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El fútbol definitivo

El Nou Estadi llegó al éxtasis en un partido repleto de buen fútbol y goles. La afición premió el coraje y la entrega de los suyos

Joan Mellado

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La afición da la bienvenida a los jugadores. Foto: Pere Ferré

La afición da la bienvenida a los jugadores. Foto: Pere Ferré

Funambulismo futbolístico. Fútbol gonzo. La combustión de una traca de goles y emociones. Una escalada cuya altura, y esto es lo más sintomático, llegó a resultarle indiferente al Nou Estadi. La afición del Nàstic necesitaba esto. Sentirse afortunada, que es algo así como sentirse especial. Si el punto fue insuficiente para el equipo, el espectáculo representado sobre el tapete grana fue una de esas carambolas largas, del más imposible todavía, que se ganan la condición de recuerdo viral para las aficiones implicadas.

Las fiestas de graduación de los equipos de Segunda siempre son en un mediodía de domingo de primavera. Uno se figura la música del Plus, esa transcendencia, esa condición de aspirante y, claro, es para alterarse. El éxtasis vivido ayer en el Nou Estadi confirmó definitivamente el cambio de chip que en un proceso mesurado, paciente y cauto han ido ejerciendo equipo y afición.

Para empezar, 10.227 espectadores. Récord de la temporada, superando incluso la cifra del día contra el Llagostera, que obedeció más a una respuesta al pasado que a la ambición. El llamamiento del club a la afición a través de las promociones surgió el efecto deseado.

El partido que Nàstic y Córdoba nos regalaron ayer es de los que llenan domingos, de los que completan a la afición. El grado de sublimación que se iba alcanzar se comenzó a cocer a partir del primer gol visitante. La primera caída y el primer levantamiento. A partir de ahí, la primera parte ofreció una retahila de fútbol combinativo, de asociaciones ingeniosas y fantasiosas, de regates sonoros de Emaná y, por encima de todo, de una persecución en el marcador en forma de goles.

Y la primera parte acabó y la afición siguió animando a los jugadores, ya de camino al vestuario y recibiendo más dosis de motivación, uno a uno, por parte de Xisco Muñoz. En la derrota, momentanea y por 2 a 3, equipo y afición alcanzaron la fusión excelsa.

La segunda parte fue más de lo mismo, en sentido positivo. Las mordidas del Córdoba respondían al dominio grana. La persecución persistía emocionante, enfilando el final pero sin sensación de perecer.

Incluso con el tercer gol de Florin, que ayer cosió a aguijonadas al Nàstic, no fue suficiente para perder la fe. Y para más enredo, el último gol del Nàstic y del partido, el de esta vez sí que es el último, tuvo que ser de penalti. En la grada, a lo Jurgen Klopp, algunos se pusieron de culo o escondieron la cara en sus cardigans primaverales.

Pero Emaná no erró. Incluso con un compromiso moral a la categoría del partido, el camerunés embelleció la ejecución de la pena máxima con un disparo marcado por el dominio del tiempo, de las emociones y de la técnica.

Suficiente. Así acabó el partido más divertido de la temporada. El encuentro que, esta vez sí, debe hacer de efecto pegamento para la afición. Definitivamente.

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