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El ying y el yang del tiempo extra

Análisis. El tiempo de descuento dio al Nàstic lo que le había quitado siete días antes, tres puntos para respirar tranquilos, en principio, hasta final de curso

Jaume Aparicio

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Javi Márquez celebra el gol de Jesús Rueda en el descuento que dio el triunfo al Nàstic ante el Valencia Mestalla. FOTO: PERE FERRÉ

Javi Márquez celebra el gol de Jesús Rueda en el descuento que dio el triunfo al Nàstic ante el Valencia Mestalla. FOTO: PERE FERRÉ

Cuesta recordar un final de temporada en la que los aficionados del Nàstic pudieran acudir tranquilos a ver los partidos de su equipo. Sin permanecer con el corazón en un puño mientras el futuro del club se disputa sobre el verde. Si no sucede nada raro, algo nunca descartable cuando se trata del Nàstic, el conjunto grana no pasará apuros este curso para mantener la categoría. La victoria ante el Mestalla, combinado con los resultados de los rivales directos, ha alejado al equipo de Seligrat de la zona de peligro. Hubo que esperar al último instante del envite para poder engullir ese triunfo tranquilizante. El gol de Rueda en el último segundo enmendó el punto perdido en Castellón en el tiempo extra.

+ Jugada de estrategia

Hacía semanas que la pelota parada (sin contar los penaltis) no se mostraba tan efectiva como lo había sido hasta ahora. Ni la bota de Bonilla estaba siendo precisa, ni los rematadores acertados. Todo cambió en el minuto 92. La puso el soriano con su zurda imperial. Remató Pedro para toparse con un defensor. Embocó Rueda ese balón suelto para apretar el botón de la explosión festiva en el Nou Estadi.

+ Javi Márquez

Volvió a ejercer de capitán y autoridad máxima en el campo. Ordenaba con gestos y dirigía con su zurda magistral como un director de orquesta sinfónica. Sus pases filtrados, su orgullo y su sacrificio instaron a sus compañeros a insistir en busca del premio. Como dijo Seligrat en rueda de prensa, con la exitosa carrera que ha tenido, el centrocampista badalonense podría irse para su casa tranquilamente. Y no en pocas ocasiones se le ha pasado por la cabeza. Pero el compromiso y la responsabilidad adquirida con sus compañeros ha llevado a recuperar a ese Javi Márquez que se deleita con el balón en los pies y que hace disfrutar a todos los espectadires,

+ Defensa

La zaga del Nàstic es un territorio confuso. En los últimos partidos transmiten sensaciones positivas. Juan Rodríguez ha dado un salto exponencial en su rendimiento. Jesús Rueda tanto da que se ubique en el centro de la retaguardia como en el medio del campo, su hoja de servicios es formidable. Y qué decir de Pol Domingo. El niño prodigio de esta temporada. Un defensor con una explosividad que ya hubieran querido tener algún central establecido en la élite a su edad.

- Portería a cero

Sin embargo, esa conjunción de buenas prestaciones no evitan que el equipo siga encajando goles con demasiada facilidad. En determinados contextos de partido, en los que el rival asume el peso anímico, siempre se produce una brecha en la muralla. Un resquicio en uno de los costados que desordena la línea y acaba colocando a Bernabé en desventaja frente al equipo rival. Siete goles en cinco partidos han tirado abajo la fortaleza que se levantó en los primeros encuentros de Seligrat.

- Final abierto

Llegar a los minutos finales con el marcador por resolver es jugar con el caprichoso destino. Una moneda al aire que puede decantarse para cualquiera de los dos lados. En Castellón cayó del costado rival. Ante el Valencia Mestalla todo lo contrario. En cualquier categoría, altas y bajas, es altamente complicado decidir los partidos con suficiente diferencia como para controlar los últimos minutos. Pero tampoco suele ser habitual que en dos semanas consecutivas el signo del partido se decida en el suspiro póstumo. La gestión de ese tramo debe estar más atada para no quedar tan expuestos al azar.

- Nou Estadi silencioso

Para lo que había en juego, me sorprendió la parsimonia con la que la grada se tomó el partido. Daba la impresión de tratarse de un partido de ‘costellada’. Faltó alma para acompañar al equipo. No fue hasta el empate que el Nou Estadi hirvió un poco. Entiendo el descontento por la situación. Se esperaba una temporada activa en la lucha por regresar al fútbol profesional y no tener que evitar un nuevo descenso. Pero si el hincha grana no aprieta, si el rival y el colegiado no sienten a ese jugador número 12 resoplándole en el cogote y estrujándole las tuercas, ganar en el Nou Estadi se hace más fácil. Tarragona debe volver a ser un territorio hostil.

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