Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Lluís Pitarch, el hockey como Máster vital

Hockey. Desde hace tres años reside en Isère (Francia) donde aprende el idioma y ejerce como entrenador de la cantera y como jugador del modesto HC Voiron

Marc Libiano

Whatsapp
Foto: Cedida

Foto: Cedida

Isère es un departamento francés casi fronterizo con Suiza, en la zona de los Alpes, donde el hockey ha encontrado un hueco pequeñísimo dentro de la actualidad deportiva del país. En ese lugar más bien desconocido habita el HC Voiron, el club modesto de la ciudad, que trabaja con escasos recursos, aunque con un entusiasmo desmesurado. En ese cobijo intenta implantar su pasión por el hockey Lluís Pitarch (Reus, 1993). Desde hace tres años ejerce como entrenador principal de la cantera y como jugador del primer equipo. El Voiron, a pesar de su humildad, cuenta con más de 100 niños en sus categorías inferiores. Pitarch les diseña el plan de trabajo semanal y supervisa cada jornada de entrenamiento al dedillo. Su vida en Francia no sólo le enriquece a nivel deportivo, también a nivel humano. Cursa un auténtico Máster de supervivencia.

Apareció por Isère gracias al contacto que consiguió a través de un compañero de equipo en Catalunya. Lluís había jugado en el Vila-seca y el Riudoms y, una vez finalizó la carrera de Geografía tomó la decisión de cambiar de aires. Las salidas laborales en Reus andaban escasas y acudir a la llamada del HC Voiron implicaba aprender un idioma nuevo y resistir a las dificultades de un país distinto. En definitiva, conocerse mejor a sí mismo. En 2017 emigró hacia Francia sin hablar el francés. La voluntad de una profesora personal en ofrecerle ayuda le ha permitido relacionarse mejor con los más cercanos y poder vivir con normalidad en Isère. Incluso se ha estabilizado a nivel profesional.

Concretamente labora en un instituto como asistente de educación. El cargo implica acompañar a los alumnos en todas sus necesidades, ejercer de intermediario entre ellos y los padres y, tres días a la semana, estar al lado de los internados del centro. Otra faceta que ha logrado descubrir, la de educador. El hockey, para él, se ha convertido en una puerta abierta hacia un mundo repleto de posibilidades. 

Un club humilde
El HC Voiron no escapa de la humildad de cualquier club amateur. Sí dispone de la ayuda económica de la administración, una diferencia, por ejemplo, con respecto a Catalunya. Las entidades francesas disponen de dinero para ofrecer a sus jóvenes el material deportivo y así puedan empezar a practicar el hockey sin gastos extremados. Muchas veces abren sus entrenamientos para captar a los chicos y chicas. «Es otro tipo de cultura con respecto a este hecho. Les dejan probar y si les gusta se quedan y si no, pues no pasa nada», admite Pitarch. 

La pista de juego en la que se expresa la entidad a nivel general se relaciona mucho con su modestia. Apenas dispone de vallas reglamentarias para la práctica del hockey, algo habitual en muchos equipos de este nivel. «Cuesta mucho ponerlas y sacarlas y normalmente lo hacemos solo para los partidos. En algunos otros pabellones ni tienen para los partidos», refleja el protagonista, que sigue actuando como jugador en el primer equipo del Voiron, formado por jugadores veteranos más él. Milita en la categoría Nacional 3, una división regional en la que compiten seis o siete clubs.

El futuro de este hockísta de vocación pasa por regresar a la capital del Baix Camp el próximo año, una vez cumplida esa experiencia necesaria para completar su época de formación. Criado en el barrio de Mare Molas, su día a día en Francia se limita al piso de alquiler donde reside, el trabajo y el hockey, que le consume muchísimo tiempo de ocio. Los objetivos personales de esta aventura se han cumplido con creces. «Me ha ayudado a crecer a nivel personal, así que me encuentro muy satisfecho. Además el hecho de tener que realizar las tareas de entrenador de cantera también me ha obligado a formarme, a preguntar y a escuchar mucho», sostiene el reusense, que disfruta de sus últimos meses en ese rincón francés casi indetectable.

Temas

Comentarios

Lea También