimen con el que no se ha hecho justicia, el que su autor no está en la cárcel, por supuesto que existen muchos. Hay muchos crímenes sin resolver y también hay otros tantos de los cuales nunca hemos oído hablar, no nos hemos enterado.

En la primera ola de la pandemia, que es cuando se sitúa la novela, ¿todavía queda un hueco para un asesino en serie?
Es en el final de la primera ola de la pandemia, cuando queda solo un ataúd en el Palacio de Hielo porque a mí me impactó muchísimo ver esa imagen del Palacio lleno de ataúdes, tantos que no se veía el hielo. El suelo no era blanco, era verde porque habían puesto unas tiras para colocar los ataúdes. La novela arranca cuando solo queda uno y ya empezamos a ver que el resto es blanco, que volvemos a la normalidad.

 

 

El juez Calvo tiene pavor a los cadáveres, ¿esto ocurre?
Sí. Los jueces son abogados y estos casi siempre se llevan mal con las matemáticas y, más que con los cadáveres teóricos, con los cercanos, con los reales, con los que hay que levantar, con los que han sangrado. Hay muchos jueces que no se llevan nada bien con esa parte del ámbito penal.

¿La novela es un homenaje a los sanitarios y una crítica a su situación laboral precaria?
Sí. En castellano el verbo apreciar significa poner precio. Entonces, hemos apreciado a nuestros médicos y un país entero ha salido a las ocho de la noche a aplaudirles, cosa que no había ocurrido jamás en la vida ni creo que lo consiguiera ningún político. Y, sin embargo, los medios que tienen son muy escasos y sus sueldos, muy magros. Es una profesión muy vocacional, pero es que estamos en sus manos y no les apreciamos lo suficiente. Creo que merece la pena darles las gracias no solo porque técnicamente nos han atendido, sino porque nos han atendido con muchísima humanidad cuando uno necesitaba un abrazo, cariño ante tanto miedo que hemos pasado.

En su larga trayectoria, imagino que se rodea de buenos profesionales con el objetivo de documentarse.
Las novelas tienen que tener un punto de verosimilitud y en mi caso, me gusta ser muy detallista. Por supuesto, estoy rodeada y muy bien asesorada, en este caso por médicos.

¿También forenses?
Sí. El ecosistema de un hospital en la parte que no vemos cuando vamos a visitarnos, la parte entre bambalinas, es fascinante. Tiene muchas historias que he intentado reflejar en esta novela y que, por supuesto, las he vivido con los médicos.

 

«Los medios que tienen los sanitarios son muy escasos y sus sueldos, muy magros. Es una profesión muy vocacional, pero es que estamos en sus manos y no les apreciamos lo suficiente».

Vuelve a los juegos matemáticos, que ya utilizó en 'Los crímenes del número primo'. ¿Se debe presuponer que un asesino en serie es muy inteligente?
No todos. Pero es un asesino al que no han pillado en los primeros crímenes, lo que quiere decir que le podemos presuponer una inteligencia notable para que no lo hayan cogido, con la gran calidad de la policía que tenemos en España, que es mucha. Aquí los reconocemos poco, pero en el extranjero están superbien valorados. En este caso, el asesino en serie que lleva las riendas de este juego concreto es inteligente. Es otras cosas, por supuesto que sí, pero también inteligente.

¿Un psicópata cree que con la muerte crea una obra de arte y de alguna manera la muestra?
Sobre todo los psicópatas organizados tienen un punto de narcisismo tal que se sienten artistas y quieren mostrar su obra al mundo, aunque con ello se arriesguen a que les pillen. Por eso escriben a los periodistas, se quieren ver en los periódicos, en los telediarios, necesitan exhibir su obra. Pero además, los que son inteligentes, no solo son narcisistas en ese sentido, sino que les gusta sentirse más importantes que los agentes, jugar con ellos al gato y al ratón, que es lo que ocurre en este caso y en la realidad, a veces.

¿Le gustan los juegos de mesa?
Me gustan, aunque relativamente. Debo ser muy afortunada en amores porque en el juego pierdo siempre y me pongo, además, de muy mal humor. Pero hemos jugado mucho en esta pandemia, la verdad es que sí.

 

 

 

¿Siempre tiene que haber un motivo tras las acciones de un psicópata, ya sea malos tratos, abusos u otras tragedias?
Siempre hay un motivo. Todo lo que es consciente tiene un motivo. Pero otra de las características de los psicópatas es que son incapaces de querer. No pueden empatizar con nadie porque la palabra amor no está en su vocabulario y normalmente no está porque nadie les ha querido. No saben lo que es el amor. Es decir, a un niño al que sus padres le han maltratado, que son los que tenían que haberle abrazado y querido, que ha sufrido todo tipo de violencia en la niñez, es como si cerrara su corazón a poder desarrollar esa faceta que tenemos de seres sociales. Cuando nadie te ha abrazado nunca eres incapaz de ponerte en la posición de otro. En la realidad, no en la ficción, hay una correlación entre maltratos de niño o hijos de prostitutas, por ejemplo, y futuros asesinos en serie. Ven en los demás instrumentos que pueden utilizar a su antojo.

¿Es importante escuchar a un psicópata?, ¿se tiene que llegar a aquellos barrios a los que no se llega?
Es difícil reeducar a un psicópata. Este sería otro debate. Pero hemos de volver a ese espíritu que hemos vivido durante la pandemia, en el que has conocido a un vecino que hace 20 años que vive en la misma casa que tú y que nunca lo habías visto. Hay personas mayores a las que les han ayudado los jóvenes de su barrio a hacer la compra, por ejemplo. Hemos vuelto a despertar algo que habíamos dejado dormir y que habíamos olvidado y eso hay que retormarlo, hay que volver a la humanidad que nos caracteriza. Por ejemplo, en la educación todo son tablets. Pues a lo mejor deberíamos darle una vuelta porque no todo lo experiencial está en una pantalla.

Usted ha sido profesora, ¿cree que se está perdiendo esa empatía entre las nuevas generaciones a causa de la individualización?
Creo que es un efecto secundario creciente de la tecnología. Los niños y los jóvenes necesitan mostrar sus sentimientos, necesitan abrazar y ser abrazados. Los hermanos y las parejas necesitan reñir porque esto de no discutir y cada uno estar en su mundo, no hace feliz. Y al final se trata de ser feliz. Necesitamos el cariño, hemos echado mucho de menos ver a nuestros padres y poderles abrazar en esta pandemia. Quizás nos ha hecho recuperar esos valores que habíamos olvidado y que la tecnología está haciéndonos olvidar.

 

«Si entendemos por perfecto el crimen con el que no se ha hecho justicia, el que su autor no está en la cárcel, por supuesto que existen muchos».

Como padres también tenemos mucha responsabilidad.
Sí. Nuestros niños tienen muchas cosas necesarias, pero no son suficientes. A lo mejor lo que es más necesario no se lo estamos dando.

Me han sorprendido las reuniones entre forenses y policía por Zoom.
Una de las cosas que dicen los jueces de instrucción cuando van a tomar declaración a alguien es que necesitan verles la cara porque en sus gestos saben si miente u oculta información. Y con la mascarilla no lo ven. No pueden tomar declaraciones con mascarillas. Y es cierto que están trabajando mucho por Zoom. Sí, la vida misma.

 

«Los psicópatas organizados tienen un punto de narcisismo tal que se sienten artistas y quieren mostrar su obra al mundo, aunque con ello se arriesguen a que les pillen».

Tiene un juego de cadáveres y también de complementos y colores, ¿cómo se lo imagina cuando lo crea?
Empiezo a dar vueltas a una idea y de repente aparece un relato y yo simplemente me pongo a su servicio. No sabría explicarlo. Me pasa lo mismo cuando diseño los personajes, cuando estoy moldeando el alma de cada uno de ellos. No diría que es algo espontáneo porque me lleva mucho trabajo, pero sí que sale solo.

¿Qué personaje destacaría?
Me he divertido mucho con el juez y con su mujer, la psicóloga, tan nórdica. Hay personajes que iban a ser más secundarios como Edurne, la forense, que después ha ido ganando peso con sus venenos.

Con su tesis…
Sí. No dejaría a nadie fuera. Me parece que hacen un buen equipo.

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