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Irati y Garazi, hijas adoptivas en Riudoms

De Vergara y Pamplona llegaron al club hace cinco años para compaginar el fútbol con la carrera de fisioterapia

MARC LIBIANO PIJOAN

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Irati y Garazi, hijas adoptivas en Riudoms

Irati y Garazi, hijas adoptivas en Riudoms

Cumplen 22 años y el fútbol y los estudios han convertido su relación en una bonita amistad. Curiosamente, lejos de sus puntos de influencia. Irati Lazcano y Garazi Basterrechea se conocieron en una residencia de estudiantes en Reus, ciudad en la que todavía residen. Se instalaron en la capital del Baix Camp para cursar la carrera de Fisioterapia hace justo cinco años y hoy ya se han convertido en dos licenciadas en la materia, aunque permanecen en la zona gracias a su afán por ampliar esa formación y a su pasión por el balón.

«Cuando llegué, yo solo quería encontrar algún equipo para poder jugar al fútbol y divertirme, sin ninguna intención más. Ahora tengo la suerte de formar parte de un grupo de jugadoras extraordinario, que competimos cada fin de semana», admite Garazi, la defensa central navarra, que se inició en el fútbol sala y luego añadió registros en el colegio Amigó. Irati, en cambio, había saboreado las mieles de un club profesional como el Eibar, donde disfrutó de un ascenso a Segunda División y llegó a entrenar con la Real Sociedad. Todo, justo antes de iniciar la carrera. «Siempre sueñas con llegar algún día a Primera. Mi padre se puso en contacto con el Reus, pero no tenían equipo amateur y gracias a Cristina Becerra me vine al Riudoms», refleja la mediapunta guipuzcoana.

Las dos protagonistas no sólo han alcanzado el propósito de seguir vinculadas al fútbol, se han involucrado en un proyecto de fútbol femenino de crecimiento constante como el del Riudoms. Junto a la dirección de Raúl Lucha han gozado de instantes inolvidables, como los dos ascensos consecutivos en los dos últimos cursos. Hoy, el Riudoms puede competir en la Primera Nacional, una categoría que se encuentra a las puertas del fútbol profesional. «Con respecto a Pamplona he notado mucha diferencia de nivel. También he podido mejorar mucho estos últimos años», comenta Garazi, orgullosa de la evolución.

Su compañera de equipo avala la fuerza del vestuario para la consolidación en Primera. «Somos como una familia, llevamos mucho tiempo juntas y seguro que vamos a hacer una gran temporada. No nos marcamos objetivos a largo plazo y vamos a intentar adaptarnos cuanto antes a la nueva categoría».

Casi inseparables

En la residencia de estudiantes, Irati y Garazi gestaron una amistad que se ha traducido al terreno de juego. Se las ve juntas casi de forma constante y en Reus se han apoyado mucho, sobre todo para combatir la soledad y la falta de un entorno familiar. «Al principio fue un poco duro, porque era la primera vez que me separaba de mi familia», reconoce Irati. «Desde el primer momento me he sentido muy a gusto aquí. Me considero como una catalana más. Los amigos que hemos conocido nos han hecho la vida más sencilla», admite Garazi. Solo el confinamiento y la crisis de la pandemia han alterado la rutina de las dos futbolistas foráneas del actual Riudoms.

Lazcano y Basterrechea regresaron a sus ciudades de procedencia durante los meses de confinamiento total. Se avanzaron a los acontecimientos para pasar ese encierro arropadas por los suyos, tanto en Vergara como en Pamplona. «Cuando vimos que iban a cerrar todo, nos marchamos. Nuestros compañeros de piso también lo hicieron y no queríamos sufrir ese confinamiento solas». En la actualidad, las jugadoras del Riudoms ya se encuentran independizadas en distintos pisos. El fútbol y sus correspondientes formaciones de grado superior las mantienen en Reus y Riudoms. Ya son hijas adoptivas.

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