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Badosa, del miedo a la gloria

Tenis.  La catalana, flamante campeona en Indian Wells, no tuvo un sencillo inicio de carrera, cargado de depresión, ansiedad y expectativas sin cumplir

Enric Gardiner

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Badosa, del miedo a la gloria

Badosa, del miedo a la gloria

Hace cinco años, Paula Badosa no era más que una promesa engullida por las expectativas. En 2015 había ganado Roland Garros en categoría júnior, la segunda española en lograrlo desde Lourdes Domínguez en 1999, pero para 2016 su efervescencia se había detenido y su ránking rondaba el 300 del mundo. La depresión, la ansiedad y un entorno complicado habían frenado la progresión de una tenista a la que le llovieron las comparaciones con la rusa Maria Sharapova y a la que se veía como un diamante en el circuito.

Sin la mayoría de edad cumplida, las marcas ya se peleaban por ella, recibía invitaciones para jugar en los exclusivos torneos de Miami y Madrid, mientras por dentro, su juventud no era capaz de asimilar cómo la vida aceleraba. "Tengo miedo porque muchos tenistas se han estancado por la presión", dijo a finales de 2016. Ese miedo no desapareció de la noche a la mañana. No hubo una gran victoria que lo cambiara todo. 

Badosa luchó poco a poco para emerger de lo más abajo del ránking, para sobreponerse a las lesiones, una constante en los inicios de su carrera, y para darse cuenta de que el tenis, por muy agreste que pareciera, era una batalla que no estaba aún perdida.

Primero se alió con Xavi Budó, antiguo maestro de Carla Suárez, y con él empezó la reconstrucción. Llegaron los primeros partidos de Grand Slam, la subida en la clasificación, las victorias habituales en torneos WTA y la confianza en sí misma. Para mediados de 2019 ya estaba entre las 100 primeras del mundo, pero su escalada no terminó ahí. Cuando Badosa empezó a disfrutar del tenis, los resultados brotaron con facilidad.

Dejó atrás los problemas mentales, de los que siempre habló abiertamente, y su tenis se liberó. En septiembre de 2020 dio otro paso adelante.

Terminó su relación con Budó y empezó a trabajar con Javier Martí, un extenista lastrado por las lesiones que sabe de primera mano lo que es sufrir en este deporte. Junto al madrileño llegaron los mejores días, con un 2021 de ensueño. Semifinales en Lyon, Charleston y Madrid. Cuartos de final en los Juegos Olímpicos, Cincinnati y en Roland Garros. Título en Belgrado.

Su nombre ya no era el recuerdo de la tenista que fracasó en el camino al éxito. A base de mucho trabajo duro y de perseverar durante años, Badosa había logrado lo que todo el mundo esperaba de ella cuando con 17 años ganó en París. El diamante había necesitado tiempo de cocción, pero paladear la gloria después de todo lo que había tenido que superar sabía mucho mejor.

Indian Wells, primer gran torneo ya sin Martí en el equipo, supone la conquista del sueño, el paso definitivo a la élite. Codearse con las 15 mejores tenistas del mundo, prácticamente asegurarse el billete a las Finales WTA de Guadalajara (México) y presentarse al mundo, dejando atrás su etiqueta de derrotada por la presión. Badosa se convirtió en la sexta española en ganar un torneo de categoría WTA 1.000, tras Garbiñe Muguruza (3), Arantxa Sánchez-Vicario (6), Conchita Martínez (9), María José Martínez (1) y Carla Suárez (1).

Talento innato

Ha demostrado no tener techo y mejorar en cada paso dado. Su talento es innato, bruto, lo que le permite pelear con las mejores del mundo en igualdad de condiciones, pese a que estas le abrumen en experiencia.
 En el partido ante Victoria Azarenka, no se medía una doble campeona de Grand Slam y exnúmero uno, contra una novata. La balanza no estaba inclinada para la veterana. Badosa es una realidad preparada para todo.
 Indian Wells es solo el principio de una carrera muy prometedora.

El mundo del tenis se está acostumbrando a ver las lágrimas de alegría de Badosa en cada pista del planeta. Ocurrió en Madrid, cuando solo le pudo frenar la número uno del mundo, Ashleigh Barty, en semifinales, pasó en Tokio, donde se esfumaron las opciones de medalla, en Belgrado, donde se completó el sueño de un primer título, y volvió a ocurrir en el cemento de California.

A Badosa le costó levantar el pesado trofeo de de Indian Wells, tallado en cristal, pero le costará mucho más olvidarse de ese momento, con Azarenka al fondo, que no dudó en alegrarse por ella, y con su sonrisa perenne en la cara. Muy cerca, otro protagonista acaparó las miradas. Era el novio de Paula, el musculado modelo cubano Juan Betancourt, que se llevó las manos a la cabeza en momentos de máxima tensión, pero se levantó para aplaudir cada punto de su chica

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