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Ni fiesta, ni gloria

Reus y Nàstic se reparten el botín (1-1) en un derbi de alternativas que deja conforme a los dos equipos. Shaq, en propia puerta, y Linares, los goleadores

Marc Libiano

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Shaq Moore y Javi Márquez pelean por una pelota. Foto: Alfredo González

Shaq Moore y Javi Márquez pelean por una pelota. Foto: Alfredo González

Suelen proclamar los gurús del fútbol aquello de «si no puedes ganar, no pierdas». El punto que sube a la nómina de méritos dispone de un valor más emocional que otra cosa, pero a veces conforma hasta a los más ambiciosos. Probablemente lo pensaron Reus y Nàstic en todos sus estamentos en el desenlace, cuando la fatiga no permite abusos y el corazón va a un millón de pulsaciones por segundo. Esta vez el gran derbi careció de gloria por fiestas. Fue un chuletón sin sal. Un partido de mucho ruido y pocas nueces. Muy de la época, en septiembre, todavía con la nostalgia de las vacaciones.

Uche, en todo caso, desafió al sistema nervioso del personal cuando corrió un balón muerto a la espalda de Mikel, especialmente nervioso. El atacante le ganó esa pequeña partida psicológica al central, pero en la definición fue menos Uche que nunca. Salió la pelota cruzada, en exceso. Si Uche se ha distinguido por un registro hasta el momento, éste se relaciona con su calidad de remate. Dentro del área es un terremoto, lejos de ella parece que pasea.

Alfredo González

Uche encendió el estado de euforia. El Reus entendió el mensaje y también decidió desbocarse. Segundos después, Shaq apareció por el área sin que nadie le invitara. Utilizó la sorpresa para llegar de segunda línea a un servicio al punto de penalti de Borja Herrera. Cabeceó el americano, pero la respuesta de Becerra resultó majestuosa. La escupió y alivió al Nàstic. Shaq estrenó foco en el once y acabó como el mejor rojinegro sobre el césped. Dispone de una aerolínea en su cuerpo. Es un volcán cuando se despliega.

Por aquel entonces, el juego ya había definido roles. El Reus quería la pelota, el Nàstic esperaba y, de vez en cuando, gestionaba la presión para morder. Una estrategia a los 20 minutos modificó el escenario y el ánimo. Márquez ejecutó un córner desde el costado zurdo y Albentosa cabeceó poderoso. Se medio despistó Mikel y perdió la marca. Shaq intentó desviar la dirección del cuero, pero éste ya había decidido su destino, la red de Badia. Las imágenes más aritméticas sitúan a Uche en situación de orsay. Imposible observarlo al instante. Nadie pidió explicaciones. El segundo gol que el Reus recibe a balón parado en casa. Ahí aparece el primer agujero.

Alba Mariné

El Nàstic creció hasta sentirse dueño. Llevó el partido hacia el lugar que había imaginado su entrenador en la pizarra. Provocó que el Reus padeciera incomodidad en la salida de la pelota hasta cometer errores impropios en las entregas. Anduvo muy quisquilloso. No encontró el feeling con el juego posicional y en cada disputa, en las segundas jugadas, sufría el músculo de su enemigo.

Dos ocasiones, una para cada bando, finiquitaron el primer acto. Fran no dio con la tecla en un remate muy suyo, en el barro, medio cayéndose, con la pelota mordida por varios cuerpos imponentes. Quedó liberado ante Becerra, pero acomodó mal el golpeo. El arquero le achicó el espacio con una salida gigante. Al mismo nivel que la estirada de Badia poco después. Tete le amenazó con un disparo sutil desde la corona. Le pelota le botó al frente, pero Edgar anduvo seguro. No tembló para enviarla a la esquina.

Alba Mariné

Reacción rojinegra
Los síntomas que ofrecía el Reus invitaban al desasosiego, pero el equipo dispuso de una personalidad terrible para persistir en su idea. No cambió su hoja de ruta, a pesar incluso de que algunos hinchas suplicaban a Badia que lanzara en largo cuando éste prefería combinar en corto. El Reus ha elegido este camino, guste o no. Y sobrevivió. Ayudó mucho el empate de Linares. Nació la acción precisamente de una cadena de paredes en la que participaron Planas, Shaq y Mario. El cachorro Planas envió la pelota con escuadra y cartabón al movimiento de Linares. Miguel inauguró su apetito de ariete con un remate de primeras, a media altura, limpio. Imposible para Becerra. Sólo se habían consumido cinco minutos del nuevo tiempo.

Alfredo González

Linares rozó el MVP con otro tiro con aroma a gol que lamió la cruceta. Shaq, de nuevo en una de sus aventuras fascinantes, le había habilitado. En la última aparición del lateral yankee, su disparo fue un regalo para los vecinos del barrio Sol i Vista. Y eso que Shaq había generado el desequilibrio para la sentencia. A pesar de los colmillos y la mejoría reusense, el Nàstic jamás se descompuso, no abandonó el orden y resistió. Para poco más dio el derbi, que quedó huérfano de dueño y de gloria.

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