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El Kaiser seguirá mandando

La renovación por una temporada más otra opcional de Jesús Olmo con el Reus es una declaración de fidelidad hacia un club que apostó por él en 2014 cuando ya le daban por retirado

Marc Libiano

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Olmo intenta despejar un balón. Foto: Alfredo González

Olmo intenta despejar un balón. Foto: Alfredo González

Sube el pan cuando Jesús Olmo (Barcelona, 1985) decide hablar. No lo hace a menudo, pero cuando se arranca su claridad y honestidad no pasan desapercibidas. De ahí que en el vestuario y en la planta noble de Can Reus se le escuche. Olmo ha callado mucho durante su carrera. Sobre todo a los que le dieron por retirado en aquella terrible lesión en el talón de Aquiles, que le apartó de la actividad durante casi dos años. Ocurrió en Sabadell, cuando justamente su fútbol estético le ponía algo de azúcar a la Segunda División.

El Reus arriesgó con la contratación del central, en verano de 2014. Por lo menos a simple vistazo. Olmo se ha encargado de darle la razón a esa apuesta con el ruido de su trabajo. Cumple su cuarta temporada en el club. No se trata de una exageración si le consideramos jugador franquicia. En el campo y fuera. Ahí lucen sus registros, la nómina de méritos es abundante.

En Reus se acerca al centenario de partidos, con un papel crucial en el once. Desde la cueva es el encargado de darle sentido a cada aventura ofensiva del Reus. Nadie saca el balón tan limpio como Olmo. Aprendiz indiscutible de la escuela del Barcelona, donde se crió, este guardián usa el cerebro para interpretar y anticiparse a las situaciones. No defiende por despliegue, lo hace arropándose en la inteligencia. Suele andar bien colocado, no comete jamás errores de concentración, lidera con eficacia. Luego sus pies hacen el resto. Pone el balón casi donde le apetece.

Garai no ha renunciado a la jerarquía de su capitán, la ha reforzado. Le ha entregado el peso del equipo consciente de que su ascendencia resulta hoy crucial. En los instantes oscuros, de sacar el pecho ante la adversidad, Olmo se coloca el primero de la fila. En Reus lo ha demostrado con creces. Natxo le conservó en la nómina de elegidos y Garai le ha ofrecido esa continuidad. Pocos equipos pueden presumir de una nómina de centrales como la del Reus. Olmo y Pichu como cabezas de cartel. Íñiguez, como aspirante. Tres defensores de altura. Se ve reflejado en la fiabilidad defensiva del Reus.

Actor diferencial del pionero Reus del ascenso a Segunda A, Jesús Olmo ha esquivado las dudas sobre su físico bajo el prisma de la naturalidad. En cuatro cursos se le cuentan pocas recaídas físicas. En tiempos de guerra y trinchera no ha dudado en salir al césped con algún dolor extra. El rendimiento, a nivel general, ha rozado la matrícula. Se recuerdan pocos partidos deficientes del central, muy conocedor del oficio, experto, con un millón de cicatrices en su rostro. Probablemente vivir en la dificultad permanente, en la soledad de una lesión eterna, le ha madurado el carácter. De piel dura.

Por eso la renovación del capitán no se trata de una noticia cualquiera. Es la noticia. La firma de patrimonio del club. Jesús forma parte de esa lista de actores que finalizan contrato el 30 de junio. En ella se encuentran tipos de máxima relevancia como su socio en la zaga, Pichu Atienza, y el lateral diestro, Jorge Miramón. Futbolistas con cartel en el mercado y en los que el Reus va a tener que trabajar muy duro para poder retener. El club parece haber puesto en marcha la maquinaria para mantener esa columna vertebral del éxito. Atienza y Miramón la componen. Hasta enero, cuando los agentes libres ya pueden negociar con otros clubs, la dirección deportiva dispone de tiempo y margen de maniobra para convencerles. Apetece conservarles. Competir con dinero resultará un imposible. Sí con un proyecto de futuro goloso.

De momento, en Reus, se celebra la fidelidad del capitán. Olmo no olvida que alguen apostó por él cuando nadie le quería, cuando le habían apartado. Ese alguien tiene nombres y apellidos; CF Reus Deportiu.

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