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CF Reus: Una marcha atrás irreconocible

OPINIÓN: "Yo no me creo que un chaval de 17 años no sea capaz de razonar por sí mismo que acudir al derbi con una camiseta del rival provincial y no disimular sus sentimientos, muy respetables por cierto, es una imprudencia ética grave"

Marc Libiano Pijoan

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Joan Oliver, junto a Xavier Llastarri en rueda de prensa. Foto: Alfredo González

Joan Oliver, junto a Xavier Llastarri en rueda de prensa. Foto: Alfredo González

La sentencia rotunda que Joan Oliver soltó en rueda de prensa, entonando un ‘mea culpa’ sorprendente sobre el caso del juvenil Rubén Sánchez, generó sospechas entorno a la actuación del club con respecto al caso. Olivé señaló a sus dos coordinadores, Marc Carrasco e Iván Taranilla, de no disponer de legitimidad para tomar una decisión de este calibre. Lo cual demuestra que Oliver manda absolutamente en todo. El lunes ningún empleado del Reus dudaba de la decisión de los dos encargados del fútbol base.

Creo conocer a Marc Carrasco y a Iván Taranilla. Pocos sienten el espíritu de club como ellos. Se han matado por el Reus cuando les tocó el protagonismo sobre el césped. Lo hacen ahora educando futbolistas. Han invertido más horas de las que les tocaba para ayudar a la entidad. Podemos discutir si la idea de despedir al chico se debió tomar en una oficina, con la familia y el jugador sentados en una silla. Podemos discutir si en lugar del domingo tuvo que ser el miércoles, sin la calentura del momento, pero yo no me creo que un chaval de 17 años no sea capaz de razonar por sí mismo que acudir al derbi con una camiseta del rival provincial y no disimular sus sentimientos, muy respetables por cierto, es una imprudencia ética grave. Estos días me he preguntado muchas veces qué pensaron sus compañeros de equipo o incluso el resto de niños y niñas del fútbol base rojinegro

Marc Carrasco e Iván Taranilla, acertados o no en las formas, lo único que hicieron fue velar por los valores de identidad de un club que, por cierto, los necesita. Su decisión no se diferenció en nada a la que han tomado el resto de entidades con renombre cuando se han topado con casos similares. Pienso especialmente en el caso reciente de Sara Ezquerro, la guardameta del Atlético de Madrid que celebró la undécima Copa de Europa del Real Madrid sin pensar en las consecuencias. La dirección deportiva colchonera prescindió de sus servicios con inmediatez. Sara pidió perdón con sentimiento a través de una carta. No vi a ningún familiar montar un show mediático irrespirable.

La marcha atrás del Reus alimenta las dudas sobre su gestión del caso. El club sabía desde el domingo que la polémica iba a estallar. Tardó una eternidad en reaccionar. Primero calló hasta el jueves, el día que Oliver prefirió la paz antes que la defensa de una idea de identidad. La que marcaron Taranilla y Carrasco, los dos coordinadores que han quedado totalmente desamparados y sin un cobijo en el que resguardarse.

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