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La afición se harta

La novena derrota en el Nou Estadi reducen a un 1 la distancia con el descenso. El equipo ha perdido todas las buenas sensaciones que trajo Nano Rivas

Jaume Aparicio

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PERE FERRÉ

PERE FERRÉ

El nastiquismo está harto. Harto de ver a su equipo perder en el Nou Estadi por novena vez esta temporada. Harto de jugadores que no rinden y que tampoco se esfuerzan en ocultarlo. Harto de verse otra vez a un punto del descenso. Harto de imaginarse un final agónico como el de la temporada pasada. De momento los números a estas alturas de la temporada son calcados. 33 puntos. Repetir para creer.

Hartos de la fragilidad defensiva del Gimnàstic. Una línea que hace dos días daba muestras de seguridad, dejando su portería a cero en dos jornadas consecutivas, y que en las tres últimas jornadas ha encajado cinco goles.

¿Dónde ha quedado la contundencia que exhibieron ante el Cádiz y el Albacete? Zaragoza, Barça B y Tenerife han logrado perforar la portería grana con excesiva facilidad. Sin grandes elaboraciones. En los cinco goles los defensores tarraconenses se mostraron intimidados. Reculando hacia los dominios de Dimitrievski. Concediendo espacio y tiempo a los jugadores contrarios para rematarlos. 

Hartos de que la garra y el carácter dure, como mucho, media hora. Hasta que el rival mete un susto. 30 minutos contra el Zaragoza y 10 minutos ante el Tenerife. A esos 40 minutos en total se reduce el espíritu guerrero del equipo. Sí, 40 minutos excelsos, pero que no han servido ni para sumar un punto.

Hartos de la falta de creatividad en la medular. Cuando las luces se apagan nadie asoma con una linterna para alumbrar el camino hacia el interruptor. Maikel Mesa lo intentó, pero su partido ante sus paisanos fue mediocre. Tejera no fue el Tejera que conoce Tarragona. Ese centrocampista implicado que miraba hacia el frente y empujaba a sus compañeros a seguirle ciegamente. Su intervención fue confusa. Ni siquiera cuando fallaba en sus remates se le veía con esa rabia interna que fascinaba a la grada.
Hartos de que los extremos se empeñen en encarar y no apuesten por centrar. Sobre todo porque en el área espera uno de los mejores (sino el mejor) rematador de la categoría. Manu Barreiro trabaja a destajo pero lejos de su coto de caza. Únicamente Kakabadze entiende el potencial de su compañero. 
Hartos de las lesiones. 36 llevan en total esta temporada. Un caso digno de estudio. El mercado de invierno trajo a la plantilla un salto significativo. Víctor Vázquez, Javi Márquez, Matilla, Dumitru, Arzo, Pleguezuelo y Fali iban a impulsar al equipo hacia posiciones más cómodos. E incluso soñaban con marcarse retos más ambiciosos.

Pero las lesiones, de las que solo se han salvado Fali y Pleguezuelo, los últimos en llegar (también los que estaban jugando en sus respectivos equipos), han hecho que Nano Rivas tuviera que emplear a casi los mismos jugadores de la primera vuelta. 

Ante el Tenerife únicamente Fali acabó el partido. Arzo no salió del banquillo, Pleguezuelo fue sustituido y el resto de fichajes están en la enfermería. 
Hartos de los árbitros. Sin ser responsables de la situación, las actuaciones arbitrales han sido más perjudiciales que beneficiosas. Diez penaltis en contra y sólo dos a favor es el balance actual además de otras decisiones nocivas para el Gimnàstic. Frente al Tenerife al colegiado asturiano Areces Franco se le ‘pasó’ un penalti sobre Manu Barreiro y una expulsión clara de Aveldaño por un agarrón a Jean Luc. Su criterio respecto a las amarillas fue dispar. Permisiva con los visitantes y estricto con los locales.

Hartos de ver como un grupo de animación rival se instala en su Tribuna, mientras los suyos resisten a la lluvia. Harto de ver cómo todos los rivales se marchan de su estadio revitalizados. 

Hartos de que equipos incapaces de sumar a domicilio salden sus deudas como visitantes en tierras tarraconenses. 

Si algo tiene la hinchada del Gimnàstic es tenacidad y resiliencia. El nastiquer confía en que la semana que viene será mejor. Se aferra a lo poco positivo que ven. Como las lágrimas de Fali, la valentía de Kakabadze, la insistencia de Mesa y el sacrificio de Barreiro. Ellos encarnan el optimismo de una afición cansada del sufrimiento cruel.

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