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Que no cunda el pánico

El Nàstic solo ha sumado tres puntos y la afición se impacienta, pero la liga es muy larga y el equipo ha dado síntomas de mejora

Jaume Aparicio López

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Foto: Nàstic

Foto: Nàstic

Muchos seguidores granas, por no decir la mayoría, habrán omitido la clásica mirada de los lunes a la tabla clasificatoria. Aunque a estas alturas sea una mísera viñeta en la larga historieta de Segunda división, verse en la parte baja es incómodo. Esos tres únicos puntos sumados en las cuatro primeras jornadas de campeonato dan para ocupar la 18ª posición. Fuera del descenso y poco más.

Un campo fértil para los agoreros, los negativos y los que ya apuntan a Segunda B el curso que viene. Estos, nunca faltan a su cita. Pero la realidad es que esto no ha hecho más que empezar. El Nàstic no ha arrancado de la mejor manera, cierto, pero si hay una competición que permite altibajos, dada la igualdad reinante, es la Liga 123. Tres puntos separan a los granas del play-off. Una victoria. Solo una.

El campeonato de plata dura diez meses. No se lleva ni uno. Tiempo de caerse y levantarse unas cuantas veces. El Leganés, por poner un ejemplo, sumaba cuatro puntos en la cuarta fecha de la competición pasada. Acabó segundo y hoy juega en Primera. Los mismos puntos tenía el Girona, finalista ante Osasuna del play-off de ascenso a Primera. Como repitió Vicente Moreno en varias ocasiones el año pasado «ni se sube ni se baja en septiembre».

Un Nàstic mejorado

En Alcorcón, además, se disiparon algunas dudas. El equipo ofreció una versión bastante mejorada. Si la pésima primera parte del Lugo se situa en un extremo, el excelente primer tiempo de Alcorcón sería el otro. Fue un Nàstic reconocible al cien por cien. Ayudó que ocho de los once futbolistas de partida ya estaban en la plantilla el año pasado. Se vio a un equipo predispuesto al protagonismo, incisivo y peligroso. La victoria se le escapó por la falta de acierto en los metros finales.

Destacó el cuarto de máquinas. Vicente Moreno pudo, por fin, contar con sus tres mejores mediocentros. Cordero, Sergio Tejera y Madinda, los tres futbolistas llamados a turnarse en la dirección del timón, no habían podido coincidir aún sobre el terreno de juego. La lesión del barcelonés le dejó fuera del equipo durante dos jornadas (Huesca y Levante). A Madinda, el seleccionador de Gabón, Jorge Costa, se lo llevó durante casi siete días para dos amistosos. Y Cordero fichó con la temporada ya en curso. Un resumen perfecto de los problemas que ha tenido el técnico del Nàstic para confeccionar el once de cada partido pero que quedaron aparcados el domingo.

En Santo Domingo de Alcorcón Sergio, Levy y Miguel Ángel se lucieron. Retrataron la fluidez del equipo grana. Se movieron acorde con las consignas tácticas y aplicaron el talento en los instantes adecuados. Su actuación fue excelente. Cocinaron un juego rápido, inteligente y preciso repartiéndose las tareas en función del perfil que representa cada uno.

El mediocentro africano fue el equilibrio. El más táctico de los tres cumplió con el juego posicional. Empujó al ataque con el primer pase creativo y atemperó los contragolpes alfareros con una colocación minuciosa. Iba siempre por delante de los rivales. Si tocaba dar un paso al frente para ayudar a la presión, ahí aparecía Madinda para colaborar con sus compañeros. Si era el momento de replegar, Levy era el primero en recuperar la posición para contener el juego ofensivo del Alcorcón.

Tejera fue el más liberado. Actuó junto a Madinda en labores defensivas, pero con la figura del gabonés como fiel guardaespaldas, el mediocentro barcelonés se permitió adelantar su posición. Hizo conducciones más largas, con tiempo para levantar la cabeza y distinguir los movimientos en la zona decisiva.

El ‘enganche’ fue Miguel Ángel Cordero. Fundó una asociación lucrativa con Àlex López, listo para recibir de cara los balones que el calafellense ganaba de espaldas. Juntos formaron la primera línea de presión para dificultar la salida de balón del conjunto de Cosmin Contra.

A la hora de juego, la gasolina empezó a escasear. Madinda acusó los viajes y los partidos internacionales. Cordero y Tejera aguantaron el tipo, en un doble pivote que mantuvo la posesión. El tanto del Alcorcón permitió a los locales apretar filas y cerrar espacios. Uche y Stephane Emanà, a la desesperada, salieron para encontrar o inventar los pasillos inexistentes. Ni uno ni otro los encontraron en Santo Domingo.

La mejoría en el juego alivió la rabia por la derrota. Hay evolución. Un dato para aferrarse y confiar en que llega el buen tiempo.

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