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Sin vergüenza (Sevilla Atlético 1-0 Nàstic)

El Nàstic cae ante un colista ya descendido y con tres juveniles en el once inicial. Otro partido lamentable en actitud y juego

Juanfran Moreno

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Javi Jiménez disputa un balón en la Ciudad Deportiva del Sevilla. Foto: Sevilla Atlético

Javi Jiménez disputa un balón en la Ciudad Deportiva del Sevilla. Foto: Sevilla Atlético

De verdad que a uno se le acaban las palabras para describir la situación actual del Nàstic. Da la sensación de que el barco se hunde y no hay nadie que haga algo para evitarlo. Cuando hasta un filial descendido te gana en intensidad poco más hay que decir. Porque no es tiempo de acuarelas sino de machetes, pero el conjunto grana ataca con espadas de goma y los rivales con adamantio. Y eso que no se juegan nada.

Desde la sala de prensa y la zona mixta las palabras siempre son las mismas, hay que seguir creyendo hasta el final. Yo planteo una pregunta, ¿en qué vamos a creer? Este Nàstic ha perdido la confianza de sus hinchas de manera totalmente merecida. No hay a dónde agarrarse. Porque futbolísticamente el equipo es incapaz de proponer algo y en intensidad es un conjunto que deja mucho que desear. Ayer, el Sevilla Atlético parecía un conjunto con opciones de salvarse y el cuadro grana un equipo situado en la zona tranquila de la tabla. Nada más lejos de la realidad, están jugando con el sentimiento de una hinchada que nunca les ha dejado de lado, pero parece que eso les da igual. 

Un juvenil del Sevilla salió desde el banquillo para acabar de hundir al Nàstic. Fue en una contra fulgurante que sorprendió a una defensa grana totalmente desfigurada. Merecido y más que merecido. Los goles se buscan no se encuentran. Ayer solo hubo un equipo que fue a por el tanto. Y señores, no fueron los de Nano Rivas. Especular cuando te juegas la vida. Ni yendo por detrás en el marcador dieron atisbos de reacción. Qué no pidan más el apoyo de la afición por favor. Al menos estos jugadores y en esta temporada. 

El técnico de Ciudad Real apostó por un giro táctico en toda regla. Defensa de tres. Algo que ya utilizó frente al Albacete con un devenir repleto de sonrisas. Y eso que los planes se le trastocaron en el calentamiento, cuando Arzo sintió molestias y en su lugar entró Javi Jiménez. 

La intención era evidente, quería un partido en el que la solidez defensiva reinará. En ataque era cuestión de ser extremadamente contundente, como aquel púgil que no necesita de muchos golpes para acabar llevándose el combate por KO. Para ello, el juego ofensivo seguía una batuta clara, el juego directo iba a ser intencionado en todo momento. 
Y no funcionó porque el Nàstic no supo en ninguna fase de la primera mitad como hacerle daño al filial hispalense. La medular no funcionaba y los balones directos no generaban dudas en la retaguardia sevillana. Ante ese contexto, los hombres de Tevenet se fueron creciendo con y sin balón. De hecho, tuvieron dos claras ocasiones para adelantarse en el marcador. Fueron en dos centros laterales que generaron vértigo en la defensa grana. En la primera ocasión Xavi Molina sacó en boca de gol y en la segunda Dimi despejó un cabezazo que iba destinado a derramar lágrimas entre los aficionados tarraconenses.

En medio de la niebla, el Nàstic tuvo dos momentos de lucidez. El primero fue en una jugada trenzada en la trinchera entre Uche y Mesa que finalizó con una volea tensa a media altura del tinerfeño que sacó de puños Juan Soriano. No iba a ser la ocasión más clara del Nàstic en los primeros cuarenta y cinco minutos porque Dumitru iba a estrellar un balón en el palo tras un balón filtrado por Tejera en una falta en el centro del campo. Solo el infortunio impidió que el conjunto grana se pusiera por delante en el marcador. Eso sí, no hubiese sido del todo justo porque en esa partido reinaba el cero a cero y lo hacía con un merecimiento absoluto.

Si alguien esperaba un cambión de guion en la segunda mitad, incrédulo de él porque el Nàstic siguió sin saber cómo meterle mano a un filial hispalense que daba la sensación de jugarse más que los granas. Increíble, pero cierto. Ante ese contexto, Nano Rivas buscó la reacción con un cambio táctico desde el banquillo. Tete Morente entraba por Kakabadze. Seguía la defensa de cinco, pero con carrilero derecho mucho más incisivo. 

Lejos de cambiar la dinámica todo empeoró. Era cuestión de tiempo. Lara, recién entrado al campo, montó un contrataque en medio del desconcierto para batir a Dimi con una sutil definición. Seamos sinceros, era justo. 

El resto de partido un quiero, o no vete tú a saber, y no puedo. Solo Mesa pudo empatar, pero Soriano volvió a estar brillante. El Nàstic cayó y la Segunda B acecha. Ellos (los futbolistas) se irán, el Nàstic seguirá, pero descendido. 

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