Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Más de Deportes

Para chuparse los dedos (CF Reus 2 - 0 Huracán)

El CF Reus supera a Huracán con una actuación repleta de seguridad en el día señalado. Los de Natxo González certifican el éxito con dos transiciones que definen Edgar Hernández y Óscar Rico en el primer tiempo
Whatsapp
El rojinegro Óscar Rico dedica su gol de ayer chupándose un dedo. Detrás, sus compañeros lo festejan. Foto: Alba Mariné

El rojinegro Óscar Rico dedica su gol de ayer chupándose un dedo. Detrás, sus compañeros lo festejan. Foto: Alba Mariné

 

Colorado recogió un balón sin dueño en media cancha y dibujó una transición maravillosa. En lugar de provocar el vértigo más confuso optó por la pausa. Aguantó la pelota mientras andaba perseguido por rivales. Esa presión no le agobió. Su calma le permitió descargar en la izquierda en el momento preciso. Lo hizo todo con un sentido milimétrico. Por el costado emergió Miguel Marín. Intenso, repleto de energía. Marín pensó a mil pulsaciones por segundo. Eligió con criterio. Renunció a la aventura individual y con un toque de magisterio habilitó a Edgar Hernández. El delantero le marcó el movimiento al espacio con la mirada repleta de sangre. Olía a gol. Su momento había llegado.
Edgar definió con delicadeza. Ayudó el error del arquero rival. Paco se precipitó en la salida. Edgar no cayó en la trampa. Sólo necesitó dos toques para alcanzar la gloria. El primero, para dejar atrás a Paco. El segundo, para concretar. Con destreza. Con el librillo del mejor delantero centro. Ese gol premió la paciencia del Reus, que hasta entonces se había refugiado  en el juego posicional. Cogió poco la pelota y eso le obligó a ser más riguroso que nunca. El 1-0 le desató. Rearmado de autoestima. 
Ese contragolpe, a los 21 minutos, resumió el escenario del primer parcial. Huracán exigió mucho. Dispone de un talento individual diferencial en varias posiciones. Quiso ser protagonista cuando no se le esperaba en esa pose en la previa. Disfrutó del manejo de la pelota, pero curiosamente se fue al respiro muy castigado. Sufrió cuando le atacaron los espacios. En eso dio un curso el Reus, maduro para escoger lo que el partido le pedía en cada momento. Sin la posesión necesitaba encontrar transiciones y efectividad. Lo hizo. Dominó varios papeles en un mismo guión. Por eso ganó.
Edgar pudo completar una actuación convincente justo después del 1-0. Disparó desde dentro del área, pero le salió un remate mordido. Acabó solucionando el problema Paco con una parada poco estética. No importó. Edgar no se convierte en definitivo solamente por su relación con el gol. También por lo que es capaz de generar con su trabajo sin balón. Se mueve como nadie en las guerras de guerrillas. Crea histeria en sus defensores.
Rico y su talento
El Reus penalizó a Huracán con otro ejercicio de puntería demoledor. En esta ocasión gracias a una obra de arte que fabricó Óscar Rico. En otra salida fulgurante que diseñó Miguel Marín. Su despliegue alcanzó los tres cuartos de cancha y necesitó tomar una decisión. Fue inteligente. Levantó la cabeza y le cambió el sentido a la acción. La pelota cayó en los pies de Rico, en la derecha y con espacio. Su maniobra, de nivel superior. Rico recortó hacia adentro y se perfiló para golpear con esa deliciosa zurda. Su ojo clínico le pidió que colocara aquel balón ajustado a la madera derecha. Dicho y hecho. Golazo para el paladar más fino. Para los románticos de siempre. Rico es capaz de plantar árboles donde sólo hay cemento. Se trata de un futbolista demasiado lujoso para la categoría en la que compite.
Ni siquiera la comodidad del botín impidió el paradón de cada domingo de Edgar Badia. Con el respiro amenazando, Amarilla le remató en boca de gol. El arquero rojinegro exhibió de nuevo ese poder de reacción supersónico. Su mano, abajo, le encumbró por enésima vez.
Con la ventaja y la seguridad que transmitía su comportamiento, el Reus gestionó con categoría el segundo tiempo. Combinó cuando lo precisó. Corrió cuando apareció el campo abierto. Huracán necesitaba riesgo y eso provoca desorden. Lo entendieron los chicos de Natxo. Se agigantó la figura de Folch. Donde nace el fútbol. El canterano lleva a la máxima expresión lo que le enseñaron de chico. Es un especialista en el ‘tocar y moverse’. Ofrece continuas soluciones. 
Folch pudo anotar el tercero a los 55 minutos. Se incorporó de segunda línea y pisó el corazón del área. Marín, inmenso en sus apariciones, le mandó un dulce. El remate de primeras se estrelló en Paco. Disfrutaba el Reus como hace tiempo que no lo hacía. También los hinchas, presos del entusiasmo que desprendía el equipo.
En otra transición, ya con Huracán desalmado, Edgar se disfrazó de Rey Mago para regalarle el gol de Colorado. Entró llorando la pelota, pero sólo el colegiado interpretó que el de Jerez andaba inhabilitado. Colorado fue ayer una especie de mediapunta disfrazado de ‘falso nueve’. Sin ataduras tácticas ni excesivas obligaciones. Si algo le distingue es su facilidad para la asociación, pero tiene algo que le hace especial. Se llama gol. Un tesoro añadido de inmenso valor. Como el éxito ante Huracán. Para chuparse los dedos.

Colorado recogió un balón sin dueño en media cancha y dibujó una transición maravillosa. En lugar de provocar el vértigo más confuso optó por la pausa. Aguantó la pelota mientras andaba perseguido por rivales. Esa presión no le agobió. Su calma le permitió descargar en la izquierda en el momento preciso. Lo hizo todo con un sentido milimétrico. Por el costado emergió Miguel Marín. Intenso, repleto de energía. Marín pensó a mil pulsaciones por segundo. Eligió con criterio. Renunció a la aventura individual y con un toque de magisterio habilitó a Edgar Hernández. El delantero le marcó el movimiento al espacio con la mirada repleta de sangre. Olía a gol. Su momento había llegado.

Edgar definió con delicadeza. Ayudó el error del arquero rival. Paco se precipitó en la salida. Edgar no cayó en la trampa. Sólo necesitó dos toques para alcanzar la gloria. El primero, para dejar atrás a Paco. El segundo, para concretar. Con destreza. Con el librillo del mejor delantero centro. Ese gol premió la paciencia del Reus, que hasta entonces se había refugiado en el juego posicional. Cogió poco la pelota y eso le obligó a ser más riguroso que nunca. El 1-0 le desató. Rearmado de autoestima.

Ese contragolpe, a los 21 minutos, resumió el escenario del primer parcial. Huracán exigió mucho. Dispone de un talento individual diferencial en varias posiciones. Quiso ser protagonista cuando no se le esperaba en esa pose en la previa. Disfrutó del manejo de la pelota, pero curiosamente se fue al respiro muy castigado. Sufrió cuando le atacaron los espacios. En eso dio un curso el Reus, maduro para escoger lo que el partido le pedía en cada momento. Sin la posesión necesitaba encontrar transiciones y efectividad. Lo hizo. Dominó varios papeles en un mismo guión. Por eso ganó.

Edgar pudo completar una actuación convincente justo después del 1-0. Disparó desde dentro del área, pero le salió un remate mordido. Acabó solucionando el problema Paco con una parada poco estética. No importó. Edgar no se convierte en definitivo solamente por su relación con el gol. También por lo que es capaz de generar con su trabajo sin balón. Se mueve como nadie en las guerras de guerrillas. Crea histeria en sus defensores.

 

Rico y su talento

El Reus penalizó a Huracán con otro ejercicio de puntería demoledor. En esta ocasión gracias a una obra de arte que fabricó Óscar Rico. En otra salida fulgurante que diseñó Miguel Marín. Su despliegue alcanzó los tres cuartos de cancha y necesitó tomar una decisión. Fue inteligente. Levantó la cabeza y le cambió el sentido a la acción. La pelota cayó en los pies de Rico, en la derecha y con espacio. Su maniobra, de nivel superior. Rico recortó hacia adentro y se perfiló para golpear con esa deliciosa zurda. Su ojo clínico le pidió que colocara aquel balón ajustado a la madera derecha. Dicho y hecho. Golazo para el paladar más fino. Para los románticos de siempre. Rico es capaz de plantar árboles donde sólo hay cemento. Se trata de un futbolista demasiado lujoso para la categoría en la que compite.

Ni siquiera la comodidad del botín impidió el paradón de cada domingo de Edgar Badia. Con el respiro amenazando, Amarilla le remató en boca de gol. El arquero rojinegro exhibió de nuevo ese poder de reacción supersónico. Su mano, abajo, le encumbró por enésima vez.

Con la ventaja y la seguridad que transmitía su comportamiento, el Reus gestionó con categoría el segundo tiempo. Combinó cuando lo precisó. Corrió cuando apareció el campo abierto. Huracán necesitaba riesgo y eso provoca desorden. Lo entendieron los chicos de Natxo. Se agigantó la figura de Folch. Donde nace el fútbol. El canterano lleva a la máxima expresión lo que le enseñaron de chico. Es un especialista en el ‘tocar y moverse’. Ofrece continuas soluciones.

Folch pudo anotar el tercero a los 55 minutos. Se incorporó de segunda línea y pisó el corazón del área. Marín, inmenso en sus apariciones, le mandó un dulce. El remate de primeras se estrelló en Paco. Disfrutaba el Reus como hace tiempo que no lo hacía. También los hinchas, presos del entusiasmo que desprendía el equipo.

En otra transición, ya con Huracán desalmado, Edgar se disfrazó de Rey Mago para regalarle el gol de Colorado. Entró llorando la pelota, pero sólo el colegiado interpretó que el de Jerez andaba inhabilitado. Colorado fue ayer una especie de mediapunta disfrazado de ‘falso nueve’. Sin ataduras tácticas ni excesivas obligaciones. Le distingue su facilidad para la asociación, pero tiene algo que le hace especial. Se llama gol. Un tesoro añadido de inmenso valor. Como el éxito ante Huracán. Para chuparse los dedos.

 

Temas

  • DEPORTES

Comentarios

Lea También