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Jorge y Javi, los fans más fieles de Fran Carbia, son gaditanos y del Cádiz

El tío y el primo del delantero del Reus residen en la Tacita de Plata, como gran parte de la familia. El lunes no faltarán al estadio Carranza

Marc Libiano

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Javi, Fran y Jorge, en Cádiz durante la pasada temporada. Foto: Cedida

Javi, Fran y Jorge, en Cádiz durante la pasada temporada. Foto: Cedida

«Mis padres dejaron Cádiz y vinieron aquí casi sin nada para trabajar y conseguir que yo tuviera un buen futuro». Son palabras de Fran Carbia (Tarragona, 1992), una declaración de intenciones. Probablemente en el espíritu de superación de Francisco y Rosa María construyó su camino. El pequeño delantero del Reus cultivó la misma cultura del esfuerzo. Cualquiera que le vea expresarse sobre el césped intuye que, sin el hambre de progreso, no habría alcanzado el fútbol profesional.

El centro neurálgico de los Carbia Barrera se divide en dos polos, a una distancia de más de 1000 kilómetros. A un lado, Tarragona. Al otro, Cádiz. Ni siquiera el largo trecho entre las dos ciudades ha apagado la relación. Sobre todo, en casa de Jorge y María José, los tíos de Fran, habita un afecto especial. Javi, el primo, de apenas nueve años, venera cada gol del rojinegro. Es su principal defensor, su fan incondicional. Para Javi, Fran se ha convertido en espejo y en ídolo. Curioso, el pequeño Javier también ocupa la posición de delantero en el Ciudad de Cádiz. Para colmo, también es zurdo. «Yo les veo mucho parecido a los dos», recalca Jorge, al otro lado del teléfono. El tío presume de sobrino. «Verlo triunfar es un orgullo, porque sabes que es de esas personas que se lo ha tenido que ganar».

Jorge ocupa su tiempo laboral en una empresa de mantenimiento mientras no esconde su simpatía por el Cádiz. Al Carranza suele acudir con su hijo Javi cuando las obligaciones lo permiten. Evidentemente no faltará a la cita de este próximo lunes. El CF Reus de Fran aterriza en la Bahía inmerso en la felicidad de los resultados. «No sé qué decirte, el corazón estará un poco dividido», reconoce. Fran Carbia y su padre Paco han mostrado desde pequeños su pasión por el amarillo cadista. Incluso, el jugador del Reus pudo firmar por el club andaluz en verano de 2013, prefirió vestirse de rojinegro. En todo caso, la rutina en vacaciones no se ha roto. Este verano, Fran ha pasado una semana en tierras gaditanas. Javi no se ha separado de él. Las timbas de fútbol en la playa se han hecho eternas. El pequeño intenta recitar al dedillo cada gesto de su delantero favorito. Hasta lleva el mismo peinado, engominado como las grandes estrellas.

Una foto para el recuerdo
Jorge y Javi ya acompañaron a Fran en la visita que el Reus realizó al imponente estadio cadista, con Fran como uno de los exponentes indiscutibles de aquel equipo que dirigió Natxo González. En un domingo de febrero, previo al Carnaval, los dos protagonistas se repartieron los puntos, con el arquero rojinegro Edgar Badia con el papel de actor principal, con tres paradas a Ortuño majestuosas en el primer tiempo. El 0-0 contentó más a los reusenses, que regresaron con botín de oro. Tras la batalla hubo espacio para el disfrute, con foto obligada de los tres mosqueteros, Fran Javi y Jorge, en las entrañas del Carranza.

El tío del futbolista recuerda con cariño las primeras tardes de Fran en la plaza, dándole patadas a una pelota bajo esa timidez y sosiego que siempre ha enseñado. O cuando a la abuela se le ocurrió dejar suelto un melón por casa sin pensar en las consecuencias que eso podría traer. Fran pensó que era un balón Adidas Tango. Lo pateó sin pestañear. Ese melón voló por el balcón desde un quinto hacia el infinito. No hubo que lamentar males mayores.

El duende de la Bahía reinará en una visita especial, la del chico con raíces en la zona del Corté Inglés, que desea convertirse en profeta por una noche. El Cádiz-Reus no ha contado con el atractivo de la LFP, que lo ha puesto el lunes como si se tratara de una noche cualquiera. No pasada nada. Entre el color de la fiebre amarilla, el embrujo del Carranza y la calidad de los dos equipos, el espectáculo queda asegurado. «Al día siguiente debo levantarme a las siete de la mañana para ir a trabajar, ¿pero tú crees que voy a perdérmelo? Imposible». Jorge también lo tiene claro. 

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