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Ecosistemas: Desafío total

Las pruebas son abrumadoras, el cambio climático ha llegado para quedarse y no hacemos casi nada…bueno si, refugiarnos del sol abrasador, meter en pleno mes de octubre el aire acondicionado, culpar a no sé quién que el río Ebre parezca una laguna y regar, regar, regar todo lo que se pueda para que no mueran los árboles de sed.
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El río Ebre a su paso por Tortosa, víctima de la sequía. Foto: joan revillas

El río Ebre a su paso por Tortosa, víctima de la sequía. Foto: joan revillas

‘Más de la mitad de Galicia, en alerta por sequía tras el año más seco de su historia’. Y es una zona que todos vinculamos a la lluvia, niebla y un paisaje verde y frondoso. Les pongo otro titular de la semana pasada, ‘El cambio climático pone en riesgo el suministro de agua en el 63% de las ciudades del mundo’. Y aún hay más,  ‘Sidney y Melbourne alcanzarán (dentro de varios años) temperaturas de 50 grados’. Son tres titulares publicados este tórrido mes de octubre. 
Salgo a la calle a atender una llamada y el sol me quema la piel. #Estápasando, que dicen ahora

Las pruebas son abrumadoras, el cambio climático ha llegado para quedarse y no hacemos casi nada…bueno si, refugiarnos del sol abrasador, meter en pleno mes de octubre el aire acondicionado, culpar a no sé quién que el río Ebre parezca una laguna y regar, regar, regar todo lo que se pueda para que no mueran los árboles de sed.

No es ciencia ficción, me temo que dentro de 20 años o unos pocos más sufriremos las mismas escenas que los colonos residentes en el planeta Marte de la película ‘Desafío total’, de pegadiza banda sonora y protagonizada por el musculitos Arnold Schwarzenegger. 

Aquellas imágenes donde los humanos vivían encerrados en una pequeña ciudad alimentada gracias a  un viciado aire artificial  y estaba precintada del exterior ya que más allá del recinto la vida era imposible a causa de las altísimas temperaturas y los gases tóxicos. 

¿Triste, no? Pues si no ponemos remedio, ahí vamos, más tarde que temprano en las zonas más pobladas del planeta.Nos queda la esperanza que los humanos empiecen a comprar a toda prisa vehículos eléctricos, como mínimo híbridos, y que, claro está, políticos y empresas se pongan a la faena suministrando suficientes puntos de recarga para convertir en viable la alternativa a la gasolina. 

Eso ayudaría, como también lo haría el dominio  de las energías limpias, frente al uso de carbón, fuel y otros combustibles altamente contaminantes. 
Pero tampoco hay que albergar muchas esperanzas a corto plazo, una vez que la lenta pero implacable maquinaria del cambio climático se pone en marcha retroceder al punto de partida es harto difícil. Ya se, me dirán que soy pesadamente pesimista, pero eso tiene el otoño.

Hace unos años, de viaje por China y  no tantos por Japón, me quedaba estupefacto observando la cantidad de gente -especialmente mujeres- que se paseaban con el rostro cubierto con una mascarilla, de aquellas que se utilizan en los hospitales. Se protegían del aire. Visto desde un pueblecito de las Terres de l’Ebre, increíble.

No se cómo habrá evolucionado el asunto, pero no descarto -ignoro si se ha inventado- que en un tiempo veamos  en sus calles humanos paseándose con mascarillas de oxígeno. ¿Se imaginan?  

Con la mascarilla a cuestas pero, eso sí, hiperconectados con el mundo, metidos en múltiples redes sociales y atentos a las más insignificante noticia que suceda a miles de kilómetros. Ciegos, vaya.

El calor de 50 grados previsto en Sidney tiene poco arreglo, quizás el usos bienintencionado de los paraguas o, más fácil, la opción de vivir las 24 horas del día en espacios cerrados con aire acondicionado -casa, coche, metro, oficina, restaurante, centro comercial-.

El desastre también beneficiará a algunos, indirectamente. En Rusia, por ejemplo, agradecerán el aumento global de las temperaturas, que convertirá en habitables y placenteras extensas zonas del país. Presumo que las compañías de agua embotellada se están haciendo de oro en todo el mundo, lo mismo que empresas eléctricas.

En fin, nos queda el argumento del exconseller ecosocialista de Medi Ambient, Francesc Baltasar, cuando en 2008  admitió que había pedido a la ‘Moreneta’ que lloviera en Cataluña para poner fin a la sequía extrema que padecía la comunidad autónoma. A los que tengan fe, ya saben. En caso contrario, continúen con el aire acondicionado...o actúen. 

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