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Cuando la emergencia va más allá del gol

Tras toda una vida ligada al fútbol, en la que llegó a jugar con el Nàstic en Segunda, Albert Virgili es bombero en el Parc Químic del Polígon Sud

Iñaki Delaurens

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Imagen de Albert Virgili en el campo de la Pobla, en el que tantos goles ha marcado y donde es miembro de su junta directiva. Foto: Pere Ferré

Imagen de Albert Virgili en el campo de la Pobla, en el que tantos goles ha marcado y donde es miembro de su junta directiva. Foto: Pere Ferré

Es un día más de guardia en la imprevisible jornada del bombero. Albert está realizando tareas rutinarias. Mira que la cuba del camión esté llena de agua o quizá comprueba el material que se ha utilizado después de una salida. En fin, dejándolo todo listo por si el deber le exige actuar ante una emergencia. 

Llega el aviso, como casi siempre por sorpresa. Albert responde al momento, se viste con el EPI (equipo de protección individual) y se prepara para lo que le pueda deparar la alarma. Como bombero en el Parc Químic del Polígon Sud de Tarragona, hay una serie de emergencias comunes, aunque no siempre la información disponible es muy completa cuando salen con los vehículos. Puede ser el derrame de algún líquido inflamable, alguna grúa que se haya sobrecalentado, algún barco del Port con problemas en la sala de máquinas o incluso un rescate. Sea lo que sea, tiene que estar listo para responder ante los imprevistos. 

Tras una vida ligada al deporte, Albert Virgili (Tarragona, 1983) sabe trabajar en equipo. Ante una emergencia, el compañerismo, como en el fútbol, pasión de nuestro protagonista, resulta vital para lograr el éxito. 

Virgili, el futbolista, lo alcanzó con el Nàstic. Fue el 15 de mayo de 2011 contra el Betis. El Nou Estadi se había puesto sus mejores galas para atar la permanencia en Segunda tras un año agónico al borde del descenso. El partido se acababa y Virgili logró el 3-1 definitivo con un remate de zurda en el segundo palo. Gol y salvación.

La seguridad es uno de los principales valores que se aprenden en la labor del bombero. Cuando un futbolista salta al campo controla sus pulsaciones. Incluso si está en estado de gracia, con confianza, saca a relucir su mejor versión. Pero cuando suena la señal de emergencia es más complicado. Son infinitos los escenarios que se le abren a Albert en su día a día. Ante cada aviso es imposible mantener a raya la adrenalina. Controlar los nervios es vital para saber actuar en cualquier situación en la que puede haber vidas en juego y no hay sitio para agobios ni ansiedad. 

Pep Guardiola, ese perfeccionista que ha ideado una nueva manera de comprender el fútbol, sufrió la habilidad goleadora de Virgili. Como delantero, el tarraconense tenía, aún lo conserva, mucho gol. En 2008, el Barça B se plantó en la Pobla de Mafumet para imponer su hegemonía en Tercera. Pero el ariete grana se anticipó al portero y anotó el 1-0, inamovible. Guardiola, noticia esos días ya que sonaba como futuro técnico del primer equipo azulgrana, vio amargado su sábado a manos de Virgili. 

Albert había querido ser futbolista desde pequeño. Como muchos niños, soñaba con convertirse en una de esas estrellas del Barça o del Real Madrid que salían por la tele. Ser bombero no era su prioridad. Lo era la pelota. Siempre luchando por mejorar y llegar a lo más alto. Hasta hace pocos años, cuando superados los 30, los futbolistas se plantean su vida laboral más allá del juego. El negocio familiar vinculado a las máquinas de vending, sobre todo de tabaco, iba a ser su futuro. Pero una ley del gobierno que afectaba a las empresas independientes lo echó todo al traste. Debía buscar otra salida.

Entró en la base del Nàstic con 8 años y se formó en el club grana. Como futbolista pasó por el Zaragoza B, Novelda, Reus, Sporting Mahonés, Pobla de Mafumet, Kitchee (Hong Kong), Nàstic, Llagostera, Ascó y Tortosa. En su última temporada en el Nàstic (2012/13) vivió otro momento épico. El Reus llegaba al Nou Estadi diez temporadas después del último derbi. El Nàstic, uno de los favoritos para el ascenso, estaba lejos de su objetivo. La presión era máxima. El partido sucedió sin goles hasta que apareció Virgili. Su cabezazo halló la red en el tramo final para encarar el triunfo. El estadio volvía a corear su nombre. El deseo de un niño hecho realidad.

Albert ha estrenado paternidad. Junto a su pareja, Estefanía, tienen un hijo que ha pasado al primer puesto de sus prioridades, el pequeño Albert. Para que esta nueva labor funcione, es necesario un empleo y estabilidad. Aspectos normalmente poco ligados al entorno del fútbol.
El último episodio futbolístico de Virgili está vinculado a las Terres de l’Ebre. La temporada pasada firmó con el Tortosa, pero su disposición ya no era la de capítulos anteriores. La capital ebrense queda lejos de la Pobla, donde tiene establecida su vida; la familia y el nuevo trabajo requerían de su atención. 

Las cosas sobre el campo fueron rodadas. El equipo subió a Primera Catalana y era la referencia en ataque. Pero esta campaña Virgili había notificado al club que les ayudaría mientras no tuvieran delantero. Una vez ya encontrado, se ha desvinculado del equipo para centrarse en los suyos. Eso sí, no cierra la puerta a nueva aventura futbolística al lado de casa.

Ahora desarrolla las funciones de bombero, con turnos largos y en fin de semana que apenas se pueden compaginar con el fútbol. Ha cambiado la pelota por el camión y el gol por su hijo pequeño. Sigue vinculado al fútbol, es miembro de la junta directiva de la Pobla. Quién sabe si lo volveremos a ver corriendo sobre el césped y marcando. De todos modos, disfruta de la paternidad y la familia, mientras que cuando llega el aviso se prepara para responder ante cualquier emergencia.

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