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Camino a Soria, desde Reus y por amor

Salvador Rubio mantiene lazos con la tierra para recordar a su mujer Consuelo, fallecida en 2011. Vivió en directo la inauguración del Nuevo estadio de Los Pajaritos en 1999, en un amistoso ante el Zaragoza

Marc Libiano Pijoan

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Salvador Rubio ha atendido al Diari en su domicilio de Reus, donde posee dos camisetas del Numancia. Foto: Alfredo González

Salvador Rubio ha atendido al Diari en su domicilio de Reus, donde posee dos camisetas del Numancia. Foto: Alfredo González

No sólo ‘Camino Soria’, el tema que encumbró a los Gabinete Caligari, en pleno apogeo de la Movida Madrileña, reivindica los encantos de Soria, la ciudad que vio nacer, crecer y deslumbrar al Numancia. En Reus también se rompen lanzas a favor de esa tierra con embrujo, en las entrañas de Castilla y León. Por allí se eleva el Monte de Las Ánimas del que tanto habló Gustavo Adolfo Becker, en sus Leyendas, ese libro fetiche en época del EGB.

Para Salvador Rubio, la provincia mantiene un significado romántico indiscutible. Él se siente como un soriano adoptado. Su mujer, Consuelo, le abrió las puertas de ese mundo que parece tan lejano pero que no lo es. Hace 40 años que convive con sus gentes, desde que Consuelo le presentó a la familia. Los hijos de la pareja, Víctor y Sergio, recorrieron todos los rincones del lugar en épocas vacacionales. Vivieron sus Veranos Azules particulares a la vera de Los Pajaritos.

Salvador perdió a su mujer en 2011, a causa de una enfermedad, aunque no se ha olvidado de Soria. Ha cuidado ese lazo al milímetro. Para él se convierte en rutina sentimental e innegociable. Probablemente, el mejor homenaje para Consuelo. Con su suegro, Fernando, le distingue una relación especial. «Para mí es como un segundo padre», admite este técnico de mantenimiento y amante del deporte.

Sentimientos de fútbol

Salvador es fiel seguidor del Atlético de Madrid y del Numancia, pero también abonado del Reus, la ciudad en la que convive desde hace más de cuatro lustros. En su caja fuerte de recuerdos brilla la inauguración del Nuevo Estadio de Los Pajaritos, el escenario del Numancia-Reus de este domingo. Rubio presenció en directo esa velada de estreno, en enero de 1999, en un amistoso ante el Zaragoza. «Recuerdo que en cada asiento se colocaron cojines de regalo con la fecha de la inauguración grabada como regalo», confiesa.

El frío del Cierzo suele congelar rostros en tiempos actuales. De hecho, Los Pajaritos ha sumado a su nómina de comodidades la calefacción, que se instaló el pasado año. «Piensa que en Soria, los pájaros no pillan, estornudan», recuerda el protagonista, que ensalza el corazón de los sorianos. «Es gente hogareña y acogedora. Yo les estoy muy agradecido». Incluso ha previsto una visita inminente, para la primera quincena de marzo.

En la cartera documental de Salvador reinan dos carnets imprescindibles. Socio no abonado del Glorioso Atleti y abonado de tribuna alta del CF Reus. El número 1381 de la familia rojinegra. Eso sí, para el domingo no cuenta con preferencias. «Que gane el mejor», confirma con paz. «La gente en Soria se ha volcado mucho con el fútbol, sienten al Numancia muy suyo, se identifican con el equipo», destaca.Desde aquella eliminatoria de Copa de 1995-96, ante el Barcelona, la luz del balón se encendió en Castilla la Macha. El Lotina Team supuso algo mucho más profundo que un recuerdo dulce. Su gesta inyectó dinero y poco después se construyeron dos nuevos y modernos estadios.

A horas para esa fecha futbolística pionera en Los Pajaritos, en la primera visita del Reus, Salvador mira con cierta nostalgia esa ciudad postrada a la ribera del Duero. «Allí me encuentro en la gloria que no sentí jamás». Ya lo cantaban los Gabinete.

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