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    La familia de Tarragona en la que el voleibol es el deporte rey

    Laura y Júlia Aguiló Travé son hermanas y militan en el Club Voleibol Sant Pere i Sant Pau. Allí se conocieron sus padres, ahora exjugadores: Álex Aguiló y Beatriz Travé

    30 septiembre 2023 16:33 | Actualizado a 30 septiembre 2023 20:59
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    Los apellidos Aguiló y Travé son conocidos y queridos en el Pavelló de Sant Pere i Sant Pau. Álex Aguiló y Beatriz Travé son dos de los nombres más destacados del Club Voleibol SPiSP. Allí jugaron y se conocieron. Después, se casaron y tuvieron dos hijas: Laura y Júlia, quienes, años después, han seguido sus pasos y ya militan en el primer equipo.

    Álex, brasileño de nacimiento –ya que su padre, mallorquín, se fue a Brasil por trabajo, y su madre, tarraconense, emigró exiliada por la Guerra Civil– y considerado por muchos como el mejor jugador de la historia del SPiSP, llegó a principios de los 90 y fue uno de los artífices del ascenso a la máxima categoría española.

    Beatriz, nacida en Reus, llegó en 1991, en la que fue una de las primeras plantillas femeninas de la historia del club. Provenía de la sección de voleibol del Club Natació Reus Ploms.

    «Se conocieron aquí: los diferentes equipos del club socializan mucho», expone Júlia, nacida en 2004, tres años más tarde que su hermana Laura. El voleibol siempre ha estado presente en sus vidas: «Desde muy pequeñas, ya veíamos entrenar a nuestros padres», recuerdan. Les mostramos una fotografía publicada en el Diari del 18 de septiembre de 2006. Aparecen ambas junto a su padre, en un homenaje que el club le había preparado: «La tenemos enmarcada y la hemos replicado ya de mayores; es muy curioso porque, de fondo, aparece el que sería uno de nuestros entrenadores en el futuro, lo que demuestra que todo es como una gran familia», comentan.

    «En Corea del Sur, la liga es diferente, aunque no les guste el deporte, la afición llena pabellones»

    Pocos años después de aquella imagen, empezó su camino en el voleibol: Júlia se inició en el Club Voleibol Salou con apenas siete años: «He de reconocer que, al principio, no quería, pero unas amigas mías se apuntaron y me animaron», recuerda. «Ahora, soy yo la única que sigue», añade entre risas. Estuvo doce temporadas en el Salou, donde, pese a ser más joven que la mayoría, subía en muchas ocasiones a ayudar al primer equipo. A mitad de la temporada pasada, se unió al SPiSP.

    El caso de Laura fue similar: «Empecé [también en el Salou] con doce años, junto a unas amigas mías del instituto, y vi que era un deporte con muchísimo compromiso y que me motivaba». Debuta esta temporada con el conjunto cooperativista tras estar un año ‘alejada’ de las pistas por un erasmus en Corea del Sur. «Allí, entrené algunos días, organizan una especie de amistosos para todo aquel que quiera apuntarse», explica Laura. «La liga profesional es muy diferente; aunque a la gente no le guste el deporte, la afición llena los pabellones», explica.

    Para ellas, resulta apasionante militar en las filas del club en el que sus padres desarrollaron parte de su carrera: «Vimos que SPiSP presentaba un proyecto muy estimulante y que conocíamos a muchas de nuestras compañeras; de hecho, la madre de una de ellas ya jugó con la nuestra», comentan.

    Y es que cuentan que, en el voleibol, la que hoy es rival, mañana puede ser compañera, y el que ayer fue líder del equipo, hoy puede ser familia tuya. Literalmente, además, ya que el padrino de Laura es el mítico Gustavo ‘Gus’ Saucedo, leyenda de SPiSP.

    Visibilizar el deporte femenino

    «Ha costado mucho que el voleibol se abra a los equipos femeninos», comenta Júlia. Ambas celebran la visibilidad que está adquiriendo el deporte femenino en los últimos tiempos, pero creen que aún queda mucho camino por recorrer: «Falta que haya más difusión porque, si no, este deporte siempre se quedará entre unos pocos», reclama Laura.

    «Algo que admiramos de nuestros padres es que nunca nos hemos sentido presionadas»

    Ellas ya han tenido modelos femeninos a seguir, su madre, Beatriz, la primera: «Cuando empezamos, nos daba lecciones tácticas en casa, en una pizarrita», narran. Fueron fijándose en otras voleibolistas destacadas, como Majo Corral y Alba Sánchez.

    Comentan que, en Francia –país en el que Álex reside actualmente y al que se desplazó para ejercer de entrenador–, tuvieron la oportunidad de conocer a jugadoras profesionales de élite de la primera categoría francesa: «Aprendes simplemente con verlas», apunta Laura.

    ¿Presión?

    Todas esas experiencias las han transformado en aprendizaje. Bajo las órdenes del técnico Eduardo Sánchez, el sénior de SPiSP peleará este curso por ascender de la máxima categoría catalana hasta la Primera División Nacional, el tercer nivel estatal.

    «Algo que admiramos de nuestros padres es que nunca nos hemos sentido presionadas; siempre han sido los primeros en aconsejarnos tanto técnicamente como mentalmente», remarcan.

    Y es que compaginar la vida deportiva con la académica y la social requiere de una gran capacidad de constancia. Son entrenamientos tres tardes a la semana y partidos cada sábado o domingo: «Muchas veces hemos querido salir con amigas y no hemos podido, pero el deporte tiene esta parte de sacrificio y, para nosotras, es una forma de desconectar del estrés. Nos duele mucho perdernos un entrenamiento y, al final, también aparece esa parte competitiva que todo deportista tiene», exponen.

    El camino de Laura Aguiló Travé y Júlia Aguiló Travé sigue la estela del que iniciaron sus padres, Álex Aguiló y Beatriz Travé, hace ya unos treinta años. Todo queda en familia. La familia en la que el voleibol es el deporte rey.

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