Un Nàstic indigno cae ante el Zaragoza

El Nàstic cae ante el Zaragoza (3-0) en un partido sonrojante de los granas. La salvación a nueve puntos y con solo 10 jornadas por delante

Juanfran Moreno

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El Zaragoza celebra uno de los tantos conseguidos ante el Nàstic. Foto: Zaragoza

El Zaragoza celebra uno de los tantos conseguidos ante el Nàstic. Foto: Zaragoza

“Un caramelo envenenado”. Así definía uno de los medios aragoneses con más prestigio al Nàstic en la previa del partido ante el conjunto maño. Colista, pero reflejando mejores sensaciones en las últimas semanas. Eso querían reflejar con esa comparación. Sin embargo, ese caramelo no tenía nada de veneno. Si me apuran, tenía un extra de azúcar que un león malherido llamado Zaragoza devoró. Lo hizo en una primera parte en la que practicó un fútbol pragmático alejado del virtuosismo. Un fútbol que no le vale para ganar a la mayoría de equipos de la categoría, pero que le sobra para hacerlo con el Nàstic así están las cosas.

Bastaron 20 minutos en La Romareda para ver que el cuento de un renovado Nàstic que Enrique Martín había vendido en la previa del partido solo eran palabras vacías. Lo que es fútbol poco. Y así, semana tras semana. El Nàstic comparece en los escenarios contrarios con un complejos desquiciantes. Se siente inferior antes que el árbitro pite el inicio. Eso los rivales lo intuyen y por ello le acaban hincando el diente. A veces más tarde, como el día ante el Oviedo. A veces no hace falta esperar tanto, como ayer en La Romareda.

El conjunto dirigido por el técnico navarro es un equipo sin gol, que no genera juego y que no defiende bien. Hay que recalcar esto. Porque se presuponía que el Nàstic de Enrique Martín iba a ser un conjunto sólido, pero no lo ha sido nunca del todo. Mejoró respecto a la primera vuelta en las últimas semanas, pero ayer dio una exhibición defensiva en el sentido negativo de la palabra.

Luego en ataque ni hablemos. Resulta cuanto menos curioso que el equipo de la categoría con menos gol (17 tantos reales en lo que va de temporada) salte al terreno de juego con un delantero y cinco centrocampistas, cuatro de ellos de corte defensivo. Podría ser normal, sí, pero el contexto del Nàstic no pide eso. Pide valentía. Pide salir a buscar y no esperar. Más que nada, porque un punto y nada es lo mismo. La salvación es una quimera y cada jornada que pasa más. Enrique Martín tomó esta decisión cuando introdujo a Brugui en el once sacrificando a José Kanté. Un enganche, que siempre ha jugado de carrilero izquierdo con el técnico navarro, por una referencia ofensiva. El mensaje no era precisamente ofensivo. La realidad sobre el campo tampoco lo fue.

Fueron dos los golpes certeros del conjunto maño en los primeros 20 minutos. El primero en el minuto 3. Un córner que no encontró despeje en el área grana y que Verdasca acabó castigando con un disparo entre un mar de piernas que terminó con el cuero en el fondo de la red. El segundo en el minuto 16 con un disparo desde la frontal de un Pep Biel que tuvo tiempo para conducir, vislumbrar y disparar. Curioso, un esquema con cinco centrocampistas y que la zona medular esté descubierta.

Antes del descanso, el Zaragoza terminó de engullir al Nàstic. Delmás llegó y sorprendió con toda la libertad del mundo en esa autopista hacia el cielo rival que suele ser el carril izquierdo grana en los últimos meses. 3-0 en una versión correcta de los maños. La Romareda debía andar sorprendida, pero luego en el descanso aprovecharía para mirar la clasificación y ya no tanto.

En la segunda mitad, Enrique Martín dio entrada a Kanté por Thioune. Delantero por mediocentro. En otras palabras, reconoció con hechos que la apuesta inicial había sido fallida. Sin embargo, ya era demasiado tarde. El estropicio estaba más que constatado.

Tampoco mejoró el Nàstic en los segundos 45 minutos. Es más la mayoría de sus jugadores dieron síntomas de dejarse ir y eso no se debe permitir. El conjunto grana irá último, estará deshauciado y quizás la mayoría de ellos no sean máximos responsables de todo lo que está sucediendo porque muchos llegaron en el mercado invernal, pero deben tener claro que el escudo de la camiseta del Nàstic vale por lo menos lo mismo que los otros que han defendido con anterioridad en su carreras. Quizás Luis Suárez se lo deba explicar, y eso que llegó este verano. 

Por lo menos, el resultado no fue tan duro como la imagen del equipo. Colista, virtualmente descendido y sin dignidad. 

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