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Joan Solanas, 500 momentos

El delegado del CF Reus celebrará este sábado, ante el Almería, su partido 500. Debutó en Montilivi, en un Girona-Reus de Tercera División en el curso 2006-07. Ahora disfruta del viaje por la élite

Marc Libiano

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Solanas, en uno de los banquillos del Estadi. Foto: Alba Mariné

Solanas, en uno de los banquillos del Estadi. Foto: Alba Mariné

Un Girona-Reus en Tercera División inauguró los servicios de Joan Solanas (Reus, 1970) como delegado de la primera plantilla rojinegra. De eso ha llovido. Concretamente, hablamos del curso 2006-07. Ese domingo en el antiguo estadio de Montilivi se lesionó Ángel Blasco, portero de aquel equipo y por muchos años más en Can Reus y uno de los infinitos amigos que ha conocido Solanas a través del fútbol. 11 temporadas después, este reusense convive con la élite, en ese tránsito que el Reus ha dibujado en Segunda División. “Si me lo dices hace cinco años no te creo”, recuerda con nostalgia. Solanas conoce perfectamente las penurias y los lujos del fútbol. Se ha empapado en campos modestos y ahora disfruta y valora como nadie el nuevo status. Este sábado, en el Estadi, vivirá una noche especial. Cumplirá 500 partidos como delegado del Reus. El rival invitado a la fiesta, el Almería.

Joan Solanas no se trata de un delegado al uso. En su nómina de funciones no existe el tiempo. Es el poli bueno de los jugadores. El teléfono le echa humo. Se encuentra en un millón de grupos de WhatsApp, soluciona mil problemas al día y encima rescata huecos para atender las necesidades de los futbolistas. De la búsqueda de vivienda hasta la simple compra de un televisor. Cuando éstos precisan atención, el delegado se convierte en el apoyo primordial.

Un pequeño museo en casa. En su despacho personal guarda varios recuerdos de esos 500 partidos.

En sus innumerables recuerdos relucen dos ascensos; a Segunda B en 2011 y el pionero a Segunda A en 2016. En todo caso, la máxima emoción la sintió en Santander, en aquel histórico partido de ida de la eliminatoria de campeones ante el Racing, donde el Reus cerró el ciclo con una obra maestra y un 0-3 de botín. Fue en mayo de 2016. “No sólo fue algo espectacular por el partido. Ver a tanta gente de Reus llegar con los autocares resultó emocionante”, recuerda.

El delegado rojinegro ha convivido con cinco entrenadores; Natxo González, Ramon Calderé, Santi Castillejo, Emili Vicente y ahora Aritz López Garai. “De todos ha aprendido mucho y guardo buena relación con ellos. Me acuerdo al principio, cuando Natxo, en su primera época, me dijo que quería que estuviera a su lado como delegado”, comenta. Xavier Llastarri le propuso la idea de suplir a Cristóbal Simón, que por motivos laborales debió dejar el cargo, en aquel curso 2006-07, en el que el Reus se quedó a las puertas del ascenso a Segunda B, tras caer en el cruce decisivo ante el Betis B.

En esa larga travesía por el fútbol que ya le contempla, el reusense ha vivido también instantes de lágrimas. Se le encienden los ojos cuando habla de Jordi Pitarque, del que vivió su muerte en primera persona en 2010. “Fue algo terrible, lo peor que he vivido. Él nos dio la fuerza para ascender aquella temporada”. También con la desaparición de Emili Vicente, en mayo de 2017. Presume de una foto con el mítico Quini, en el último encuentro de delegados de La Liga. “Para mí es un referente”. De familia futbolera, sus padre Joan llegó a ser socio número 6 del club. Junto a Maria Teresa, su madre, invierten los fines de semana para seguir al Reus alrededor de la península. Su abuelo llegó a ejercer como directivo del CF Reus.

Solanas, junto a Quini.

Solanas retomará el sábado sus obligaciones en el Estadi, donde se presenta horas antes de cada partido para revisar todos los detalles. De los milímetros del altura del césped hasta la cuidado de los familiares de los futbolistas que precisan su ayuda. Nada cambiará para él, aunque el aroma especial ante el Almería resultará inevitable. Celebrará sus 500 días.

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