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¡Sí se puede! (Nàstic 2 Numancia 0)

Cordero y Tejera dan la victoria al Nàstic frente al Numancia. Los grana dejan el farolillo rojo y se colocan a dos puntos de la salvación

Jaume Aparicio López

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Momento previo al gol de Tejera.

Momento previo al gol de Tejera.

El Nàstic ya no es colista. El equipo de Juan Merino deja atrás nueve semanas consecutivas de farolillo rojo –en total lo ha sido en 20 ocasiones– con una victoria ante el Numancia que renueva las ilusiones de salvar la categoría.

Fue un partido extraño. Los grana empezaron con fuerza, perdieron fuelle al cuarto de hora y se salvaron de irse al descanso por detrás en el marcador.

El gol de Cordero nada más reanudarse el partido abrió un nuevo escenario en el que los locales se sintieron cómodos. La rabia y el sentimiento rebelde de Sergio Tejera sentenció la victoria con el 2-0.

El centrocampista de Nou Barris correspondió a la única petición de cualquier aficionado futbolero. Que sus jugadores expresen vigor en la derrota. Que renuncien a darse por vencidos y empujen con todas sus fuerzas para evitar el naufragio. Desde la actitud ejemplar de Tejera se empezó a cambiar un futuro que ya no se ve tan negro.

La plantilla grana tenía el objetivo de plasmar ante el Numancia las buenas sensaciones que les había dejado, a nivel interno, los últimos partidos en el Nou Estadi. Una impresión muy diferente de la que tenía la afición. A la grada no le había convencido esa tímida superioridad frente al conservadurismo tacaño de los adversarios. Seguramente porque el tiempo de las sensaciones, pura palabrería, hace tiempo que se ha acabado. Es hora de los resultados.

Si el Nàstic quiere salir de la situación debe mostrarse como un equipo arrollador. Someter a sus rivales durante los 90 minutos y avasallarlos. Demostrar con hechos que se resiste a perder la categoría. Que les pesa ese escudo que lucen y que le quieren proteger como merece. Superando al contrario en todas las facetas posibles. Comenzando por la intensidad. Un entusiasmo de salida que se reflejó en el césped durante los primeros quince minutos.

Fue un cuarto de hora en el que el balón se movió rápido y la movilidad coral generó expectativas positivas a los seguidores. Los hombres de Merino superaban fácilmente a sus rivales con buenas triangulaciones que partían de una alegre disposición táctica. Un 3-5-2 (o 5-3-2, abierto a interpretaciones) con la que los pupilos de Juan Merino desplegaron velas y arremetieron contra la meta de Aitor Fernández.

Pero el vigor inicial fue apagándose a medida que el juego se empobrecía y los movimientos grupales caían irremediablemente en el ritmo desganado del Numancia. Jagoba Arrasate ordenó a los suyos un cierre de filas. El control del balón local se hizo apático y los futbolistas grana no encontraron tan fácilmente los canales para amenazar el área soriana.

Esta vez, Merino no cometió la insensatez de dejar a Achille Emaná en el banquillo. El camerunés formó una sociedad fructífera con Tejera. Se buscaban constantemente, conscientes de que concentraban toda la capacidad creativa ofensiva del equipo. Podría decirse que la única opción de ver una jugada con cara y ojos. Sus acompañantes en ataque (Cordero, Lobato y Juan Delgado) estorbaban más que ayudaban.

Emana regaló una de sus virguerias. Un chispazo de genio imposible de encontrar en ningún otro futbolista de Segunda. Exhibió magia, potencia y definición. El africano acarició el balón en la recepción con un toque sutil para superar al defensor con un sombrero de ‘copa’. Con la potencia de sus piernas superó a otro rival que a punto estuvo de derribarle. Pudo ser penalti, pero Achille quería coronar la acción con el gol. Digno del Óscar al mejor tanto de la jornada. Premio que Aitor Fernández le privó con un despeje sutil.

Luismi fue la apuesta de Merino para suplir al lesionado Bruno Perone en el centro de la retaguardia. Jugó a caballo ganador. Podría poner al andaluz de delantero centro que igualmente sería una elección acertada. Su inteligencia táctica le da para cumplir en cualquier situación. Completó una actuación sublime. Estuvo brillante de zaguero. Adelantándose a sus rivales y cerrando filas con precisión quirúrgica. Aún mejoró sus prestaciones en el medio centro. Luismi está malacostumbrando al Nou Estadi. Pocas veces disfrutará de un jugador tan completo como el de Puerto Serrano.

El Numancia fue creciendo sin posesión. Concedió al Nàstic el dominio del esférico para acobardarle con zarpazos en transiciones.

La defensa grana hacía agua por el flanco derecho. Suzuki no podía contener solo las llegadas de Marc Mateo y Ripa. El cuadro soriano detectó el punto débil tarraconense y lo explotó. La suerte fue que Pablo Valcarce desperdició las tres ocasiones claras de que dispuso.

El fútbol es impredecible y lo volvió a demostrar cuando Lobato y Cordero, dos futbolistas que causaban desesperación en la grada, fueron los protagonistas de la jugada del 1-0. Centro de Lobato y cabezazo a la red de Cordero.

El conjunto de Juan Merino encajó a la perfección en el nuevo escenario. Interpretó la estirada de líneas del Numancia. El entrenador grana acomodó la zaga con Djetei que permitió a Luismi recuperar su demarcación habitual. Se preparaba para sufrir un acoso que no existió. El trabajo defensivo resultó efectivo. Igual que el contragolpe que pudo sentenciar el duelo, pero el travesaño repelió el latigazo de Cordero.

El Nàstic defendió con intensidad y garra. Dos valores que adoptaron la imagen de Sergio Tejera. El más tarraconense y grana del partido. Tiró de rabia para rebañar un balón al cierre numantino y correr hacia portería con las ideas bien claras. Pisó área y soltó un zapatazo que superó al meta visitante.

Una victoria no hace verano, pero sí anuncia tiempos mejores. El equipo ya no es colista, pero si quiere mantener esa esperanza insuflada este sábado deberá ganar en Zaragoza, donde tendrá una de esas oportunidades para dejar atrás la pesadilla de las posiciones de descenso.

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