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Deportes FÚTBOL

'Amantes del vértigo' (CF Reus 4 - 1 Elche Ilicitano)

El Reus exhibe una brillante ejecución de su contragolpe para quitarse de enmedio al colista en un partido descontrolado. Los rojinegros aprovechan la extrema debilidad defensiva del Ilicitano y se mantienen en play off
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El canterano Ramon Folch celebra su gol ante el Ilicitano. Foto: Alba Mariné

El canterano Ramon Folch celebra su gol ante el Ilicitano. Foto: Alba Mariné

El Reus es un amante del vértigo. Convierte cada transición en una obra repleta de belleza. Ideal para cualquier cursillo de formación. Al Ilicitano lo despachó  atacándole los espacios. Le bastó con eso. Desnudó la ternura del colista casi con tres pases previos hasta llegar a la gloria. En un partido delirante. Sin control ni cadenas. Una pelea a corazón abierto.

La ganó el Reus porque exhibió lo que casi nunca exhibe. Alcanzó la máxima eficacia en los metros de la verdad. Definió como se espera de un aspirante al objetivo más lujoso. La confianza, en esto de gol, resulta determinante. Parece que los chicos de Natxo la han adquirido. Hay razones para ello. Cinco domingos consecutivos sin agachar la cabeza defienden la perseverancia de este grupo. Instalado otra vez en el privilegio.
Existía riesgo en la visita del Elche.  A una semana del derbi, ese partido que todos quieren ganar y que decide más bien poco, los focos alumbraban hacia otro lado, pero el Reus no se dejó llevar por la corriente. Se tomó el examen como si nada más despistara su existencia. Inteligente elección. 
Natxo confió en Sellarès para solucionar el castigo de Colorado. Prefirió la pegada a la elaboración.  Sellarès le dio la razón muy rápido. En el primer bocado del partido. Apenas se había disputado el minuto inicial.
Los reusenses castigaron con contundencia el primer error del rival en zona prohibida, en tres cuartos de cancha. Cometió unos cuantos el Ilicitano. Difícil permanecer con vida en Segunda B con tanta fragilidad defensiva. Vítor recogió la pelota y cedió a la izquierda para Óscar Rico, que se descolgó hacia ese costado tras iniciar él mismo la jugada segundos antes. Rico fue profundo y levantó la cabeza. Del resto se encargó su ojo clínico. Otra vez igual de preciso como un reloj suizo. El servicio de Óscar cayó en la cabeza de Sellarès. El ‘rascacielos’ fue a buscar el balón con un salto poderoso. En ese escenario se hace imparable. La ejecución del remate, imperial. La ventaja significaba mucho. La necesidad agobia al Elche. Cada golpe que recibe parte su autoestima. Pocas noticias hubo de él en el parcial inicial.
Es más, a los cinco minutos, Edgar marcó un movimiento definitivo a la espalda de los centrales. Lo vio otra vez Rico. A su ‘colega’ le faltó un segundo para alcanzarlo. Pol, el arquero visitante, intuyó bien y atrapó la pelota. 
No perdonó el Reus en su siguiente aparición. El Ilicitano temblaba cada vez que intentaba salir con la pelota jugada. Era un drama desesperante. Rico disfrutó de otro error en la entrega visitante y vio campo abierto. Su centro al segundo palo no halló ejecutor, pero sí a Vítor. Éste convirtió los segundos en hielo puro. Le quitó todas las pulsaciones a la acción con una maniobra de manual. Eligió con sencillez y eficacia. Lo más difícil en este caso. Levantó la cabeza y vio la incorporación de Folch desde segunda línea. El canterano remató de primeras y la pelota chocó en un defensor antes de besar la red. 
Recompensa para Folch
Folch vio recompensada su magistral clase de elegancia con ese premio. No sólo es cosa de ayer. Lleva tiempo ofreciendo magisterio. Ha añadido matices a su fútbol que le hacen más completo. No se conforma con el ‘tocar y moverse’. Llega a menudo a posición de remate. Más fundamentos.
El martillo pilón rojinegro ofreció crédito al respiro. La sensación de superioridad, una evidencia. Eso sí, había una cuenta pendiente; el control del juego. El Ilicitano manejó más la pelota. Lo hizo con corrección durante casi toda pelea. Se acentuó el dominio cuando el Reus decidió echarse una pequeña siesta. La comodidad del guión traicionó a los de Natxo. Y el trabaja no había finalizado. Moha, la primera rotación alicantina, redujo distancias tras cazar una pelota muerta en área chica. Curiosamente se erigió como la mejor noticia para el Reus, que dejó de bostezar. 
Natxo reforzó su sala de máquinas con Masqué y sacrificó a Sellarès. El capitán se tomó la última media hora como un juvenil. Hubo premio. Y doble. La amenaza visitante se quedó en anécdota cuando Masqué corrió hacia un balón con el que nadie creyó. Sólo él. 
Edgar ejecutó un libre directo, la pelota tomó una curva peligrosa y confundió a Pol, que sólo pudo escupirla. Masqué completó su pequeña aventura con un gol decisivo. El capitán lució talento en el cuarto. En otro contragolpe delicioso. Recibió de  Óscar Rico, recortó hacia adentro y definió con sutileza. Ajustado al poste. 
La fiesta se había quedado huérfana sin Edgar Badia, que apareció en los minutos de la basura. El arquero atajó una pena máxima a Joaquín y lució reflejos con una doble intervención a remates de Fraga. Fue fiel a su cita de los domingos.

La ganó el Reus porque exhibió lo que casi nunca exhibe. Alcanzó la máxima eficacia en los metros de la verdad. Definió como se espera de un aspirante al objetivo más lujoso. La confianza, en esto de gol, resulta determinante. Parece que los chicos de Natxo la han adquirido. Hay razones para ello. Cinco domingos consecutivos sin agachar la cabeza defienden la perseverancia de este grupo. Instalado otra vez en el privilegio.

Existía riesgo en la visita del Elche.  A una semana del derbi, ese partido que todos quieren ganar y que decide más bien poco, los focos alumbraban hacia otro lado, pero el Reus no se dejó llevar por la corriente. Se tomó el examen como si nada más despistara su existencia. Inteligente elección. 

Natxo confió en Sellarès para solucionar el castigo de Colorado. Prefirió la pegada a la elaboración.  Sellarès le dio la razón muy rápido. En el primer bocado del partido. Apenas se había disputado el minuto inicial.

Los reusenses castigaron con contundencia el primer error del rival en zona prohibida, en tres cuartos de cancha. Cometió unos cuantos el Ilicitano. Difícil permanecer con vida en Segunda B con tanta fragilidad defensiva. Vítor recogió la pelota y cedió a la izquierda para Óscar Rico, que se descolgó hacia ese costado tras iniciar él mismo la jugada segundos antes. Rico fue profundo y levantó la cabeza. Del resto se encargó su ojo clínico. Otra vez igual de preciso que un reloj suizo. El servicio de Óscar cayó en la cabeza de Sellarès. El ‘rascacielos’ fue a buscar el balón con un salto poderoso. En ese escenario se hace imparable. La ejecución del remate, imperial. La ventaja significaba mucho. La necesidad agobia al Elche. Cada golpe que recibe parte su autoestima. Pocas noticias hubo de él en el parcial inicial.

Es más, a los cinco minutos, Edgar marcó un movimiento definitivo a la espalda de los centrales. Lo vio otra vez Rico. A su ‘colega’ le faltó un segundo para alcanzarlo. Pol, el arquero visitante, intuyó bien y atrapó la pelota. 

No perdonó el Reus en su siguiente aparición. El Ilicitano temblaba cada vez que intentaba salir con la pelota jugada. Era un drama desesperante. Rico disfrutó de otro error en la entrega visitante y vio campo abierto. Su centro al segundo palo no halló ejecutor, pero sí a Vítor. Éste convirtió los segundos en hielo puro. Le quitó todas las pulsaciones a la acción con una maniobra de manual. Eligió con sencillez y eficacia. Lo más difícil en este caso. Levantó la cabeza y vio la incorporación de Folch desde segunda línea. El canterano remató de primeras y la pelota chocó en un defensor antes de besar la red. 

Recompensa para Folch

Folch vio recompensada su magistral clase de elegancia con ese premio. No es flor de un día. Lleva tiempo ofreciendo magisterio. Ha añadido matices a su fútbol que le hacen más completo. No se conforma con el ‘tocar y moverse’. Llega a menudo a posición de remate. Más fundamentos.

El martillo pilón rojinegro ofreció crédito al respiro. La sensación de superioridad, una evidencia. Eso sí, había una cuenta pendiente; el control del juego. El Ilicitano manejó más la pelota. Lo hizo con corrección durante casi toda pelea. Se acentuó el dominio cuando el Reus decidió echarse una pequeña siesta. La comodidad del guión traicionó a los de Natxo. Y el trabajo no había finalizado. Moha, la primera rotación alicantina, redujo distancias tras cazar una pelota muerta en área chica. Curiosamente se erigió como la mejor noticia para el Reus, que dejó de bostezar. 

Natxo reforzó su sala de máquinas con Masqué y sacrificó a Sellarès. El capitán se tomó la última media hora con el entusiasmo de un juvenil. Hubo premio. Y doble. La amenaza visitante se quedó en anécdota cuando Masqué corrió hacia un balón con el que nadie creyó. Sólo él. 

Edgar ejecutó un libre directo, la pelota tomó una curva peligrosa y confundió a Pol, que sólo pudo escupirla. Masqué completó su pequeña aventura con un gol decisivo. El capitán lució talento en el cuarto. En otro contragolpe delicioso. Recibió de  Óscar Rico, recortó hacia adentro y definió con sutileza. Ajustado al poste. 

La fiesta se había quedado huérfana sin Edgar Badia, que apareció en los minutos de la basura. El arquero atajó una pena máxima a Joaquín y lució reflejos con una doble intervención a remates de Fraga. Fue fiel a su cita de los domingos.

 

Ficha Técnica

CF Reus. Badia, Cassamá, Dinis, Moyano, Marín, Delgado, Ramon Folch (Guedes, 85'), Vítor, Óscar Rico (Semedo, 74'), Marc Sellarès (Masqué, 60'), Edgar.

Elche Ilicitano. Pol, Nacho, Primi, Gálvez, Hostench (Moha, 51'), Fraga, Sergi (Samu, 32'), Mario, Liberto, Joaquín, Jairo (Christiansen, 74')

Goles. 1-0, Sellarès (1'), 2-0, Folch (18'), 2-1, Moha (64'), 3-1, Masqué (67'), 4-1, Masqué (70').

Árbitro. Pulido Santana. Amarillas para los visitantes Gálvez y Samu.

Incidencias. Unos 2.500 espectadores en el Estadi.

 

 

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