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Querol coge la bandera

El delantero rescata un punto para el Reus con un gol salvador en el último minuto (1-1). El Numancia disfruta de las mejores ocasiones pero perdona

Marc Libiano

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Alfredo González

Alfredo González

David Querol cogió la bandera del Reus para elevarla y reclamar vida y esperanza. Simboliza el escudo porque siente el club, se ha criado en él y ante el peligro del abismo reclama respeto y la luz a sus dirigentes. La exige porque dispone de poder para ello. Su compromiso con la causa se encuentra fuera de duda. El simbolismo de Querol va mucho más allá de su calidad como futbolista. Puede gustar más o menos, pero es la identidad de un equipo que ha convertido los domingos en auténticos actos de heroicidad.

El Reus se ha acostumbrado a caminar sobre un alfiler. Así se encuentra el plantel, totalmente mermado de efectivos y argumentos, pero existe un rasgo en el fútbol y en la vida que se llama orgullo. De eso anda sobrado el Reus. Sus actores defienden, como Querol, la existencia del club hasta las últimas consecuencias. Así ocurrió de nuevo ante el Numancia, en un sábado disperso del Reus.

En el minuto final, con el Estadi en pie agotando los últimos gritos de aliento, la pelota alcanzó tres cuartos de cancha. En realidad cayó mordida a los pies de Mario. De un mal disparo del centrocampista salió un jardín de rosas. Enri no controló, más bien el balón colisionó con sus pies, ya en el corazón del área. La carambola tomó destino a Querol, que transformó la paranoia en un gol maravilloso y decisivo. Ejecutó sin avisar, con su pierna diestra. Directo al ángulo de Juan Carlos. Hitchcock no hubiera imaginado jamás un guión tan idílico.

Probablemente no fue la mejor obra de reparto de David Querol, que anduvo quisquilloso, a veces desesperado, pero recogió el premio a su fidelidad con una culminación que enloqueció a los hinchas, que le han declarado icono e hijo predilecto. No han podido nombrarle todavía patrimonio de la humanidad.

El Reus se sujetó con su emocionante espíritu de supervivencia a un partido en el que había perdido el chance. Nunca le perdió la cara. En la primera acción, el guardián visitante Derick no cometió delito de milagro. Rozó el autogol en la primera aventura por el carril zurdo de Borja, extraordinariamente mejorado. Noticia crucial para el Reus. El Numancia halló el gol con cierta fortuna y creció. Alain vio el movimiento de Guillermo para teledirigirle una pelota deliciosa. Catena sí se la coló en propia meta. No hubo espacio para que Pol reaccionara. El Reus visitaba de nuevo la dificultad. Tampoco es noticia. Desde agosto convive con ella.

Ante la ausencia inoportuna de Linares, Bartolo incorporó a Juan Domínguez en el once, después de un mes alejado del fútbol. El gallego enseñó brotes del jugador que realmente es, a pesar de que algún sector discutió su entrega. El Reus no puede permitirse perderle. Ni por su precaria realidad ni porque le costará encontrar un futbolista de su calidad en el mercado.

El Numancia controló el juego con combinaciones eternas y con una ventaja que le ofrecía confort y confianza. Se trata, la de Garai, de una propuesta alejada de la cultura soriana, más acostumbrada el fútbol arcaico que al combinativo. Toca y toca el Numancia, pero le cuesta acabar el fruto que genera. Yeboah golpeó ajustado al poste al borde del respiro.

Bartolo modificó el dibujo para regresar al punto de partida. El 4-3-3. Aprovechó los 15 minutos de asueto para cambiarle el aire al equipo, que mejoró en el segundo tiempo. Recuperó la pelota y no perdió la fe. Escaseó la profundidad, aunque el Reus también conoce ese problema. No dispone de materia prima suficiente para modificar escenarios. Va con lo que tiene y como puede. Esa es su gran conquista.

Guillermo perdonó dos remates definitivos para el Numancia. Es un delantero exquisito en el juego sin balón. Sus movimientos abren caminos y dan soluciones. Sus remates, en cambio, carecen de instinto caníbal. Seguramente Guillermo de acordará de esas dos finalizaciones ante Pol. Ni siquiera encontraron los tres palos.

La osadía juvenil de Enri y Planas definitivamente agitaron al Reus en el cuarto de hora de la verdad. Alfred mandó un derechazo venenoso al palo largo. La escupió a córner Juan Carlos. Ni siquiera el Reus optó por la rendición cuando el partido moría. Fue entonces cuando de una pócima inesperada surgió la gloria. La firmó David Querol, que se abrazó a los Redblacks y suplicó a Oliver acabar con el martirio emocional de los últimos meses. El reusense cogió la bandera de su Reus.

Ficha Técnica.

CF Reus. Pol Freixanet; Ángel Bastos, Catena, Olmo, Borja Herrera; Ortiz, Juan Domínguez (Planas, min. 71), Gus Ledes; Ricardo Vaz, Querol y Carbonell  (Rubén Enri, min. 83).

Numancia. Juan Carlos; Medina, Pichu Atienza, Derik, Ganea (Nacho, min. 85); Diamanka, Escassi, Fran Villalba; Yeboah (Marc Mateu, min. 63), Guillermo (Jordi Sánchez, min. 73) y Oyarzun.

Goles.  0-1: Catena (p.p.), min.22. 1-1: Querol, min.90.

Árbitro. Ocón Arraiz. Mostró tarjeta amarilla a Ricardo Vaz, Gus Ledes, Querol y Ortiz, por parte local; y a Escassi, Yeboah, Fran Villalba y Jordi Sánchez, por el lado visitante.

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