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Juan Domínguez, el diésel de Pontedeume

El mediocampista olvida su triste paso por Mallorca dispuesto a reencontrar en Reus el nivel que le llevó a ser elegido mejor medio de Segunda  en 2014
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Juan Domínguez, durante el partido contra Osasuna. Foto: Alfredo González

Juan Domínguez, durante el partido contra Osasuna. Foto: Alfredo González

Mallorca no perdonó a los inquilinos del descenso a Segunda B, entre ellos Juan Domínguez (Pontedeume, 1990), un centrocampista que había llegado de prestado del Deportivo, avalado por el técnico Fernando Vázquez, una de las personas que más apostó por sus virtudes. Todo se enquistó en la isla desde el estreno. Vázquez duró poco en el cargo y el Mallorca y Juan entraron en un clima viciado, de difícil arreglo. Los resultados hablaron. El histórico club isleño cayó en el pozo de bronce y los dedos de los hinchas señalaron culpables, entre los que se encontraba Juan Domínguez, que incluso necesitó desmentir alguna acusación periodística errónea entorno a su profesionalidad. El pasado, probablemente, fue el peor año deportivo para este gallego nacido en Pontedeume, una localidad a medio camino entre La Coruña y Ferrol.

Este verano el Deportivo le cortó. Allí se había criado desde niño, tras iniciarse en el Narón Balompié. Cuentan que de benjamín fue citado por la selección gallega de fútbol sala para un campeonato de España. En ese combinado de futuros aspirantes también lucía Tiago Alcántara. En todo caso, Juan nunca olvidará un 13 de diciembre de 2009. Con 19 años, Lotina le ofreció la alternativa en el primer equipo del Deportivo. 

José Luis Oltra y Fernando Vázquez transformaron el tránsito de Domínguez, sobre todo gracias a su confianza. Con el primero, el mediocampista disfrutó de continuidad en la Primera División (2012-13). Con el extravagante técnico gallego devolvió al Deportivo a la categoría de oro en 2014. Había culminado 39 apariciones y recibió la distinción de mejor centrocampista de Segunda División. Eran tiempos de bonanza para un futbolista que ya enseñaba capacidad para el juego de asociación. De ritmo diésel y de conducciones poderosas, había conquistado el entusiasmo de Riazor y los Blues.  

La insistencia de Parés
En junio y tras el periplo sin fruto en Mallorca, Domínguez necesitó salir del Deportivo a regañadientes y medio apartado. Pepe Mel había decidido no contar con él. En un comunicado escueto en sala de prensa ponía punto y final a toda una vida deportivo de blanquiazul. Mientras, su celular no paraba de sonar. En la pantalla, un nombre habitual; ‘Sergi Páres’. La insistencia y la pesadez del Reus le decidió. Se tomó su tiempo pero acabó aceptando. En realidad, Domínguez acude a tierra de paz, a un lugar sin urgencias institucionales ni históricas. Un hábitat ideal para crecer. Para reencontrar aquel nivel que le situó en el escaparate.No ha tardado demasiado en hallar un hueco en el once.

Garai le ve como franquicia. Como tipo para asumir responsabilidades en tiempos de sospechas. Ante Osasuna, en un primer tiempo repleto de personalidad, gritó al Estadi el rendimiento que realmente puede ofrecer. Seguramente precisa todavía del puntito físico que le permita encontrar la plenitud. Seis fechas y una pretemporada corta para él todavía no le alcanzan. Eso sí, las señales que transmite se arropan a la esperanza.

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