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Deportes FÚTBOL

CF Reus: Los locos bajitos del tío Ramon

Ramon Folch es un experto canguro en sus ratos libres, donde comparte visitas al cine y partidos improvisados en el pasillo con sus sobrinos. Aleix, Quim, Artur, Arlet y Biorn son sus debilidades

Marc Libiano Pijoan

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Sus cinco sobrinos acuden a menudo al Estadi para animar al equipo.

Sus cinco sobrinos acuden a menudo al Estadi para animar al equipo.

Ramon Folch celebró su 27 cumpleaños rodeado de sus locos bajitos y de su pareja Txell.

Ramon Folch celebró su 27 cumpleaños rodeado de sus locos bajitos y de su pareja Txell.

Cinco locos bajitos provocan devoción en Ramon Folch (Reus, 1989), el capitán de ese grupo de entusiastas rojinegros que han creado una ilusión desmesurada por el fútbol en la ciudad. Aleix, Quim, Artur, Arlet y Biorn no comparten vestuario ni experiencias sobre el césped con él. Comparten la vida. Esos instantes de desconexión y olvido, sanos para cualquier ser humano con exigencia en la rutina. Los cinco pequeños le hacen sonreír y olvidar disgustos. Permiten ver que existen valores mucho más importantes que el juego. Porque el fútbol no deja de ser un juego.

Ese ramillete de sobrinos, que podrían completar un equipo titular de futbito, son hijos de sus dos hermanos, Jordi y Anna, exjugadores destacados del baloncesto reusense, una tradición familiar que inauguró Ramon, el padre de la familia y extécnico de gran prestigio en la provincia. Quim y Artur, dos de los pequeños ases del centrocampista, residen en Suiza, donde sus padres hallaron confort laboral. Hablan el francés con soltura y hacen pinitos con el alemán. Quim, el mayor de cinco años, adora el fútbol. Se sabe de carrerilla la clasificación de Segunda División y conoce las virtudes de casi todos los héroes rojinegros. Ya le da patadas al balón en el FC Fribourg. Lo suyo es nivel internacional.

Los abuelos Ramon y Montse no pueden evitar esos partidos interminables que se montan en el pasillo de casa. La puerta del comedor se convierte en una portería imagianaria. Quim, Aleix y el capitán del Reus compiten sin descanso. Los bajitos incluso se atreven a sacarle los colores al centrocampista, ya más acostumbrado al lujo.

El colegio Puigcerver de Reus se ha marcado como ruta casi fija en el google maps del capitán. Allí completan sus primeros años educativos Aleix y Arlette, a los que recoge a menudo y les ofrece sus dotes de canguro. Casi con la misma destreza con la que trata el balón cada fin de semana, en el escaparate del Estadi. Las visitas al cine contentan las inquietudes culturales de esos sobrinos, todavía arrimados a los dibujos animados y a los fuegos artificiales. Cuando el rojinegro cumplió 27 años, el pasado 4 de octubre, recibió la mejor sorpresa. Sus cinco locos bajitos desafiaron la distancia para reunirse en una comida emotiva. No todos los días cumple años el tío. El referente.

Los domingos de partido señalado en el Estadi tampoco fallan. Hasta el punto que la familia, a escondidas, les regaló a Anna y a sus nuevos ‘suizos’ el viaje a Reus para no perderse el clásico derbi de Segunda ante el Nàstic. En esta ocasión había motivo especial. Era el primer derbi de la historia en Segunda División.

El despegue como profesional del capitán del Reus no ha modificado hábitos en el universo Folch, de ambiente familiar totalmente fiel, con tradicionales veraneos y horas de piscina en la playa de Cambrils. A Ramon precisamente, le han llamado cambrilense en más de una ocasión. Error inocente. Es ganxet de pura cepa.Como sus locos bajitos.

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