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Fali: "Cuando firmé por el Nàstic llevé a mis hijas a comprar dos carros llenos de juguetes"

El mediocentro valenciano está agradecido al club grana por apostar por él y convertirle en jugador profesional 

Jaume Aparicio

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FOTO: Pere Ferré

FOTO: Pere Ferré

Es imposible no simpatizar con Fali. Su sinceridad y la pasión con la que habla del Nàstic le convierten en uno de esos capitanes sin brazalete. La afición siente que pocos futbolistas les representan mejor en el terreno de juego que el valenciano. Un jugador que se exprime tanto en el campo que cuando sale derrotado es incapaz de controlar las lágrimas de rabia.

Te tocó perderte el partido en Alcorcón por sanción. ¿Sufriste mucho desde casa?

Sí, claro. Como cualquier aficionado. Se sufre más fuera que en el césped. Me suelo poner nervioso. Encima nos marcan en el minuto 4…

¿Qué hiciste cuándo acabó el partido? ¿Mandaste mensajes a los compañeros?

Les dije que tranquilos. Que lo íbamos a sacar y no podíamos dudar de nosotros. En estas situaciones hay que ser valientes y confiar en el de al lado. Somos un equipazo. Toca demostrarlo cada semana. Con estar juntos, ponerle huevos y ganas sumaremos los tres puntos esta semana.

¿Ése es el mensaje? ¿Mantener la calma?

La gente, en la calle, me pregunta sobre el equipo. A todos les digo que no hay que ponerse nervioso. Ni la afición, ni los jugadores. La situación es jodida para todos, pero si una parte se pone nerviosa lo traslada a la otra. El aliento de ese jugador número 12 siempre hay que tenerla a favor, nunca en contra porque si no, el equipo rival juega con eso. He ido a muchos campos diciendo eso de que “si le metemos el primero su público les pitará”. Es una ventaja para el rival.

Tocan dos partidos seguidos en el Nou Estadi. ¿Es bueno?

Claro. La salvación para por Tarragona. Nos tenemos que hacer fuerte en casa. Los partidos fuera es espectacular. Pero es normal perder. Donde hay que ganar es ante nuestra gente. De aquí no pueden sacar nada.

¿Te ilusionó mucho irte al Barça B?

Era el Barça, sí, y te hacía ilusión pero me fui porque no estaba teniendo minutos. No contaba para Vicente Moreno, que es un pedazo de entrenador y me ayudó a crecer. Había jugado siete partidos. No entraba en sus planes y yo, como jugador, necesitaba minutos. La oportunidad era muy buena porque me ayudó a desarrollarme como jugador y persona.

Se te ve feliz en tu regreso al Nàstic.

Mucho. No sabía que me iban a acoger con tanto cariño. Para nada me lo esperaba. Vine porque quería ayudar. Me ha hecho mucha ilusión ese recibimiento y desde aquí quiero agradecérselo a todo el mundo.

Pocos nombres se han coreado en el Nou Estadi como el de Fali.

No sé cómo creé ese vínculo. Nunca había vivido lo que es sentirse tan querido. Se lo decía a Emilio (Viqueira): “No es normal que me pare la gente, el club y me muestren tanto cariño”. Es una locura que me encanta. Hace que me levante con muchas ganas de entrenar y ganar cada fin de semana por ellos.

¿No le has buscado una razón?

No sé qué he hecho. Entiendo que hay jugadores que marcan diferencias. Pero yo… Será porque me dejo la vida en el campo. No me gusta perder. Si tengo que meter la cabeza lo hago. Supongo que habrán visto eso. Se lo agradezco porque me dan ganas de seguir compitiendo al máximo.

¿Puede tener algo que ver esa pasión que transmites por el Nàstic?

Allí donde he estado he tratado de darlo todo, pero el Nàstic es diferente. Fue quién le dio de comer a mis hijas. El que me permitió comprarles juguetes. En Huracán y Levante económicamente no era nada y de golpe, aparece un equipo de Segunda y apuesta por mí. A este club le debo mucho. Ojalá pueda estar muchos años. Estaría encantadísimo.

Eso puede explicar esas lágrimas cuando el equipo perdió ante el Tenerife.

Me encantaría que alguien se pusiese en mi piel y viera lo que pasa por mi cabeza para que lo entendiera. Y alguno de mis compañeros.

¿Qué veríamos en tu cabeza?

Es querer ganar, disfrutar cada minuto, pero solo se disfruta ganando. Cuando gano y estoy en mi casa me bebo una cerveza más a gusto que nadie. Cuando pierdo ni mi mujer ni mis hijas me hablan. Que igual no es bueno. Pero soy así. No me gusta perder. Los jugadores tenemos la ilusión de mucha gente detrás. Hay que darlo todo por ellos. Que lo estamos haciendo, pero aún hay que dar un poco más. Cuando estamos en estas situaciones es porque no lo estamos haciendo bien y hay que apretar más, yo el primero. Es nuestra responsabilidad.

¿Cuándo ves que te puedes dedicar al fútbol exclusivamente?

Me casé con 16 años y desgraciadamente no tenía estudios. Estaba en el Catarroja en Tercera. El club no podía pagarnos y me fui al Levante. Ahí dije el fútbol o nada.

¿Crees que esa situación de todo o nada te ha podido dar un plus de motivación para llegar dónde estás?

Seguramente. Es que con 16 años y luego con una hija sabía que tenía que romperme la cabeza con todos para llegar. Que por mí no fuera. Ahora estoy aquí, con 24 años peleando por la permanencia y ojalá lo podamos lograr para el año que viene poder optar por algo más. Sería bonito.

Maduraste muy pronto.

Imagínate, con 16 años y padre. Tuve la ayuda de mis padres en el Levante y después hice un buen año en el Huracán y el Nàstic vino a buscarme. Por eso te digo que el Nàstic le ha dado de comer a mis hijas. El primer día que vine a Tarragona le di un carro a cada una de mis hijas y les dije: “Ir a la tienda de juguetes y compraros lo que queráis”. Me costó mucho. Igual que a muchos padres que lo pasan mal ahora.

¿Quién disfrutó más? ¿Ellas o su padre?

Yo, seguro. Ellas no lo entienden. Pero tener que cruzar por otra calle para no pasar por delante de la tienda de juguetes porque no le puedes comprar nada, es duro. Fue el primer día, eh. Ahora, ya no, que se mal acostumbran (risas). La de la tienda alucinaba. Tuve que coger tres taxis. Lie una que no veas. Por eso le tengo tan aprecio a este club.

No puedo dejar de preguntarte por el Barça. Corren muchas anécdotas de ti. A ver si son verdad. ¿El primer día te hiciste una foto con Messi?

Ja,ja,ja. No fue así. Le dije a Busquets padre, que es el entrenador de porteros del Barça B, que me presentara a su hijo, que para mí es el mejor pivote defensivo del mundo, mi ídolo. Pasaron dos semanas y no me llevaba, así que le dije: “¿Qué pasa, Busi, que tu hijo no quiere verme?” Me dijo: “¡Vamos mañana!”. Y así fue. Salió Sergio del vestuario, me regaló una camiseta, etc. No tenía que entrenar con ellos porque Luis Enrique no me llamó nunca, pero entré al vestuario del primer equipo y vi a ‘Dios (Messi)’ tomando mate con Mascherano. Me temblaba todo. Cuando nació mi hija no me habían temblado tanto las piernas. Nada, que me acerco y me hago una foto con él. Se quedó sorprendido, diciendo ¿de dónde ha salido este tio? Porque pinta de futbolista no tengo. Me hice la foto con él, Suárez y unos cuantos y me fui. En el bar la tengo.

Ahora que hablas de Messi. Dicen que en los entrenamientos es aún más espectacular.

Es una locura. Increíble. No tengo palabras.

Valverde te ha llamado a entrenar varias veces, ¿cómo se controla Fali y su ímpetu en un entrenamiento contra las estrellas del Barça?

El primer entrenamiento le hice un pisotón a Arda Turam que no veas. Entró hasta el médico. Dije, ya la he liado. Menos mal que se levantó y me dijo muy bien. Imagínate si se lo pego a otro. Cuando iba allí era igual, pero, claro, con algunos jugadores tenía que ser tranquilo. Con Dembelé igual. Le metí el cuerpo, chocamos, lo tiré y rápidamente lo levanté.

¿Se te pasaron los 140 millones de euros por delante?

Es que yo soy como soy en todos los lados. Por eso creo que Valverde me subía.

En el Barça B hablaban de tu influencia en el vestuario.

La verdad es que sí. El capi, Palen (Palencia), sabía que estaba con él a muerte pero que si tenía que apretar las tuercas lo hacía. Es muy maduro de cabeza. Había algunos que no porque se nos iban. Aleñá también me dio las gracias cuándo me fui. “Gitano (que así me llamaban en el Barça B, y yo orgulloso), gracias por haberme enseñado el fútbol de otra manera”. Ellos veían el fútbol como un juego sin más. Les expliqué que vestían un escudo que millones de jugadores sueñan. Cada entrenamiento hay que dar la vida. Siempre. Aleñá fue madurando eso y con la calidad que tiene llegará a dónde quiera.

En el Nàstic también te has hecho notar en el vestuario...

Aquí me gusta porque no soy el padre de todos. Allí nadie me apretaba y aquí soy uno más. Aprieto y me aprietan. Te hace mejor jugador. En el peso mismo. Estaba un poco por encima y Nano, Alberto, me dijeron que tenía que bajar. Estoy mucho mejor.

Con Varo sufristeis el año pasado con el Nàstic.

Mucho. Piensa que cuando me marchaba me cogió Varo y me dijo: “Por favor, salvad al equipo”. Claro, él estará el año que viene aquí.

¿Y qué le dijiste?

Tranquilo, hermano, que esto lo salvamos con lo que haga falta.

¿Ha sido uno de los motivos de tu regreso? ¿El querer ayudar al Nàstic?

Dos días antes de que me llamara Emilio le había dicho a Varo que si me llamaba el Nàstic me iba. Fue un venazo. Algo tuvo que ver que al día siguiente me dijera que se había encontrado con Emilio. Yo no tengo móvil, es el de mi mujer y por la tarde, llegué a casa y me dijo mi mujer que había llamado el Nàstic. En un día resolví mi regreso.

¿Cómo se lo tomó Gerard López, porque eras un fijo?

Al principio me decía “imposible”. Hablé con Bakero y Pep (Segura) y les costó. Era el jugador que más minutos había jugado. 20 de 23 partidos. Me perdí dos por sanción y otro por lesión. Era muy difícil mi salida. Hubiera seguido jugando, pero quería venir aquí.

El Barça B también está en la lucha por la salvación.

Han tenido bajas. Pero se salvarán seguro también. Primero nosotros, y luego ellos.

Me han dicho que eres anti-redes sociales.

No tengo nada. WhatsApp en el móvil que comparto con mi mujer. Ni twitter, ni Facebook, ni tampoco Instagram. Me han dicho mis amigos que hay una cuenta en Instagram que se hace pasar por mí. Habrá que denunciarlo, porque no soy yo, que no tengo nada.

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