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El calvario de once metros

El Reus empieza el curso sin puntería en los penaltis,  un problema que arrastra del pasado. En la anterior temporada desperdició hasta cuatro. David Querol erró de nuevo ante el Nàstic 

Marc Libiano

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David Querol es consolado por Menéndez al final del derbi. Foto: Alfredo González

David Querol es consolado por Menéndez al final del derbi. Foto: Alfredo González

David Querol abandonó el verde del Estadi hundido. Cabizbajo, en esa soledad que siempre inunda al que señalan con el dedo. A diez para que el derbi recogiera bártulos, se presentó ante él la opción del foco. Ricardo había provocado un penalti tras una acción personal maravillosa y los ojos del Estadi se pegaron en el rostro de Querol, uno de sus ídolos. Reusense de cuna, con el sentimiento rojinegro a flor de piel. David asumió una responsabilidad cardíaca. Si anotaba iba a salir a hombros. Sino, casi a escondidas. No culminó y se instaló el estado de depresión. En todo caso, el error desde los 11 metros ya no sorprendió a los hinchas. Se trata de un mal endémico que el Reus arrastra del pasado. Los registros no engañan.

El Reus finalizó su primer curso en Segunda División instalado en la zona media, aunque con cuatro errores desde el punto fatídico. No les echó de menos hasta cierto punto, porque de haber culminado la mitad, quizás sus pretensiones en la tabla se hubieran arropa a una ambición superior. Edgar ante el Girona, Jorge ante el Almería, Miramón ante el Mallorca y Ricardo ante la UCAM Murcia mandaron al limbo sus intentos. 
El paisaje se ha reanudado de la misma forma con el error de Querol ante el Nàstic. Un penalti que pudo ofrecer tres puntos, ya que el derbi transitaba bajo un empate a 1-1 incierto. Así se quedó. El atacante reusense tardó cero en pedir perdón  a través de sus redes sociales. Pasó mala noche, ese tiempo de luto que necesita cualquier futbolista tras una tarde alejado del éxito. El domingo, en Oviedo, aparece una nueva oportunidad. 


Sensación agridulce
El penalti trasladó un estado anímico confuso en el gentío. No se hacía ascos al empate, aunque con la victoria tan cerca, quedó esa sensación de oportunidad perdida. En todo caso, el estreno del equipo de Garai en casa gustó por fases. Hubo momentos convincentes y otros de sospecha. No deja de ser normal. En la segunda fecha la perfección no existe. Ni nada que se le acerque. 
El bagaje en este arranque de curso no invita al pesimismo. Garai trata de suturar cuanto antes a un plantel novel, con incorporaciones sin recorrido en la categoría pero con condiciones esperanzadoras. El Reus ha sumado en los próximos exámenes. Alejarse de la derrota en tiempos de adaptación trae confianza, autoestima para reforzar ideas y unir al grupo. En Oviedo, el domingo, se asoma otra velada magnífica. Ante un rival con peso e historia y en el nuevo Tartiere, un estadio de postín, delicioso para cualquier futbolista.
Mientras, resta por cerrar la grieta de los penaltis. Definir especialistas y hallar una efectividad lógica para no lamentar males mayores.

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