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Adrià brinda en nombre de los Català

El reusense, hijo mayor del exrojinegro Josep Maria, conquistó la Copa de Italia con el Amatori Lodi. En el trayecto de vuelta a casa en furgoneta, el arquero sufrió un golpe con el trofeo que le hirió el rostro

Marc Libiano Pijoan

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El reusense Adri Català posa con la Copa de Italia que ganó con el Lodi este domingo. Foto: Cedida

El reusense Adri Català posa con la Copa de Italia que ganó con el Lodi este domingo. Foto: Cedida

250 kilómetros separan a las localidades de Lodi y Forte dei Marmi. Esa distancia se convirtió en un viaje paradisíaco para el Amatori, uno de los clubs con mayor tradición en el actual Scudetto. En él se ha ganado admiradores y prestigio Adrià Català (Reus, 1994), un arquero educado entre Cambrils y la calle Gaudí y que en Italia ha encontrado su resquicio en la élite.

En Forte dei Marmi, en la Toscana italiana, Català disfrutó de su primera gran conquista. Levantó la Copa de Italia después de tres días vertiginosos. El Lodi necesitó armarse de valor para competir ante el Viareggio de Jepi Selva, el Breganze y el Bassano en la cita decisiva por el título. Tres de los más grandes de la Serie A. Convirtió ese fin de semana a todo o nada en una película inolvidable para sus tifosi. Hasta 500 vivieron en directo la gran final del domingo. Lodi siempre fue una voz autorizada del hockey transalpino. En el corazón de la ciudad duerme cada noche una estatua de tributo al deporte del stick. De ahí la pasión que despierta el Amatori, que ha vuelto a asomar la cabeza tras un tiempo en el anonimato debido a los problemas con la tesorería.

El título copero de los chicos de Paolo de Rinaldis se gestó en la furgoneta que les trasladó al lugar de los hechos. Mejor dicho, una furgoneta para los titulares y coches particulares para los suplentes. Esa es la forma de subsistir que mantiene el club. Hasta el punto que la expedición sólo durmió en la Toscana el sábado, la noche antes del día señalado. Las fechas anteriores completó un sube-baja sacrificado para cualquier aspirante a la gloria. No importó demasiado.

Ese trayecto de 250 kilómetros subió de temperatura en la vuelta a casa, con la Copa en poder de Català, que no se separó ni un segundo del tesoro. Hasta el punto que, con la extrema euforia, se golpeó con él en la frente y sufrió un corte. Seguramente hablamos de la herida menos dolorosa de su vida.

El 5-2 que sirvió para doblegar al Bassano y alzar el trofeo provocó incendio en la ciudad. Horas después de la final, el PalaCastelloti esperó a sus héroes repleto de hinchas. Desde 2011 no celebraban.

Los consejos de Jepi

El fin de semana copero dejó un millón de anécdotas imborrables para el portero reusense, que por cierto va a ampliar su contrato con el Lodi. En el cruce de cuartos de final, Adri se enfrentó a un viejo amigo. Jepi Selva, con el que coincidió en el Reus, amenazó su arco, aunque en esta ocasión el meta sonrió tras un ajustado 4-3. Català recuerda con especial cariño el consejo que el mismo Jepi le dio justo antes de la semifinal. «Si haces lo que sabes hacer, todo irá bien».

El gran clima que se vivió en los instantes previos a los cuartos de final también asombró al arquero, de carácter tranquilo, un tipo que, a pesar de su juventud, posee un fantástico equilibrio emocional. «Vi a tanta gente importante que me superó un poco, aunque todo pasó cuando llevaba cinco minutos en la pista», rememora.

Un whatsApp especial emocionó a Adri justo antes de la final. Su hermano pequeño Aleix, que milita en el juvenil del Moritz Vendrell, el origen. «Fue especial porque me acordé de mis padres, que no pudieron venir, y de él claro. Me dijo que a la misma hora también jugaba y que después del partido quería ver una foto mía con la Copa». La vio, claro.

A Català le llovieron felicitaciones. Su móvil tembló tras el éxito. Dos de ellas las guarda en su baúl sagrado. Detalles de sus dos ídolos y profesores. Guillem Trabal y Roger Molina no se olvidaron del niño al que educaron no hace mucho. Un niño que se hace mayor bajo los valores que ellos le inculcaron.

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