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CF Reus-Valladolid (2-2): Dulce valentía

Reus y Valladolid se reparten el botín en un partido de fútbol maravilloso, repleto de alternativas y que cualquiera de los dos puede terminar ganando

Marc Libiano

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Gus Ledes celebra su gol. Foto: Alba Mariné

Gus Ledes celebra su gol. Foto: Alba Mariné

Reus y Valladolid se sometían sin descanso y dignificaban la hermosura del fútbol, sus batallas sin cuartel ni espacio para las reservas. No hubo términos medios ni engaños. Fue una pelea sin desmayo, a tumba abierta. Borja se desplegó hacia la izquierda en una aventura con el séptimo de caballería de fondo. Entregó su fe y generó vértigo. La pelota, tras acariciar el fondo de la cancha, voló hacia la otra orilla. En el segundo palo compareció Miramón, que andaba trazando su enésima obra de Dalí como carrilero. Remató al muñeco, pero en el rechace tomó una determinación crucial. En lugar de cegarse, la cedió atrás para aclarar el paisaje. Por la corona del área compareció Gus Ledes, el del guante de seda. Sonó la melodía de Copenhague, de los Vetusta Morla. De primeras y con la derecha, incendió el Estadi. Se trata de la cuarta maravilla de Gus, inesperado máximo artillero rojinegro. Se habían declarado 68 minutos y el Reus tomaba ventaja. Insuficiente ante una barbaridad de rival como el Valladolid.

El Reus cometió el pecado capital de no consumar su exhibición de valentía. Con ventaja dispuso de munición para acabar con el partido. Sobre todo en dos transiciones diferenciales. En la primera, Querol careció de toda la lucidez que había mostrado minutos antes. Quiso acabar él cuando Edgar le había marcado un pase definitivo. Masip solucionó el problema con una parada sencilla. Más compleja resultó la segunda, en un remate con la testa de Juan Domínguez, dirección escuadra izquierda. Masip y su manopla resucitaron al Valladolid.

Curiosamente, el Pucela halló el premio en la estrategia y no en el juego, donde había propuesto lo suficiente para merecerlo. El empate disfrutó de una dosis de fortuna dramática. En un córner la cabeza de Ángel maniató al Reus, que se olvidó la atención. Se coló llorando la pelota. En todo caso, la maravillosa historia entre Reus y Valladolid se había inaugurado mucho antes.

Por ejemplo, Badia se transformó en David Barrufet para maniobrar y crear otra parada relacionada con el milagro. Sólo se habían consumado cuatro minutos y el Reus había entrado gélido, todavía desperezándose de la siesta. Calero despejó al limbo y su patadón originó un susto monumental. Dejó pasar Mata porque vio de reojo como Iban Salvador, su socio en el ataque del Pucela, se había colado por una grieta. Quedó liberado ante Badia. Supermán clavó sus pies con pegamento y no se venció. Aguantó hasta que Salvador tomó la decisión. La escupió con los pies. El legendario Barrufet la hubiera firmado en sus tiempos de gloria. 

En realidad, el Valladolid madrugó para enseñar su candidatura al partido. Se comportó con jerarquía. Con el balón combinaba sin pestañear, con una personalidad fascinante, sobre todo arropado en la cordura de Luismi, su eje. Sin él castigaba las pérdidas del Reus con pánico. Mordía en la presión, asfixiaba. En todo caso, encontró la respuesta vacilona de un Reus obligado a conectarse con urgencia. Más por corazón que por fútbol, pero vale. A veces vale. Las piernas y el alma de Querol y Edgar ofrecían conductos de salida. El reusense confió cuando nadie confiaba en una pelota imposible.

Menéndez se apoyó en la cabeza de Edgar en un servicio en largo. La caída murió en los pies de Kiko Olivas, uno de los guardianes del Valladolid, que confió en exceso. Las piernas de Querol y la pillería que aprendió en el barrio le convirtieron en un conquistador romántico. No sólo ganó la pelota, definió con dulzura. Acomodó el cuerpo para ejecutar con la diestra. La colocó en el ángulo. En el 25. Fue estímulo y jolgorio. 

Pareció crecer el Reus, desbocado de emoción y reforzado de fe, pero su enemigo se negó a caer. El Valladolid es un volcán, un equipazo de fútbol. Cierto que halló un tesoro gracias a la fortuna, pero nadie puede negarle sus méritos. En una falta lateral de apariencia estéril, Miramón no dio con la tecla en la defensiva y cayó el balón muerto a los pies de Mata, en el corazón del área. El desenlace ya se conoce. Gol. El 12 de Mata, desatado. 

Garai acudió al libreto para encontrar acomodo a sus chicos tras el respiro. Ingresó Íñiguez y salió Cámara. Activó la fórmula de los tres centrales. En lugar de refugirar al equipo en la apariencia lo estiró. El agobio del Valladolid decreció, aunque Mata perdonó el 1-2 tras una acción maravillosa de Toni Villa. Lo que vino después, ya contado, resultó un homenaje a la valentía. Una dulce interpretación del querer.

Ficha Técnica

Reus. Badia: Miramón, Olmo, Pichu Atienza, Menéndez; Ledes, Borja Fernández  (Haro, min. 84), Domínguez; Querol (Tito, min. 73), Edgar y Cámara (Íñiguez, min. 56).

Valladolid. Masip; Antoñito, Calero, Kiko Olivas, Ángel; Luismi, Anuar (Villalibre, min. 75); Óscar Plano (Gianniotas, min. 80), Iban Salvador (Míchel, min. 67), Toni Villa; y Jaime Mata.

Goles. 1-0, Querol (min.26); 1-1, Jaime Mata (min.32); 2-1, Gus Ledes (min.68); 2-2, Ángel (min.82).

Árbitro.  Pulido Santana (canario). Mostró amarilla a Pichu Atienza (min.52) por parte local; y a C

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