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El infierno de David Querol

El reusense intenta recuperarse de sus problemas en el cartílago de la rodilla derecha. Lleva siete meses sin jugar y nadie le asegura que pueda volver a hacerlo. Renunció a la renovación con el Reus porque primero quería recuperarse

Marc Libiano

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Alba Mariné

Alba Mariné

David Querol (Reus, 1989) anda con la mirada perdida. Se le ve triste, desconectado del ruido del fútbol. Su rostro es una manada de nostalgia. Se encuentra apartado del foco, no porque él lo haya elegido así. Un problema en el cartílago de su rodilla derecha le ha situado en un infierno emocional y aunque quiere aportar en el vestuario, esa sonrisa que parecía eterna se ha borrado de su anatomía. Querol no es dudoso en eso. Si no enseña alegría es porque sufre, porque no está conforme con la vida que lleva. Hasta el punto que cada mañana, cuando suena el despertador, esa maldita rodilla le recuerda un dolor insoportable.

El reusense no sólo acumula siete meses sin poder mostrar sus virtudes, acumula desgaste psicológico, el que produce no hallar una solución a esa inclemencia física. La desesperada la ha encontrado en Lleida, donde un especialista en cartílagos le intenta mimar para recuperarle cuanto antes. El plazo es diciembre. Veremos. Hoy, nadie le asegura que pueda volver a jugar y, si lo logra, siempre va a hacerlo con dolor. El peaje de una lesión que todavía no ha atisbado una solución para el deportista de élite.

“Algunas mañanas, cuando me levanto, no tengo ganas ni de aparecer por el Estadi” ha llegado a confesarle a su entorno más íntimo. La lesión de cartílago penaliza la rodilla, pero también el entusiasmo. Existen instantes de desesperación lógica, sobre todo cuando el futbolista se da cuenta de que no avanza, de que su estado no mejora. El caso del reusense tiene que ver con eso.

A pesar de los instantes de oscuridad, el compromiso del futbolista con el club no ha variado. Justo el día después de ese percance, el Reus le ofreció la renovación para que pudiera asegurarse el futuro más inmediato. Querol no quiso hipotecar al Reus. Prefirió no renovar y emplazó a Parés a que volvieran a hablar una vez estuviera recuperado. De hecho, el mismo delantero no ha tenido ningún inconveniente en ceder su ficha si la planta noble la precisa para firmar un nuevo fichaje, sobre todo en el presente, con el problema de las no inscripciones, que han dejado a la plantilla muy debilitada.

El último domingo de Querol con el Reus se recuerda lejos, muy lejos. Desde un 18 de marzo de 2018 que no forma en el once. Ocurrió aquella tarde en el mítico estadio de Vallecas. El Reus iba de naranja entonces y el atacante completó una actuación acorde con el buen comportamiento colectivo. Pocos días después se resintió de la rodilla y ya no ha vuelto a aparecer. De hecho, ha visitado más el gimnasio que el césped. Incluso, en época vacacional.

Ni siquiera ha cesado el esfuerzo a pesar del desánimo que provoca cualquier sentimiento cercano a los abismos. Querol lucha contra sus propios límites para poder ejercer esa profesión que tanto le ha costado alcanzar. Chico de barrio humilde, criado en el Astorga y forjado en el Reus, con ADN ganxet. Sin duda, uno de los actores más valorados por los hinchas. Éstos claman por su vuelta, mientras él resiste al dolor y apura.

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